Santidad política

El actual llamamiento a la santidad política.

El actual llamamiento a la santidad política.

«Incluso hoy, en el proceso de canonización de alguien, la jerarquía vincula la santidad con las virtudes individuales practicadas heroicamente».

«Lo que nos dice el Evangelio de hoy es que Dios da dignidad, fuerza y su bendición a todas las personas que reaccionan ante la barbarie instalada en nuestro país».

«En medio de todos nuestros problemas, debilidades e incluso contradicciones, damos testimonio del Reino divino en el mundo, es decir, de la realización del proyecto de justicia y paz».

Por| Marcelo Barros.

Este domingo, en Brasil, la Iglesia católica celebra la fiesta de todos los santos en la que damos gracias a Dios por pertenecer a la comunidad de los santos y escuchamos una vez más la llamada divina a la santidad que hoy toma una forma diferente a la de otros tiempos.

Si queremos conectar nuestra fe con la vida concreta, no podemos seguir viendo a los santos tal y como los retratan los artistas en las iglesias: personas con los ojos en el cielo y no en la tierra y en todo diferentes a la gente corriente. Incluso hoy, en el proceso de canonización de alguien, la jerarquía vincula la santidad con las virtudes individuales practicadas heroicamente. En esta línea tradicional y puritana, un santo o santa es alguien que controla sus pasiones y sigue fielmente las leyes de Dios y de la Iglesia.

SANTIDAD POLITICA

Si nuestra fe se expresa de forma social y profética, la santidad debe asumir también un rostro político. El Papa Francisco proclamó a Óscar Romero como ejemplo de santidad para toda la Iglesia, no porque fuera un asceta o porque se distinguiera por su devoción personal, sino porque arriesgó su vida para defender la justicia y el derecho de los pobres. Asumió la cruz de Jesús como una forma de entrega social y política.

Este fue el camino de santificación de muchos hermanos y hermanas a los que llamamos «mártires del camino de la liberación» y es cada día el modo en que nuestros compañeros dan testimonio del seguimiento de Jesús y del testimonio del Reino de Dios.

El Papa Francisco ha propuesto el modelo de una Iglesia en salida. En este modo de ser cristiano, la santidad debe ser también «salida», es decir, hacia fuera, hacia el mundo. En este caso, la santidad es la donación de la vida, como hace el padre Julio Lancelotti y el equipo que trabaja con él en la defensa y el acompañamiento de las personas en situación de calle. Las virtudes que practican no son las virtudes interiores ligadas a las devociones, sino las virtudes sociales de la generosidad, del compartir la vida y del cuidado de los demás y de la naturaleza.

Este domingo, el Evangelio leído para las comunidades (Mateo 5, 1-12) muestra exactamente que, para Jesús, la santidad no es algo privado e individual, sino un camino colectivo, social y político. Las bienaventuranzas son el anuncio de cómo se acoge y se vive el reino divino, es decir, el proyecto de Dios para el mundo. Jesús no pronuncia las bienaventuranzas para personas individuales, sino para colectivos: los pobres, los que experimentan aflicciones, los que trabajan por la paz, etc.

Las bienaventuranzas es un término que aparece de vez en cuando en los salmos y en los libros proféticos del primer testamento. Mateo comienza el Sermón de la Montaña poniendo en boca de Jesús ocho bienaventuranzas. Algunas traducciones se limitan a traducir bendito como “feliz” a gente que es pobre de corazón, gente feliz que es humilde, gente feliz que se lamenta, etc. Hay traducciones que prefieren llamar «bienaventurados los pobres, los humildes, etc.»

De hecho, el término de las bienaventuranzas es muy rico. Cualquiera que sea la traducción que contenga un aspecto, no logra expresar toda la riqueza que contiene el término evangélico. A diferencia de bendecido y también feliz, bendecido significaría la persona que recibe de Dios el reconocimiento de su honor y el sentido para su vida. Las comunidades evangélicas todavía vivían en un mundo en el que las desgracias de la vida se atribuían a que Dios se había olvidado de esas personas o incluso, por alguna razón, las había condenado a la pobreza y la infelicidad. El mundo les consideraba desagradables y mal hablados.

Jesús da un vuelco a este pensamiento y lo aclara. Al contrario, son precisamente estas personas las que el Padre considera bienaventuradas: las que hacen de la pobreza su opción de vida, las que son pequeñas, humildes, trabajan por la paz, etc. Este es el criterio de santidad de Jesús: es una santidad social y política y no sólo una forma de virtud interior e íntima. Lo que nos dice el Evangelio de hoy es que Dios da dignidad, fuerza y su bendición a todas las personas que reaccionan ante la barbarie instalada en nuestro país.

En un Brasil así, Dios nos confirma que son benditas las personas que se atreven a asumir la izquierda y se consagran a probar una nueva forma de organizar el mundo y la vida.

La santidad que Dios quiere es diferente de la imagen habitual del santo. Al leer este Evangelio, pienso en todos y cada uno de los que leen estas líneas y se reconocen en el camino hacia un nuevo mundo posible. La palabra de Dios lo confirma: hoy sois los benditos de Dios. En medio de todos nuestros problemas, debilidades e incluso contradicciones, damos testimonio del Reino divino en el mundo, es decir, de la realización del proyecto de justicia y paz.

Debemos abrir los ojos a esta nueva forma de ver la realidad y nuestra vocación. La fiesta de hoy nos confirma a cada uno de nosotros en este camino. Sigamos adelante con la esperanza de que nuestra victoria no provenga de una situación más positiva, sino de la fuerza del amor divino que hay en nosotros para transformar el mundo y también a nosotros mismos. Este es el secreto de nuestra santidad diaria

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