Entrevista al Superior Carmelitas Descalzos

Miguel Márquez: «Sueño con una Iglesia que no tiene todas las respuestas y que se deja evangelizar» 

Miguel Márquez, superior general de los carmelitas descalzos

 «El reto es vivir el presente con la actitud valiente y humilde de Teresa de Jesús y de los santos del Carmelo, que fueron una respuesta oportuna para tiempos difíciles» 

«Somos 3.862 frailes. 187 novicios. Y 21 obispos, en el mundo. Monjas carmelitas descalzas son 10.030 y Carmelitas Seglares 28.824. La Orden decrece en Europa, como el resto de las viejas Órdenes; se mantiene en América Latina, y crece de forma importante en África y en Asia (muy especialmente en la India)» 

«Creo que necesitamos hacer un ejercicio de aprendizaje humilde de lo que significa la Sinodalidad, para escucharnos con más verdad y hondura, aprendiendo a creer en la verdad que cada persona lleva, desprendiéndonos de nuestro afán de poseer la verdad» 

«Más que posible, es necesario y urgente, que todos, pastores, laicos, religiosos y religiosas, movimientos, y grupos de todo tipo, iniciemos un camino de discernimiento de nuestros modos y maneras de vivirnos» 

» Seguimos los pastores escuchando insuficientemente y traduciendo poco en rumbos nuevos, el sentir de muchos o de algunos que quieren soñar» 

«No hay que perderle la cara a los que parecen estar muy en contra de la Iglesia, ni hay que retirarse a los rincones de protección. Creo que el lugar de la Iglesia siempre ha estado en los espacios de la polémica o en los que nadie quería mancharse» 

«Una Iglesia que no juega al poder, y que tiene mucho más poder y fuerza cuando es humilde y verdadera, y sirve, sin pedir nada a cambio. Una Iglesia enamorada de Jesús» 

21.11.2021 Jesús Bastante 

«Me defino como un hombre en camino, peregrino, aprendiz, agradecido, descalzo, auscultador de la vida que quiere nacer, buscador de la verdad que no poseo, escuchador de lo que late dentro de las personas, de las cosas y, sobre todo, de Dios. Soy un nómada de Dios. Tengo sed». Así habla de sí mismo Miguel Márquez, nuevo superior general de los carmelitas descalzos. 

Márquez, que no esperaba el nombramiento (de hecho, estaba en ‘año sabático’) nos habla de sus sueños y de los de la congregación, del momento actual de la Iglesia, española y romana, y de los retos que plantea la sinodalidad. Y del Papa: «Me ha pedido que escuche, que discierna, que entregue la vida. Que, aunque sean tiempos de crisis, crea que son tiempos llenos de belleza y oportunos para no echarse atrás, ni acobardarse». Hablamos con él. 

-¿Esperabas este nombramiento? Tengo entendido que estabas casi en un tiempo sabático… 
 
-Había oído algunos rumores, que nunca llegas a creerte del todo, pero, por si acaso, te preparas con oración y confianza, de que fuera lo que Dios quisiera. Eso pido siempre. No mi deseo. 

Estaba en un tiempo de mayor tranquilidad que los once años anteriores, en los que había sido provincial (superior mayor) de la Provincia de Castilla primero (seis años) y de la Provincia Ibérica, después (cinco años). Llevaba un año y algo, haciendo vida ordinaria de comunidad sin ningún cargo de responsabilidad, viviendo la fraternidad, la oración y también el estudio, primero en Dublín (seis meses) y luego en Tenerife unos cuatro meses. Un verdadero tiempo de gracia y de descanso. Dejándome arropar y bendecir por la gente. Tiempo de servir en una tarea sencilla y de colaboración en la parroquia y la comunidad. 

-¿Qué supone para ti y para la congregación? 

-Para mí supone un desafío enorme, igual que para la Orden de los Carmelitas; y es que cada capítulo y el nombramiento de un nuevo gobierno general es siempre un comenzar de nuevo, reavivando el deseo de ser lo que Dios quiere de nosotros y lo que ahora la Iglesia y la sociedad necesita. El reto es vivir el presente con la actitud valiente y humilde de Teresa de Jesús y de los santos del Carmelo, que fueron una respuesta oportuna para tiempos difíciles. 

