La primera bienaventurada

«Es muy significativo que la primera bienaventuranza que aparece en el Evangelio dehoy sea precisamente un elogio a la fe de la Madre de Dios»

«San Juan Pablo II propuso una profunda meditación sobre la fe de María en la encíclica que le dedicó, titulada Redemptoris Mater»

«María es elogiada por su fe y lo es precisamente por su actitud en el momento en que le es revelada su misión»

«‘¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?’ (Lc 1,43). Esta expresión de humildad de Isabel, creo que debería ser también la de los creyentes en nuestro país

«Queridos hermanos y hermanas, los obispos auxiliares Sergi, Antoni y Javier, y un servidor, os deseamos una feliz y santa Navidad»

17.12.2021

En este cuarto domingo de Adviento, ya a las puertas de la Navidad, la liturgia es prácticamente una fiesta mariana. La fiesta llega en las palabras de Isabel a María: «Bienaventurada la que ha creído» (Lc 1,45a). Es muy significativo que la primera bienaventuranza que aparece en el Evangelio de hoy sea precisamente un elogio a la fe de la Madre de Dios.

San Juan Pablo II propuso una profunda meditación sobre la fe de María en la encíclica que le dedicó, titulada Redemptoris Mater, «la Madre del Redentor», publicada en 1987, en la solemnidad de la Anunciación del Señor.

María es elogiada por su fe y lo es precisamente por su actitud en el momento en que le es revelada su misión. Así, María respondió a Dios «[…] con todo su “yo” humano, femenino, y en esa respuesta de fe estaban contenidas una cooperación perfecta con “la gracia de Dios” […], y una disponibilidad perfecta a la acción del Espíritu Santo, que “perfecciona constantemente la fe por medio de sus dones”» (RM 13). Acogiendo el mensaje del ángel, María se convertirá en «la Madre del Señor» y en ella se realizará el misterio divino de la Encarnación del Hijo de Dios.

San Juan Pablo II comparaba la fe de María con la fe de Abraham, llamado justamente «nuestro padre en la fe»: «En la economía salvífica de la revelación divina, la fe de Abraham constituye el comienzo de la Antigua Alianza; la fe de María en la Anunciación da comienzo a la Nueva Alianza» (RM 14).

El Santo Padre dedicaba toda la segunda parte de su carta a la Virgen María, presente en el centro de la Iglesia peregrina. Nos decía: «Precisamente en este camino —peregrinación eclesial— a través del espacio y del tiempo, y más aún a través de la historia de las almas, María está presente, como la que es “feliz porque ha creído”, como la que avanzaba “en la peregrinación de la fe”, participando como ninguna otra criatura en el misterio de Cristo.» (RM 25)

La Asunción de María
La Asunción de María

«¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?» (Lc 1,43). Esta expresión de humildad de Isabel, creo que debería ser también la de los creyentes en nuestro país. También nosotros hemos sido visitados por Santa María a lo largo de los tiempos, la tenemos muy cerca de nosotros. La veneramos con muchas advocaciones en numerosos santuarios, iglesias y ermitas. En la pasada solemnidad de la Inmaculada Concepción, pudimos constatar un signo actual de la presencia de María en nuestra tierra con la inauguración de la torre-cimborrio de la Virgen en la basílica de la Sagrada Familia, preludio de la esperada culminación de la torre-cimborrio dedicada a Jesucristo, prevista para 2026. María siempre nos lleva a Jesús

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