Entrevista a Lula da Silva

Entrevista a Lula da Silva: prefiero morir a cambiar mi vida por el poder

Por Benjamín Forcano

LULA CANDIDAT0 PRESIDENTE DEL BRASIL
1. Preliminar a mi Entrevista de hace 26 años
No me fue difícil encontrar a Lula en Sao Paulo, aunque la ciudad sea el laberinto más temeroso y complicado que he visto en mi vida. Supe enseguida que llevaba al frente del Partido de los trabajadores (PT) 16 años, exactamente desde que se fundó. Y surgió cuando agonizaba la dictadura militar en el año 80…..
Esta mi entrevista es del 1996, cuando él tenía 50. Y quién es Lula , su modo de vivir y pensar, lo que significó su quehacer político para el tiempo en que gobernó, el odio y la injusticia con que se le intento aniquilar, su entereza inclaudicable al servicio de los más excluidos y empobrecidos, marcan fechas que el pueblo nunca olvidó y que hoy trata de reivindicar frente al brutal y enloquecido poder de un capitalismo cruel y opresor.

Y la energía de su opción política liberadora es universal, restalla sobre la mentira y cobardía de tantos políticos hoy en el poder, que en poco o nada representan los intereses y derechos del pueblo. Por eso, y pese a la distancia de la fecha, la Entrevista emociona y presenta su vuelta a la política como una esperanza en medio de tanto engaño, frustración y desespero. El, como ningún otro, aplaude nuestra adhesión a principios y valores que caracterizan lo más grande y hermoso de nuestra humanidad. Veánlo ya en la ruta de sus cálidas y alentadoras respuestas.

PREFIERO MORIR A CAMBIAR MI VIDA POR ELPODER

-¿Cuántos años hace , querido Lula, que comenzaste tu lucha política ?
-Yo comencé mi lucha sindical en el 1969, era delegado de base del sindicato metalúrgico y fui elegido presidente del mismo en el 1975. En 1978, hicimos las primeras huelgas. A partir de entonces, el sindicato adquirió notoriedad na-cional e internacional y en el 80 intentamos crear un artido político.

Desde ese momento, nos convencimos definitivamente de que era preciso una organización política de los trabajadores en la que los excluidos fuesen los actores principales y no coadyuvantes como suele ocurrir en el mundo político. Nos fue posible crear un partido político en Brasil en función de sindicalistas combativos, de la Iglesia progresista y del movimiento popular. Esto explica que. en apenas dos años, organizáramos el partido nacional de los trabajadores.

-¿Qué motivos te llevaron a tomar esta opción política?
-Por increíble que parezca, lo que me llevó a tomar esta decisión era la comprensión de que el movimiento sindical tenía un espacio limitado, es decir, era muy corporativo, con intereses importantes pero pequeños, contrarios incluso a los intereses de toda la comunidad brasileña. Yo pensaba que los trabajadores no sólo tenían derecho a reivindicar mejores condiciones de trabajo sino también a reivindicar el poder político. Y ocurrió un hecho portante: en 1979 yo fui a Brasilia a conversar con los diputados, porque estaban intentando aprobar una ley que prohibía la huelga para algunas categorías consideradas esenciales, como por ejemplo, banqueros, profesores, petroleros, etc.

Y allí tuve un gran choque, percibí que los trabajadores no tenían representantes en el Congreso Nacional. Y fue entonces cuando yo comencé a preguntarme: ¿cómo es posible pretender que los diputados que son representantes del poder económico hagan unas leyes que interesen a los trabajadores? Eso fue efectivamente lo que despertó en mí la necesidad de crear un partido político. No fue el manifiesto comunista, ni ninguno de los escritos de Marx, de Engels, de Trotsky, o de Mao, sino exactamente ese descubrimiento que yo hice en el Congreso Nacional. Fui adquiriendo conciencia en la medida en que los trabajadores fueron evolucionando políticamente. Por eso yo digo que yo soy resultado de la evolución de la conciencia política de los trabajadores.

