Cierre de la Semana de Oración por la Unidad

El clamor ecuménico del Papa: «Caminemos hacia la unidad plena, tengamos el valor de cambiar de camino»

Oración en común ante la tumba de San Pablo
Oración en común ante la tumba de San Pablo

«No nos dejemos deslumbrar por  los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos  en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos»

«Incluso en nuestro camino hacia la unidad podemos estancarnos por la misma razón que  paralizó a aquella gente: la conmoción, el miedo»

«No temamos anteponer al hermano a nuestros miedos, porque  el Señor quiere que confiemos los unos en los otros y que caminemos juntos, a pesar de nuestras  debilidades y nuestros pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas recíprocas»

«Abajarse, dejar, simplificar. Pidamos a Dios en esta  tarde que nos conceda esta valentía, la valentía de la humildad, único camino para llegar a adorar a  Dios en la misma casa y en torno al mismo altar»

Por Jesús Bastante

«Te pedimos Señor que nos concedas el valor de cambiar el camino, de convertirnos, de seguir tu voluntad y no nuestras conveniencias; de ir hacia  adelante juntos, hacia Ti, que con tu Espíritu quieres que todos seamos uno». Cierre de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, con el rezo de Vísperas en San Pablo Extramuros. Junto al Papa, el cardenal Koch, así como representantes del patriarcado ecuménico (el Metropolita Polykarpos), del arzobispo de Canterbury (Ian Ernes) y de otras comunidades cristianas. Ante todos ellos, Francisco clamó: «Acojamos el apremiante deseo de  Jesús, que quiere que todos seamos uno y, con su gracia, caminemos hacia la unidad plena«.  

Recordando el camino de los Magos de Oriente, leit motiv de esta semana, Bergoglio invitó a todos a seguir las tres etapas de su itinerario: «comienza en oriente, pasa por Jerusalén y por último llega a Belén». Los magos salen de Oriente «que es donde sale el sol, pero van en busca de una luz más grande». 

No deslumbrarnos por las estrellas fugaces

Los magos son «sabios que no se conforman con sus conocimientos y sus tradiciones, sino que desean algo más», por eso afrontan «un viaje arriesgado, impulsados por la inquietud de la búsqueda de Dios». Como ellos, el Papa pidió que «sigamos también nosotros la estrella de Jesús».

Koch y el metropolita
Koch y el metropolita

«No nos dejemos deslumbrar por  los resplandores del mundo, estrellas esplendentes pero fugaces. No sigamos las modas del momento, meteoros que se apagan; no caigamos en la tentación de brillar con luz propia, o sea de encerrarnos  en nuestro grupo y salvaguardarnos a nosotros mismos», suplicó. «Que nuestra mirada esté fija en el cielo, en la  estrella de Jesús. Sigámoslo a Él, a su Evangelio y a su invitación a la unidad, sin preocuparnos de lo  largo y difícil que será el camino para alcanzarla plenamente», insistió.

«Anhelemos y caminemos juntos,  apoyándonos recíprocamente, como lo hicieron los Magos», reflejando en el ejemplo de los Magos «nuestras diferencias, las distintas tradiciones y experiencias cristianas, pero  también nuestra unidad, que nace del mismo deseo: mirar al cielo y caminar juntos en la tierra». 

El ejemplo de los cristianos perseguidos

Siguiendo el oriente, el Papa recordó a «los cristianos que viven en varias regiones diezmadas  por la guerra y la violencia«. «Estos hermanos y hermanas nuestros tienen  muchos desafíos difíciles que afrontar y, sin embargo, con su testimonio nos dan esperanza, nos  recuerdan que la estrella de Cristo sigue brillando en las tinieblas y no se apaga; que el Señor desde  lo alto acompaña y alienta nuestros pasos», apuntó, reivindicando a los «muchísimos mártires, que nos indican a los que estamos en la tierra, un camino preciso,  el de la unidad».

