Nuevos beatos en El Salvador

Beatificación de Rutilio Grande aviva la urgencia de su mensaje

El Vaticano declaró beatos a Rutilio Grande, Nelson Rutilio Lemus y Manuel Solórzano, asesinados en marzo de 1977 en El Paisnal por escuadrones de la muerte; y también al sacerdote de origen italiano Cosme Spessotto, asesinado en 1980 en el departamento de La Paz. El cardenal Gregorio Rosa Chávez, designado por el Papa Francisco como delegado especial, aprovechó la ceremonia para lanzar un llamado a “recuperar el espíritu de los Acuerdos de Paz” así como “la hoja de ruta” que se trazó. Para algunos sacerdotes, esta beatificación representa un reclamo vigente de verdad y justicia y llega en un momento en el que “la voz de la gente está secuestrada”.

Julia Gavarrete

Con un contundente llamado del cardenal Gregorio Rosa Chávez a recuperar la memoria histórica y el espíritu de los Acuerdos de Paz, el Vaticano declaró beatos este 22 de enero al padre jesuita Rutilio Grande, Nelson Rutilio Lemus, Manuel Solórzano y fray Cosme Spessotto. La ceremonia de beatificación fue presidida por el cardenal frente a cientos de feligreses que se congregaron frente a la plaza del Divino Salvador del Mundo, en San Salvador. Entre los asistentes destacó la ausencia del presidente Nayib Bukele, y la presencia de altos representantes del oficialismo, como el presidente de la Asamblea Legislativa, Ernesto Castro, o el alcalde de la capital, Mario Durán. La semana antepasada, la Asamblea controlada por Bukele derogó dos decretos legislativos para eliminar la conmemoración de los Acuerdos de Paz, ocurridos el 16 de enero de 1992 en México.

La ceremonia de beatificación tuvo un protagonista principal, el sacerdote jesuita Rutilio Grande, asesinado por escuadrones de la muerte el 12 de marzo de 1977, cuando se dirigía de Aguilares, de donde era párroco, hacia El Paisnal, en el norte de El Salvador, a oficiar una misa junto con sus acompañantes, Solórzano, de 72 años, y Lemus, de apenas 16. En el tiroteo murieron esos dos acompañantes y el padre Grande, que constantemente alzaba la voz para denunciar la situación de represión militar y desigualdad que se vivía en el país. Sobrevivieron tres niños que viajaban con ellos.

Tres años después de la masacre, fue asesinado el italiano fray Cosme Spessotto mientras oraba frente al altar de su parroquia en San Juan Nonualco, La Paz. Todo apunta a que Spessotto también fue asesinado por escuadrones de la muerte debido a la intensa denuncia de violaciones a los derechos humanos que realizaba. 

El padre Rutilio Grande fue declarado beato de la Iglesia Católica este sábado 22 de enero durante  una ceremonia celebrada por el cardenal Gregorio Rosa Chávez en la plaza Divino Salvador del Mundo, de San Salvador. Foto de El Faro: Víctor Peña.

El inicio de la ceremonia estuvo marcado por mensajes de reconocimiento al martirio de la iglesia salvadoreña y de toda la sangre que fue derramada en defensa de la fe y los derechos humanos, y fue casi al final cuando los Acuerdos de Paz tomaron protagonismo. El cardenal Rosa Chávez, en su homilía, destacó su importancia al recordar el final de una “lucha fratricida” y por la que “hemos llorado a cerca de 75,000 muertos”. 

“Nuestros mártires pueden ayudarnos a recuperar la memoria para que no renunciemos al sueño de ver a nuestro país reconciliado y en paz”, sostuvo Rosa Chávez. “Para ello, tenemos que recuperar el espíritu de los Acuerdos de Paz y la hoja de ruta que ahí se trazó”, promulgó frente a autoridades eclesiales, invitados, cuerpo diplomático y funcionarios de Gobierno, entre los que también estuvieron el vicepresidente de la República, Félix Ulloa, y la ministra de Vivienda, Michelle Sol. Sus palabras le generaron mensajes de repudio en redes sociales de parte de algunos de los más reconocidos seguidores de Bukele, que lo acusaron de politizar la ceremonia.

