Carta a EE.UU y a la OTAN

Quien juega con fuego se quema (y nos quema)

Joe Biden y Vladimir Putin
Joe Biden y Vladimir Putin

Una serie de datos previos que no cabe olvidar, unas actitudes honestas que busquen algo más que culpabilizar al de enfrente y una serie de peligros innegables (entre ellos el de una guerra nuclear no querida por nadie) llevan a buscar unas soluciones que aún serían posibles, antes de que nos aconsejen aquello del chiste: pues rece usted Señor mío Jesucristo…

«Este conflicto actual deriva de la conducta de EEUU ante Rusia tras la caída de la URSS, prácticamente idéntica a lo que se hizo al final de la guerra 1914-18 con la derrotada Alemania»

«La OTAN nació para defenderse de la amenaza soviética y debió desaparecer cuando desapareció el Pacto de Varsovia. En vez de eso dejó de ser una organización defensiva y se convirtió en imperial»

«Muchos ciudadanos tenemos la seguridad de que si estalla ahora una guerra, acabará siendo nuclear»

 | José I. González Faus teólogo

Les escribo en momentos, en que aún no está todo perdido. Porque luego, cuando tengamos que ocuparnos del cuidado de heridos, del entierro de víctimas de guerra (quizás muy queridas para nosotros), y de sobrevivir en medio de una carencia de suministros, víctimas de esa ley de todas las guerras: “la mayoría se empobrece (y unos pocos miserables se enriquecen)”…, entonces quizá no quedarán ya ni fuerzas para escribir ni ánimos para leer.

1.Datos previos.- La guerra ha sido definida como una serie de operaciones en las que miles de personas jóvenes que no se conocen ni se aman ni se odian, se matan entre sí para satisfacer a dos o tres personas que se conocen y se odian, pero que no se verán afectados por ningún proyectil…

Stephen Zweig y otros grandes pensadores constataron cómo las dos guerras mundiales del siglo pasado estallaron cuando todos los políticos proclamaban como absolutamente improbable que estallara una guerra. Pero el hombre es el único animal que tropieza varias veces en la misma piedra.

Este conflicto actual deriva de la conducta de EEUU ante Rusia tras la caída de la URSS, prácticamente idéntica a lo que se hizo al final de la guerra 1914-18 con la derrotada Alemania: el afán de humillar al vencido provocó la aparición (y triunfo) de Hitler, en una Alemania fecundada por una semilla de odio. Ahora pasa lo mismo con Rusia y con Putin. Pero la paz nunca se consiguió humillando al vencido sino tratándolo con respeto y delicadeza: eso es además lo único cristiano, señor Biden.

2.-Actitudes honestas.-Es fácil vociferar contra las culpas de los demás, pero sería más humano reconocer las propias. Y bien:

 La OTAN nació para defenderse de la amenaza soviética y debió desaparecer cuando desapareció el Pacto de Varsovia. En vez de eso dejó de ser una organización defensiva y se convirtió en imperial.

George Kennan, representante de la política estadounidense ante la URRS, declaró que la ampliación de la OTAN hacia el Este sería el error más grande de la política exterior de EEUU, una vez acabada la guerra fría.

Le prometimos a Gorbachov que la OTAN no se extendería por el Este de Europa y no hemos cumplido esa promesa.

EEUU instaló misiles en Europa del Este, quebrantando lo pactado en el tratado de cooperación Rusia-OTAN (1997). Putin hizo algún gesto pacificador, por ejemplo retirando las fuerzas rusas de Kosovo y cerró todas las bases que tenía la URSS en Cuba.

OTAN

En 2003 Moscú, junto con París y Berlín denunciaron la invasión de Irak, hecha sin el aval de la ONU. La OTAN se ha convertido, por obra de EEUU en la Organización Traidora del Atlántico Norte.

