El legado de Rutilio (13)

Los funerales en Aguilares, en San Salvador y en El Paisnal

El P. Jerez presidió la Misa de las 10 de la mañana del domingo 13 en Aguilares con unos diez sacerdotes. Llegó el secretario de la nunciatura Mons. Baldisseri pidiendo presidirla, pero el P. Jerez le dijo que eso le correspondía a él.

Los féretros permanecieron todo el día en el templo parroquial, abarrotado de campesinos descalzos pobremente vestidos, de señoras con niños en brazos y de jóvenes visiblemente emocionados. La multitud lloraba y cantaba la esperanza y la liberación que Rutilio había representado para ellos. En la noche se conformaron grupos de reflexión para dialogar sobre el significado de la muerte de Rutilio y compañeros. Mientras tanto los mensajes de la YSAX se escuchaban en todas las casas. En la noche llegaron a San Salvador algunos jesuitas de Guatemala para asistir a los funerales del día siguiente en catedral.

En la madrugada del lunes , la multitud se desplazó hacia San Salvador. Los tres coches fúnebres salieron de Aguilares a eso de las 8 de la mañana. La Misa en la catedral fue presidida por Mons. Romero, Mons. Rivera y Mons. Chávez y concelebrada por más de 150 sacerdotes en una catedral abarrotada. El centro de San Salvador se paralizó.

Mons. Romero visiblemente emocionado ante la inmensa multitud y la enorme audiencia que tenía en ese momento a través de la YSAX, dijo que esa mañana, la catedral era un signo de la Iglesia universal:

“Es aquí la convergencia de toda una rica pastoral de una Iglesia particular que engarza con la pastoral de todas las diócesis y de todo el mundo, y sentimos entonces que la presencia no solo de los vivos, sino de estos tres muertos, le dan a esta figura de la Iglesia su perspectiva abierta al Absoluto, al infinito, al más allá: Iglesia universal, Iglesia más allá de la historia, Iglesia más allá de la vida humana…

Si fuera un funeral ordinario, hubiera hablado de unas relaciones humanas y personales con el P. rutilio Grande, a quien siento como un hermano. En momentos culminantes de mi vida, él estuvo muy cerca de mí, y esos gestos jamás se olvidan…

La clave de la vida y la muerte de Rutilio Grande, según Mons. Romero, se encontraba en la Evangelii Nuntiandi, de manera especial en el nº 38 y en el Sínodo de 1974. Según Pablo VI, “la Iglesia no puede estar ausente en esa lucha de liberación” de “tanta miseria” humana. Esa había sido, justamente, la lucha de Rutilio.

“La liberación que el P. Grande predicaba es inspirada por la fe que nos habla de una vida eterna, una fe que ahora él, con su rostro levantado al cielo, acompañado de dos campesinos, la ofrece en su totalidad, en su perfección…es la liberación que se apoya en Cristo, la única fuerza salvadora; esta es la liberación que Rutilio Grande ha predicado y por eso ha vivido el mensaje de la Iglesia”.

Por lo tanto su lucha “por levantar , por dignificar al hombre” fue “una presencia muy original”, porque la llevó a cabo desde la “iluminación de la fe que hace distinguir cualquier liberación de tipo político, económico, terrenal, que pasa más allá de ideologías, de intereses y de cosas que se quedan en la tierra”. Por esa razón, tal como “dice el Papa no puede confundirse con otros movimientos liberadores sin horizontes espirituales. Ante todo, es una inspiración de fe”. Por eso “el mundo no podrá comprender”.

La “motivación de amor” había sido la razón última de la vida y de la muerte de Rutilio

“El amor verdadero es el que trae a Rutilio Grande, en su muerte, con dos campesinos de la mano. Así ama la Iglesia. Muere con ellos y con ellos se presenta a la trascendencia del cielo. Los ama y es significativo que mientras el P. Grande caminaba para su pueblo, a llevar el mensaje de la misa y de la salvación, allí fue donde cayó acribillado. Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo, para identificarse con ellos; no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor”.

Por lo tanto en él no había odio, ni violencia, como habían dicho sus detractores.

“Quienes lo escuchamos, quienes compartimos los ideales del P. Rutilio, sabemos que es incapaz de predicar el odio, que es incapaz de azuzar a la violencia. Quizá por eso Dios lo escogió para este martirio, porque los que le conocimos sabemos que jamás de sus labios salió un llamado a la violencia, al odio, a la venganza”.

Este mensaje de amor no se podía perder, sino que había que darle continuidad. Por lo tanto, Mons. Romero invitó al clero a recoger “esta herencia preciosa” y a construir la unidad alrededor de esa misión. Uno de los frutos de la muerte de Rutilio era, según Mons. Romero, la visible unidad de la Iglesia en catedral.

Finalmente Mons. Romero hizo un llamado a la esperanza:

“Somos una Iglesia peregrina, expuesta a la incomprensión, a la persecución; pero una Iglesia que camina serena porque lleva esa fuerza del amor. Hermanos salvadoreños, cuando en estas encrucijadas de la patria parece que no hay solución y se quisieran buscar medios de violencia, yo les digo, hermanos, bendito sea Dios que en la muerte del P. Rutilio la Iglesia está diciendo que sí hay solución. La solución es el amor, es la fe, la solución es sentir la Iglesia como el círculo donde Dios se quiere encontrar con los hombres”.

Al llegar a El Paisnal, se procedió a dar sepultura a Rutilio y a sus dos compañeros frente al altar del templo. Mientras la gente se retiraba, a eso de las tres de la tarde, un conjunto de guitarras campesinas interpretó varias veces, entre nutridos aplausos, un corrido compuesto en memoria de Rutilio y sus compañeros.

El 19 de marzo, festividad de San José, salieron muy de mañana dos peregrinaciones, una desde Aguilares y otra desde El Paisnal, hacia el sitio donde había tenido lugar el asesinato. Allí plantaron tres cruces donde habían caído Rutilio y los dos que le acompañaban, en medio de cantos, poemas y prédicas sencillas pero profundas.

Después todos se dirigieron a El Paisnal donde Mons. Romero con unos quince sacerdotes celebraron la Eucaristía en la puerta principal que da a la plaza po la inmensa multitud que participaba. Al terminar una fila enorme visitaba las tumbas depositando una gran cantidad de flores y velas.

Se recibieron una enorme cantidad de telegramas y mensajes de condolencia procedentes de todas partes del mundo, así como muchos testimonios de Rutilio.

Uno de esos mensajes fue el del provincial de los jesuitas de Argentina, el P. Jorge Mario Bergoglio, dirigida al P. Jerez:

Quiero -desde hace días- ponerte estas líneas que te lleven mi fraternal saludo y mis sentimientos por los momentos que están viviendo ustedes allí.

Lo de Rutilio aquí nos ha conmovido mucho. Es verdad que el Señor tiene sus caminos… pero a veces son duros. En la Provincia hemos tenido una celebración y, por mi intermedio, todos los hermanos hacen llegar sus sentimientos más profundos.

Un fuerte abrazo, no me olvides en tu oración.

Puedes ver el documental sobre El P. Rutilio Grande en el siguiente link:

http://www.youtube.com/watch?v=IXFRuIVZXoQ

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