-¿ Cuál es la presencia y el peso del capital en Brasil?
-Brasil es un país salvajemente distribuido a nivel internacional. Tenemos más o menos un 25% de nuestras relaciones comerciales con Estados Unidos, un 25% con la Unión Europea, un 25% con el mundo asiático y un 25% con América del Sur. Desde el punto de vista del capital extranjero, Brasil continúa siendo un país interesante, porque nosotros ofrecemos las mejores tasas de interés del mundo, porque nuestro país tiene un mercado muy grande (somos 160 millones y unos 35 millones tienen un poder de consumo de clase media) y porque tenemos una mano de obra todavía muy barata si la comparamos con otros países.

-¿Pueden llegar las clases trabajadoras a dirigir la política cuando todo parece indicar que el neoliberalismo se está consolidando? En el supuesto de que el PT llegase al poder, ¿el capitalismo permitiría llevar a cabo las transformaciones que proponéis?

-Admito que el neoliberalismo es una teoría que desde el 1980 se consolida en el mundo. Pero hay un dato objetivo y es que el neoliberalismo desde el punto de vista de la concurrencia y de la globalización económica comienza a crear un nuevo fenómeno. Si en un primer momento creó el fenómeno de facilitar el aumento del consumo, ahora está creando el fenómeno antagónico: no hay espacio para que todo ser humano pueda trabajar y vivir dignamente.

La diferencia entre el Primer y el Tercer Mundo está en que el Primero está perdiendo lo que conquistó, y el Tercero estamos perdiendo lo que todavía no hemos conquistado, el derecho a conquistarlo. El movimiento sindical tiene que repensar su papel; durante 50 años nos hemos pasado luchando contra los empresarios, hoy la lucha no es con los empresarios, tiene que ser a nivel político. Porque si nosotros no influimos en las decisiones políticas de nuestros gobernantes, lo que va a prevalecer es la lógica del capital.

Yo no digo que sea difícil que los trabajadores lleguen al poder, pues son una fuerza enorme en América Latina dentro de sectores progresistas. En Brasil, por segunda vez un tornero mecánico disputa la presidencia del Estado.
El objetivo del partido político es llegar al poder y nosotros queremos llegar al poder para hacer las transformaciones que entendemos tenemos que hacer. Nuestra llegada al poder supondría un nuevo programa de política social: hacer una reforma agraria, un política social especial para el pequeño productor, una política industrial para las pequeñas y medianas empresas, una política de bienestar social capaz de distribuir de una manera más justa la riqueza producida por el país. Y ahí vamos a tener graves enfrentamientos.

En una ocasión me preguntaban si yo no cambiaría después que ganase las elecciones. Yo respondí: si yo tuviera que mudar todo lo que fue mi vida y todo lo que critiqué, prefiero morir antes que tomar el poder.
-Tu discurso se dirige fundamentalmente a la clase popular, que tiene un porcentaje elevado (¿30, 40%?) en las favelas, otro porcentaje en los trabajadores. ¿Esta base social, mayoritaria, está con el proyecto del PT?
-Cuando yo pensé en hacer las caravanas de la ciudadanía, mi objetivo era conversar con los excluidos de la sociedad brasileña. Porque el hambre, la miseria y la falta de escolaridad no llevan al ser humano a la revolución, llevan a la sumisión.

Un partido con las características del PT tiene una participación muy fuerte en los sectores organizados de la sociedad (sindicalizados, funcionarios públicos, estudiantes, intelectuales). Pero nosotros tenemos casi la mitad de la población fuera del proceso, que son prisioneros del discurso demagógico, de la promesa fácil. Son personas que en el momento de dar el voto son engañados por la entrega de una cesta básica, un litro de leche, la promesa de un empleo. Y no es culpa de ellos, sino de la necesidad de sobrevivencia. Si yo comienzo a distribuir un kilo de frijoles también, estoy pervirtiendo mi conciencia y la del que quiero que tenga una conciencia política.

Para mí está claro que la élite brasileña no quiere resolver el problema de la miseria porque la miseria es una de las formas por la que ellos se perpetúan en el poder.
-Veo que tienes, a pesar de todo, confianza en el futuro. Pero, si es cierto como dice Leonardo Bof «que e[ destino de nuestros pueblos ya no nos pertenece», ¿no te parece que tu postura resulta ilusoria, al pretender luchar contra un fatalismo irremediable?