Nos dice Ud. señor Biden, que le consta que Rusia tiene previsto invadir Ucrania el martes tal; llega aquel martes y no pasa nada. Pero Usted ni se inmuta: dice ahora que tiene previsto hacerlo “dentro de poco”… ¿No comprende Ud. que esas declaraciones carecen de credibilidad, luego de aquella “certeza” de que Irak tenía unas “armas de destrucción masiva”, que solo estaban en la imaginación del presidente de EEUU? No valen afirmaciones sin pruebas, señor Biden. Dirá Ud. que no puede presentar esas pruebas porque pondría en peligro sus sistemas de información; pero, si no puede ofrecer pruebas, no diga nada. Ni nos invite a creer que sus espías consiguen tales informaciones con la misma facilidad con que las obtienen en la última novela de Ken Follet (Nunca). Por favor, señor presidente: que la realidad no son novelas ni películas del Oeste.

Temores actuales.- Muchos ciudadanos tenemos la seguridad de que si estalla ahora una guerra, acabará siendo nuclear. Ustedes dirán que no. Pero Putin es lo suficientemente loco y suficientemente orgulloso (y en ese orgullo está lo suficientemente apoyado por buena parte de su pueblo), como para preferir una debacle masiva antes de quedar definitivamente destrozado y humillado él solo. Y Ustedes dos (Biden y Stoltenberg) pasarán a la historia (si es que hay historia luego de esa guerra) como responsables de tamaña calamidad.

Además, están poniendo a Europa en una situación muy difícil: a la UE no le interesa una política de enemistad con Rusia, como la que quieren ustedes, sino una política de buena vecindad. Y muchos europeos tenemos la fuerte sospecha de que para la política imperialista de EEUU, “our friends” son solo «our servants”. Por si fuera poco, la historia de las relaciones de EEUU con América Latina (desde Chile a Centroamérica) es prueba muy seria de esa convicción.

Soluciones a buscar.- Los ciudadanos no tenemos todos los datos para poder dictar soluciones. Pero podemos imaginar cosas como ésta: parece que, en los orígenes de esta nueva guerra mundial hay dos problemas: en uno tenemos nosotros la culpa; en el otro la tiene Rusia. El primero es la extensión por Europa del Este de la que llamé Organización Traidora del Atlántico Norte. El segundo los conflictos en torno a las provincias de Jughansk y Donesk y la zona rusófila de Ucrania.

El repentino reconocimiento de la independencia de esas regiones me parece una medida no significativa por su contenido sino por las fechas en que ha sido tomada. A esas regiones les aportará poco (pues, como dijo una vez Artur Mas: ¿de qué nos servirá una declaración de independencia si el resto del mundo no nos la reconoce?). En cambio, para Putin supone la fidelidad absoluta de los moradores de esas tierras, y le sirve como una provocación chulesca, a ver si Occidente reacciona mal y se cumplen aquellos dos principios tan importantes en situaciones de conflicto: “el que levanta la voz pierde parte de la razón que tenía”; “y el victimismo es el arma para conseguir una razón que no se tiene”.

Las sanciones económicas temo que van a servir para poco y afectarán también a Europa sin alcanzar a los EEUU; lo que a la larga acabará creando división en Occidente. En caso de guerra, las dictaduras están mejor preparadas para ella que las democracias: por eso mismo, estas últimas necesitan declarar “estados de excepción” que no serán aceptados por muchos ciudadanos acostumbrados a la libertad. ¿No serán estos dos efectos lo que busca Putin? Y, en mi modesta opinión, si la guerra se produce acabará siendo atómica: pues ninguno de los dos contendientes toleraría una derrota.

En este contexto surge la pregunta preocupada de un pobre ciudadano: ¿no sería mejor llegar a un acuerdo por el que la OTAN se retira de la Europa del Este, y Rusia se compromete a no atentar para nada contra la soberanía de esos países, y a buscar una solución dialogada en Ucrania? Un acuerdo por escrito, que prevea además sanciones si hay incumplimiento, y en el que ambas partes aceptan un árbitro exterior (quizás el TPI, vista la inutilidad de la ONU actual), para casos eventuales de incumplimientos.

Entiendo que eso no sería nada fácil. Pero creo que por ahí está nuestra única tabla de salvación. Si no, no nos queda más camino que la respuesta de aquel del viejo chiste: “pues entonces rece Usted: ‘Señor mío Jesucristo’…

O, a lo mejor, aún vale eso que los biblistas dicen de la llamada «literatura apocalíptica»: son cosas que se escriben no porque vayan a pasar, sino para que no pasen..

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