-¿Qué te ha pedido el Papa Francisco? 

-Me ha pedido que escuche, que discierna, que entregue la vida. Que, aunque sean tiempos de crisis, crea que son tiempos llenos de belleza y oportunos para no echarse atrás, ni acobardarse. Que tenga cuidado con la ‘mundanidad espiritual’. Con aquello que, bajo color de espiritualidad, es espíritu mundano (ambición, superficialidad, autorreferencialidad, egocentrismo, comodidad, etc.). Nos ha pedido no perder el sentido del humor. Y, sobre todo, nos ha bendecido. 

-¿Cuál es la realidad de la congregación, en España y el mundo? 

-En España vivimos un momento de decrecimiento numérico importante, por hablar en primer lugar de lo menos importante (el número), que nos conecta con la principal riqueza del Carmelo de todos los tiempos, la fe en la potencialidad de la precariedad y la humildad, la confianza en que con estos ‘cinco panes y dos peces’ que somos, es posible algo extraordinario en este momento de la historia. 

Somos 3.862 frailes. 187 novicios. Y 21 obispos, en el mundo. Monjas carmelitas descalzas son 10.030 y Carmelitas Seglares 28.824. La Orden decrece en Europa, como el resto de las viejas Órdenes; se mantiene en América Latina, y crece de forma importante en África y en Asia (muy especialmente en la India). 

-¿Cuáles son sus retos de presente y de futuro? 

-Hay cuatro grandes retos: 

La interculturalidad. Potenciar la riqueza de cada región, en comunión y conexión con la Orden en todo el mundo. El sentido de familia, de unidad en la diversidad. Uno de los principales objetivos es crear red de comunicación y de diálogo, de conocimiento y de sentido de pertenencia, que nos ayude a valorar lo propio saliendo de nuestra mirada egocéntrica. Cuando se valora a los demás, se reconoce mejor el valor de lo propio. 

La riqueza del carisma teresiano-carmelitano, leído y asumido en distintos contextos y continentes, asimilado y traducido según el rostro de cada región. Este trabajo de releer a los Santos del Carmelo y traducirlo en lenguaje latinoamericano, africano, asiático, de Oceanía, etc. está por hacer. No repetir simplemente lo que dijeron los místicos del XVI, sino comprender qué nos querían invitar a vivir, participando en lo posible de su experiencia. 

La formación de los jóvenes carmelitas. El discernimiento de las vocaciones que llaman a nuestras puertas y comienzan un proceso de búsqueda de la voluntad de Dios. El proceso formativo durante los años de la formación, que es más un itinerario de asimilación vital, de experiencia, de crecimiento, y no solo una preparación y enriquecimiento intelectual. La formación en los primeros años después de la profesión solemne y de la ordenación, cuando se termina la formación específica y se sale a campo abierto, como joven sacerdote o joven religioso. Estos años son muy importantes y delicados. 

La pastoral juvenil y vocacional. Tenemos el deseo de animar la pastoral conectando las iniciativas que se están llevando a cabo en las distintas regiones del mundo, de modo que haya un enriquecimiento compartido internacional en el campo juvenil. En que los jóvenes sean los principales actores. 

-Estamos a punto de empezar un proceso sinodal nuevo, con -en principio- participación de todos. ¿Es posible una Iglesia realmente sinodal? 

-Me parece que es muy oportuno este proceso que se nos invita a vivir en la Iglesia, a todos los niveles. Creo que necesitamos hacer un ejercicio de aprendizaje humilde de lo que significa la Sinodalidad, para escucharnos con más verdad y hondura, aprendiendo a creer en la verdad que cada persona lleva, desprendiéndonos de nuestro afán de poseer la verdad. En el último discurso a la curia vaticana del Papa Benedicto, el 21 de diciembre de 2021, dijo que no se dialoga para convencer, sino para comprender, y también habló de que no poseemos la verdad, sino que la verdad nos posee a nosotros, porque la Verdad es una persona. La Sinodalidad supone un cambio que supera la autorreferencialidad y nos encamina hacia el alumbramiento de una verdad mayor, construida entre todos, en la escucha del Espíritu. Nos hace falta mucho este espíritu sinodal, que cuida la sana obediencia (ob-audire  escucha honda) y el valor de la riqueza de cada persona y grupo, dejándonos todos discernir, poniéndonos en camino. Esto es valioso para todas las esferas de la sociedad, y nos hace falta de un modo especial a los que tenemos grandes responsabilidades. No ser tan autosuficientes, ni prepotentes. 

