El legado de Rutilio (12)

El asesinato de Rutilio y compañeros

 Las Tres Cruces (lugar del asesinato)

El primer día de la novena de San José, el 11 de marzo, estuvo cargado de oscuros presentimientos por los insistentes rumores de amenazas contra Rutilio. Los vecinos del pueblo llevaron a la casa cural de Aguilares los rumores que escuchaban en el mercado y en la calle. Rutilio no daba crédito a los rumores, sin embargo bien sabía que podían matarlo.Así se lo confió en varias ocasiones al P. Jaime Vega-Fajardo, con quien había coincidido en la comunidad del Colegio Externado. Según el testimonio de Vega-Fajardo, Rutilio le hablaba con frecuencia de ello.

Repetidas veces me dijo que él podía acabar ametrallado, que por aquellos andurriales en cualquier momento lo podían matar…

En efecto, desde ese conocimiento íntimo, Vera-Fajardo dejó el siguiente testimonio sobre las causas de su muerte:

Para mi, Rutilio ha muerto por predicar el Evangelio verdadero valientemente; no se le pudo mezclar en política, no tenía enemigos fuea de los que se tienen cuando se predica el Evangelio; era equilibrado, enemigo de la violencia, dedicado a los demás, excelente desde el punto de vista religioso, preocupado con la evangelización…la Evangelii Nuntiandi le había impactado poderosamente y me comentó en repetidas veces el tesoro que había encerrado en esa carta del Papa…

La primera Misa del novenario de San José, el 11 de marzo, fue la última que Rutilio celebró en El Paisnal. En la homilía, exhortó a tener fe y a no desfallecer, les recordó que la Biblia no esra para tenerla guardada “en el cofre”, sino para leerla y estudiarla, y les recomendó cuidarse mucho y cuidar a San José. La impresión general que causaron sus palabras, según una persona presente, era la de una despedida.

Un poco antes de las cinco de la tarde, Rutilio acompañado de su fiel guardián Manuel Solórzano, un anciano de 72 años, se dirigió a El Paisnal para celebrar la novena de San José. A la salida de Aguilares recogieron a Nelson Rutilio Lemus, de 15 años, que ese día había ido a Aguilares a llevar una carga de leña a su madrina. Un poco más adelante, junto a la vía del tren, Rutilio se detuvo a recoger a otros tres niños que también se dirigían a El Paisnal y que se sentaron en los asientos posteriores.

Pasado el cantón Los Mangos, los niños aseguran haber visto a varios hombres armados apostados a orillas del cañal, dos o tres a cada lado de la carretera. Uno de ellos era Benito Estrada. También había otro vehículo detrás de ellos, un picop que les había seguido desde Aguilares.

En el momento que Benito Estrada dio la señal, una lluvia de balas ametrallaba el vehículo, que salió de la calle volcado sobre el lado izquierdo con el motor encendido y las ruedas girando. Sin volverse a mirar hacia atrás, Rutilio dijo en voz baja: “Debemos hacer lo que Dios quiere”…Manuel intentó proteger al P. Rutilio pues su cuerpo estaba encima de él, Nelsan había reciibido un tiro en la frente y Rutilio doce disparos, casi todos de muerte. Los tres niños de atrás daban gritos aterrorizados. Benito Estrada les ordenó salir amenazándoles de muerte y ellos salieron corriendo hasta El Paisnal. Uno de ellos al llegar a casa sofocado y sin aliento gritó: “Mamá, mamá, tío Benito ha matado al P. Tilo. El fue el que señaló y disparó también…nosotros hemos corrido porque nos conoció y nos quería matar”.

Algunos fueron a Aguilares a avisar a la parroquia y al juzgado. En la casa solo estaba Carranza, pues Marcelino se encontraba en un cantón de El Paisnal. Se había cansado de esperar a Rutilio y se había ido adelante, así se libró de que le mataran también.

Los cadáveres fueron llevados a la parroquia donde fueron colocados en el corredor de la casa cural. Al llegar el P. César Jerez, dio órdenes que fueran colocados en el templo, tal como estaban, para que la gente constatara cómo habían sido asesinados y para después tener la Misa de cuerpos presentes…

Al conocer la sucedido la radio YSAX del Arzobispado difundió la noticia que se corrió rápidamente por todo el valle, cantones y pueblos cercanos que fueron llegando a Aguilares…llenando el templo y lugares aledaños.

Mientras una docena de sacerdotes se revestía para comenzar la Misa llegó Mons. Romero, quien aceptó presidir la Eucaristía junto con Mons. Rivera. En la homilía el P. Jerez habló de la misión del jesuíta, tal como la había definido la éltima Congegación General de la Compañía de Jesús: servir la fe y promover la justicia. Rutilio había sido fiel a esa misión y por eso lo habían matado. Había caído junto a un campesino anciano, que había nacido y vivido bajo un régimen de opresión e injusticia, y junto a un joven campesino, que había esperado una vida mejor. Los tres habían muerto por causa de la fe. Los habían matado cuando se dirigían a celebrar la Eucaristía.

Después tomó la palabra Mons. Romero. La Misa , muy larga y sentida, duró cerca de dos horas,hasta la media noche

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