“¿Cómo olvidar lo que este drama horrible trajo consigo? Odio, venganza, muerte, calumnia, estigmatización. Son componentes perversos”, continuó el cardenal. Este reconocimiento a los Acuerdos de Paz de 1992 ocurre en un contexto en el que el Gobierno de Bukele decidió no conmemorar oficialmente la fecha.

“La inmensa mayoría de salvadoreños decidimos no celebrar los Acuerdos de Paz. Nuestra Asamblea Legislativa, electa por el pueblo en elecciones libres, ha derogado con 3/4 de los votos el decreto de celebración y ha declarado el Día de las Víctimas del Conflicto Armado”, escribió Bukele el 16 de enero pasado en su cuenta de Twitter. En algunos sectores, esto fue interpretado como un nuevo ataque a la raquítica oposición política del país que fue protagonista de esos acuerdos, y que está representada principalmente por los partidos FMLN y Arena.

 “La primera urgencia es, por tanto, recuperar la memoria. Un ejemplo evidente es Rutilio Grande, que después de seguir en Ecuador (…) y de haber compartido la experiencia de trabajo con campesinos, volvió a nuestro país con una clara e inequívoca opción de nuestros pobres”, destacó el cardenal. 

Pascual Cebollada, postulador general de la Compañía de Jesús, fue el encargado de llevar a cabo el proceso para la beatificación en Roma de Rutilio Grande, Nelson Lemus y Manuel Solórzano. “Consciente del gran peligro que corría su vida y convencido de que debemos hacer siempre lo que Dios quiere, días antes de morir, el padre Rutilio había declarado: ‘el odio no cabe en un cristiano, aunque nos apaleen y nos quiten la vida, tenemos que seguir amando y perdonando’”, dijo Cebollada al leer la biografía del padre asesinado. Fray Claudio Bratti fue el vicepostulador de la causa de Cosme Spessotto por parte de la Orden de Frailes Menores. Compañero y amigo de Spessotto, Bratti siguió de cerca su causa.   

En medio de la ceremonia fue develada una gigantografía con la imagen de los cuatro beatos. El rector de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA), Andreu Oliva, que ha sido constantemente atacado en el discurso del oficialismo, aprovechó los últimos minutos para destacar la labor que hicieron los mártires, y que pagaron con su vida. “Que estén dos personas laicas, dos sacerdotes de distintas congregaciones, nos muestra que el proyecto del reino de Dios, la causa del evangelio, es una causa que nos une a todos”. 

El reclamo de verdad y justicia 

El reconocimiento del Vaticano al declarar beatos a cuatro figuras que fueron martirizadas reconoce, según la jerarquía de la Iglesia, una “manera de predicar y de vivir”. Para el padre Edwin Henríquez, vicepostulador de la causa de Rutilio Grande, era necesario culminar este proceso, ante toda duda o crítica que ha existido sobre la figura del sacerdote y de muchos otros que perdieron su vida por su trabajo con la comunidad.

“A lo largo de estos 44 años ha habido mucho lodo, ha habido mucha gente que ha hablado mal (de Rutilio Grande) y que ha entendido la labor del padre desde el punto de vista político y esto no es así: la labor del padre es desde el evangelio”, comentó.  

El vicepostulador puso un ejemplo: Monseñor Óscar Arnulfo Romero. Aseguró que no se puede entender a Romero sin antes conocer a Rutilio Grande. “Esta beatificación es importante porque nos va ayudando a entender más a Monseñor Romero y cómo los dos vivieron el evangelio de Jesús, el único, que es el que transforma vidas”. El asesinato de Rutilio ocurrió cuando Romero ya había tomado posesión de la Arquidiócesis. Eso generó presión en Romero, porque el asesinato de su amigo se sumaba a la larga lista de asesinatos políticos ocurridos en el país en aquel momento, cuando la guerra estaba a punto de estallar.

Ese carácter martirial de la Iglesia Católica, según el padre Rodolfo Cardenal, miembro de la comisión de beatificación de Rutilio Grande y una de las personas que más conoce la vida del sacerdote asesinado, queda ratificado con esta beatificación: “Porque no solo es Rutilio, hay más de 20 sacerdotes asesinados, hay religiosas, y laicos, como el caso del padre Rutilio, que van dos laicos como beatos (acompañándolo), porque fueron asesinados con él”, comentó a El Faro. 