-No, porque yo que comencé el movimiento de organización política de los de los trabajadores, tengo conciencia del avance que tenemos en Brasil. En el 79, yo viajaba por el Brasil y apenas encontraba una persona que quisiera conversar conmigo sobre la necesidad de un partido político. Y hoy tenemos el partido, una situación sindical importante, gobernadores de Estado, senadores, 50 diputados, alcaldes y concejales en ciudades muy importantes, etc.

No deja de ser curioso que cuando la ONU convoca en Estambul un Congreso para discutir los problemas de habitabilidad de las grandes ciudades, un 40% de los proyectos del PT son tenidos como referencia en ese congreso. Nosotros sabemos protestar y hacer huelgas y sabemos gobernar con más competencia, tenemos la mejor experiencia de urbanización en favelas, el mejor tratamiento con niños de la calle, la mejor experiencia de salud, de revolución participativa pues allí donde gobierna el PT es la comunidad quien determina las prioridades de la ciudad. Esto para nosotros es sagrado.

Yo tengo 50 años y me quedan 20 por lo menos para continuar creyendo en eso si Dios me da vida. Tengo hijos, nietos, millones de personas implicadas, millones y millones de votos. Lo que hace 15 años parecían cosas de media docena de Lulas, hoy son cosas de millones y millones de personas con el mismo ideal.
-Brasil ha sido, después del concilio Vaticano II, pródigo en líderes laicos cristianos, teólogos comprometidos, obispos profetas y comprometidos con el pueblo.
-¿ En qué medida crees que la Iglesia católica ha contribuido a activar esta conciencia política’.’

-Tengo claridad absoluta de que en América Latina gran parte de los avances políticos se deben a la Iglesia católica a través de las comunidades de base, de la pastoral de la tierra, de la pastoral de la juventud, de la pastoral de los niños, de los inmigrantes. Un trabajo fantástico, serio, de la Iglesia católica en los sectores populares del Brasil. Figuras como D. Pablo Arns tiene una importancia muy grande en Brasil. Y es una pena que el Papa trate de disminuir el poder de este obispo en Sao Paulo dividiendo la diócesis, el de D.Pedro Ca-saldáliga, el del teólogo Leonardo Boff, etc. Oía a una persona que decía lo siguiente: la Iglesia católica ha jugado un papel fundamental, pero corre el riesgo de perder ese papel en la medida en que deje de hablar el lenguaje del pueblo.

Es imprescindible impulsar la organización del pueblo y la Iglesia tiene que servir para eso, para animar al pueblo en sus derechos y luchas, darle fuerza espiritual y ofrecerle un camino para luchar contra las injusticias, pues al fin y al cabo eso es lo que hizo Jesús la vida entera.
-Entonces, ¿en qué queda la frase de Marx de que «la religión es opio del pueblo»’.’

-Depende de qué clase de religión. La iglesia, de la que he hablado, toma parte hoy muy seria en el proceso de Brasil. Si la Iglesia católica se dedica a hacer una política que siembra el conformismo de suerte que diga: usted no debe protestar, no debe luchar, debe aceptar el hambre y la miseria como querida por Dios, etc. etc., eso es «opio del pueblo».

Pero,si dice: usted muere porque no tiene política de salud en Brasil, los niños mueren de hambre, etc., no porque Dios quiera sino por incompetencia del Gobierno en tratar estos problemas; Dios no quiere que nadie pase hambre. Entonces, la Iglesia, sin olvidar los problemas religiosos, debe ayudar a colocar los problemas sociales en su justo lugar, y entonces su labor será más saludable para la humanidad.

-Vuestra postura se ve a veces desde Europa como romántica. No faltan quienes dicen que la suerte de la teología de la liberación llegó a su fin, lo mismo que fracasó el socialismo real.
-Está claro que no podía ser socialismo auténtico, democrático, un socialismo con partido único, que prohibía las organizaciones religiosas y sindicales, etc. En la Iglesia, la teología de la liberación, aunque no haya sido muy bien vista por Roma, ha tenido una gran influencia, debido a grandes figuras que se han comprometido con el pueblo (Oscar Romero, Pedro Casaldáliga, Tomás Baldunio. Pablo Evaristo Arns. Leonardo Boff, etc.) y han realizado un gran trabajo de liberación. Las Iglesias que luchan por la liberación son las que cuentan.

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