El legado de Rutilio (15)

La tumba de Rutilio es una gloria de la Iglesia

 

Una semana antes del primer aniversario, el 5 de marzo de 1978, Mons. Romero visitó El Paisnal para celebrar la eucaristía junto a la tumba de los mártires. Adelantó la conmemoración una semana para evitar malentendidos, ya que aquel domingo 12 de marzo había elecciones de diputados y alcaldes.

“Hemos venido… a la tumba que es cuna también del P. Grande”, explicó Mons. Romero, por varios motivos, porque “sabemos que en él palpita el espíritu del Señor”, porque su “memoria es esperanza para nuestro pueblo”, y para recoger “su ejemplo de entereza, de valor, para que esa voz que quisieron acallar con la violencia no muera, sino que siga siendo el grito de Jesucristo: no temáis a los que solo pueden matar el cuerpo, pero dejan vibrando la palabra y el mensaje del eterno Evangelio”.

El sacerdocio de Rutilio, según Mons. Romero, estaba marcado por dos unciones, la del crisma, el día de su ordenación, y la sangre derramada en el martirio.

“El sacerdote que que aquí recogió su vocación y que fue ungido no solamente con el óleo santo que nos ha ungido a todos los nosotros misnistros del altar, sino que ahora lo veneramos ungido con el aceite del martirio, con su propia sangre, como me pareció aque4lla noche cuando lo vi en la iglesia de Aguilares, tendido, muerto, como el sacerdote se postra en el suelo para ser también ungido, para ser inmortalmente sacerdote se postra en el suelo, para ser allá un mártir, y su misa comenzaba a celebrarse ya en su cielo. Pero había vivido aquí y lo sentíamos tan nuestro”.

Así pues, “tenemos en El Paisnal un jesuita mártir, su tumba es gloria de la Compañía de Jesús y es gloria de la Iglesia”

No obstante, Rutilio, según el parecer de Mons. Romero, había sido arrebatado antes de tiempo, porque “sentimos que debía de peregrinar todavía con nosotros… debía de seguir peregrinandoy haciendo tanto bien; estaba fuerte, estaba joven, podía hacer mucho”, pero “lo Mtó algo que no debía matarlo, el crimen”, por denunciar las obras de la maldad de “los hijos de las tinieblas”.

“Y que duro es revelar, ponerlas en evidencia, predicar que eso es injusticia, predicar los desórdenes, los atropellos, los abusos. Y porque tuvo el valor de desenmascarar tantas cosas, ya se le buscaba para matarle y se le mató”

Había quien el día de su asesinato, se había reído, porque, según él, “Ya comprobamos que el pellejo de los curas es susceptible de balas”. “Rutilio como hombre hubiera muerto hace un año, pero como cristiano no puede morir. Lo ha iluminado a luz inmortal de Cristo” Su predicación no ha sido silenciada.

“Lo que no se esperaban es que la muerte de un cura suscita tempestades, suscita primaveras, como la que ha vivido El Salvador cristiano desde hace un año. Lo que no sabían es que ellos ponían en el surco una semilla que reventaría en grandes cosechas, como decía Cristo: el grano de trigo muere no para quedarse sepultado. No han triunfado sobre él. La cosecha de la persecución ¡cómo ha sido abundante!

Esta abundancia de la cosecha arquidiocesana llevó a Mons. Romero a dar gracias por la vida de Rutilio y sus compañeros y por todos los que con él habían trabajado en la predicación del Evangelio del Reino en la parroquia de Aguilares.

Ojalá, hermanos, que este aniversario nos recuerde el gran compromiso con Cristo que tenemos todos los Bautizados, no solo el P. Grande, y que su ausencia sea un estímulo para seguir siendo fieles a la doctrina de Cristo que creemos y que llevamos por el bautismo

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