Para Cardenal, la beatificación también representa “un reclamo de verdad y justicia” por todos los casos que nunca fueron investigados ni juzgados: “Es una oportunidad para poder rectificar”. “Dado que han decidido que el 16 de enero (fecha de los Acuerdos de Paz) sea para conmemorar a las víctimas, lo menos que (desde el Estado) podían hacer para darle contenido a ese cambio es acelerar los procesos que no se han llevado a cabo”, comentó respecto a la acción de la Asamblea Legislativa de cambiar el sentido de la conmemoración del fin de la guerra. 

 “En el caso de Rutilio, Nelson y Manuel sabemos que fue un escuadrón de la muerte que salió de la Guardia Nacional. Si eso lo averiguamos nosotros sin tener los recursos que tiene la Policía y el fiscal, ellos pueden hacer mucho más y más rápido”, dijo Cardenal a El Faro. 

El padre Octavio Cruz, quien fue alumno de Rutilio Grande tanto en bachillerato como en el seminario católico, explicó a El Faro que en el momento del asesinato del padre Grande, la Iglesia Católica estaba entrando en una etapa a la que tiempo después se llamó “Nueva Evangelización”. A partir del Concilio Vaticano II y el Documento de Medellín, hay una visión de Iglesia a la que se le llama “en salida”; es decir, ir a evangelizar. Esa evangelización llevaba a la par un trabajo de formación para que la feligresía tomara conciencia de sus derechos. “Aunque sabíamos que estábamos en riesgo, era con lo que contábamos, eso no nos hacía desistir”, contó a El Faro. 

Octavio Cruz, ahora párroco en Cojutepeque, siguió de cerca el trabajo de Rutilio Grande durante los años 74 y 75. Luego del asesinato, Romero encomendó a Cruz continuar con el legado del padre Grande en la parroquia de Aguilares. Ahí estuvo Cruz hasta el 81, ya tras el estallido la guerra. En los años que estuvo trabajando junto a Rutilio Grande, Cruz atestiguó cómo el sacerdote confrontaba a empresarios cañeros por tratos y pagos injustos contra cortadores de caña. “Sin embargo, el padre Tilo -como le llamaban a Rutilio-, su predicación, era apegada a la justicia, al cumplimiento de las leyes. Era lo que se pedía”, sostuvo Cruz. 

Lo que Rutilio Grande pedía a su pueblo, reiteró Cardenal, es que usaran su voz para hacerse oír. Algo como lo que podría pedirse hoy en día a la sociedad salvadoreña en un momento “en que la voz de la gente está secuestrada”. “Es un llamado a la población y a la sociedad a decir: ‘tienen voz, digan ustedes lo que tienen’”, dijo Cardenal.  

En la beatificación, el cardenal Rosa Chávez continuó: “El pueblo salvadoreño ve en los mártires una imagen de su propia historia, marcada por alegría y esperanzas; por tristezas y angustias”.

Unas cuadras más abajo del Divino Salvador del Mundo, unas 100 personas se congregaron frente a una tarima cuadrada. Aunque sabían que no podrían ingresar a la zona destinada para los invitados de la ceremonia, esperaron entonando música de protesta y escuchando testimonios relacionados con la vida del padre Grande. Había gente de las Comunidades Eclesiales de Base -que tanto promovió el ahora mártir-, de organizaciones y movimientos sociales que nacieron tras los Acuerdos de Paz. Había familiares de desaparecidos, víctimas de la violencia social y alguna gente organizada que se opone a megaproyectos urbanísticos que amenazan con afectar el medio ambiente. 

Un hombre tomó el micrófono para hacer una invitación abierta a la fiesta en El Paisnal, dirigida a quienes no tuvieran una tarjeta para entrar a la beatificación. “Vámonos a El Paisnal, los que puedan, vamos a celebrar”, dijo. “Pero no olviden recordar las palabras de Rutilio: ‘Nos tenemos que salvar en racimo, en mazorca, en matata, o sea, en comunidad’. ¡Qué viva Rutilio!”, exclamó con euforia antes de que la ceremonia iniciara.

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