-¿Crees que es posible en la Iglesia española? 

-Sin duda, lo creo. Es más, creo que más que posible, es necesario y urgente, que todos, pastores, laicos, religiosos y religiosas, movimientos, y grupos de todo tipo, iniciemos un camino de discernimiento de nuestros modos y maneras de vivirnos, al estilo como Teresa de Jesús imaginaba la comunidad, y la amistad en la Iglesia, para ‘desengañarnos’ en la escucha de la Palabra de Dios y de los signos de nuestro tiempo, en la escucha mutua. A la Iglesia no le viene mal este saberse cuestionada, lo más peligroso para la Iglesia sería creerse incuestionable, la Iglesia se sanea siempre en un camino permanente de renovación y de discernimiento. No solo creo que sea posible, sino que siento que en muchos ámbitos ya ha empezado a darse esta Sinodalidad, aunque de forma tímida. Seguimos los pastores escuchando insuficientemente y traduciendo poco en rumbos nuevos, el sentir de muchos o de algunos que quieren soñar. 
 -La Iglesia española ¿está perseguida en España? -La Iglesia española, europea y en la gran mayoría de países, está cuestionada y en el punto de mira. La Iglesia, cuando ha sido más lúcida, ha sido cuestionada y señalada. Incluso muchos que no se sienten de Iglesia o los que tienen alergia a todo lo eclesiástico o religioso, saben valorar cuando algo es auténtico, gratuito y desinteresado, cuando algo es evangelio. Jesús decía: “Ay de vosotros, cuando todas hablen bien de vosotros”. Creo que en España tenemos miedo a ser criticados o cuestionados. . La Iglesia no brilla cuando se defiende a sí misma, sino cuando defiende una Verdad que tiene un nombre, Jesús. La Iglesia es creíble cuando no utiliza la supuesta persecución para quejarse o para callarse con miedo, sino cuando se entrega y se da sin partidismos y sin dejarse comprar. La Iglesia tiene un papel reconciliador y de sanación de las estructuras sociales, cuando ocupa su lugar y hace lo que mejor sabe: transparentar a Jesús. 

 -¿Con qué Iglesia sueña Miguel Márquez? 

-A mí la imagen de Iglesia me sedujo por lo que aprendí en el ejemplo de madre y de mi padre, en la oración de las carmelitas de las que era monaguillo, y en el viejo cura don Ceferino, que me escuchaba con alegría a pesar de su mucho trabajo. Yo aprendí la Iglesia que amo en mujeres y hombres que vivían su vida sin mirarse a sí mismos, dispuestos siempre a cuidar de los otros y a madrugar para cocinar el alimento que sostiene la vida de otros. Yo sueño con una Iglesia que ora, que hace silencio hondo, que escucha lo que late dentro del mundo, y que se sienta paciente a escuchar el dolor, también de los que están decepcionados de ella, y heridos por ella. Una Iglesia que sabe pedir perdón y que no lo hace por cortesía o por cuidar su imagen. Una Iglesia que no tiene todas las respuestas y que se deja evangelizar. Una Iglesia que no juega al poder, y que tiene mucho más poder y fuerza cuando es humilde y verdadera, y sirve, sin pedir nada a cambio. Una Iglesia enamorada de Jesús. Sueño una Iglesia, como la que sueña el Papa Francisco, la que soñaban el Papa Benedicto, el Papa Juan Pablo II, el Papa Juan Pablo I, y Pablo VI y Juan XXIII. La Iglesia que soñaba Francisco de Asís, y Teresa de Jesús y Carlos de Foucauld, y la Iglesia que soñaba mi madre, que, a fuerza de darse, no sabía que, con su vida entregada, estaba dibujando el mejor sueño. Lo que ella rezaba y lo que ahora siente y ve es la Iglesia que yo sueño. 

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