De Oriente, a Jerusalén «con el deseo de Dios en el corazón». Jerusalén que simboliza las amenazas y la corrupción. «Incluso en nuestro camino hacia la unidad podemos estancarnos por la misma razón que  paralizó a aquella gente: la conmoción, el miedo», resaltó Bergoglio.

La adoración de los Magos
La adoración de los Magos

«Es el temor a la novedad, que sacude los hábitos y  las seguridades adquiridas; es el miedo a que el otro desestabilice mis tradiciones y mis esquemas  consolidados; pero, en el fondo, es el miedo que vive en el corazón del hombre y del que el Señor  Resucitado quiere liberarnos», recordó, pidiendo a todos no tener miedo. «No temamos anteponer al hermano a nuestros miedos, porque  el Señor quiere que confiemos los unos en los otros y que caminemos juntos, a pesar de nuestras  debilidades y nuestros pecados, a pesar de los errores del pasado y las heridas recíprocas».  

Jerusalén, pese a todo, es el camino hacia Belén, y «tampoco nosotros, los cristianos, podemos llegar al  Señor sin su Palabra viva y eficaz», para «orar con ella y meditarla juntos». 

La valentía de la unidad

Finalmente, Belén, donde encuentran al Niño. «Así es como termina su viaje: juntos, en la misma  casa, en adoración», y así los Magos «se convierten en un signo profético para nosotros, que anhelamos al Señor, que somos  compañeros de viaje por los caminos del mundo y buscadores de los signos de Dios en la historia a  través de la Sagrada Escritura».

«También para nosotros la unidad plena, ese estar en la misma casa,  sólo puede realizarse si adoramos al Señor. Queridos hermanos y hermanas, la etapa decisiva del  camino hacia la plena comunión requiere de una oración más intensa y de la adoración de Dios», concluyó el Papa, quien invitó a todos a «postrarse». «Este es el camino, abajarnos, dejar de lado nuestras pretensiones y poner al Señor en centro». 

Homilía del Papa
Homilía del Papa

«Cuántas veces el orgullo ha sido el verdadero obstáculo para la comunión», advirtió el Papa, que apuntó que «los Magos tuvieron el  valor de dejar en casa prestigio y reputación, para abajarse en la pobre casita de Belén». «Abajarse, dejar, simplificar. Pidamos a Dios en esta  tarde que nos conceda esta valentía, la valentía de la humildad, único camino para llegar a adorar a  Dios en la misma casa y en torno al mismo altar», pidió.  

Ya en Belén, los Magos «abren sus cofres y ofrecen oro,  incienso y mirra», lo que nos recuerda que «sólo después de haber orado juntos, que sólo ante Dios y bajo su luz, nos damos realmente cuenta de los tesoros que cada uno posee«. Pero «son tesoros  que pertenecen a todos, que deben ser ofrecidos y compartidos».

Los dones de los Magos «simbolizan lo que el Señor quiere recibir de nosotros», explicó el Obispo de Roma.

«A Dios hay  ofrecerle el oro, el elemento más valioso, es decir, se le da el primer lugar. Es a Él a quien debemos  mirar, no a nosotros; a su voluntad, no a la nuestra; a sus caminos, no a los nuestros. Y si el Señor  está realmente en el primer lugar, entonces nuestras opciones, incluso las eclesiásticas, ya no pueden  basarse en las políticas del mundo, sino en los deseos de Dios. Después está el incienso, que nos  recuerda la importancia de la oración, que sube a Dios como perfume agradable. No  nos cansemos, pues, de rezar los unos por los otros y los unos con los otros. Y, por último, la mirra,  que se usará para honrar el cuerpo de Jesús depuesto de la cruz, nos recuerda la  necesidad de cuidar la carne sufriente del Señor, desgarrada en los miembros de los pobres. Sirvamos  a los necesitados, sirvamos juntos a Jesús sufriente».

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