El nuevo grito del Papa por la paz en Ucrania

«Que callen las armas. Dios está con los artesanos de la paz, no con los que usan la violencia»

El Papa contra la guerra
El Papa contra la guerra

«Vuelvo a pedirles que hagamos, el día 2 de marzo, miércoles de ceniza, un a Jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania. Una jornada para estar cercanos a los sufrimientos del pueblo ucraniano, para sentirnos todos hermanos e implorar a Dios el fin de la guerra»

«Quien hace la guerra se confía a la lógica diabólica y perversa de las armas, que es la más alejada de la voluntad de Dios y se distancia de la gente normal que quiere la paz»

«Pienso en los ancianos, a todos los que, en estos momentos, buscan refugio, a las madres que huyen con sus hijos. Son hermanos y hermanas, para los cuales es urgente abrir corredores humanitarios y que sean acogidos»

Por José Manuel Vidal

Expectación en la plaza de San Pedro más llena que nunca de gente (muchas con banderas ucranianas) que espera las palabras de consuelo y esperanza del Papa Francisco, mientras en Ucrania suenan las bombas y los misiles. Y el Papa no defraudó y, una vez más, volvió a condenar la guerra, con un grito salido del fondo de su corazón de pastor, arropado por los de todos los creyentes y no creyentes del mundo: «Que callen las armas»

Texto completo del Papa

En estos días hemos sido sacudidos por algo trágico: la guerra. Hemos rezado muchas veces, para que no se iniciase este camino. Nunca dejamos de hablar y, además, suplicamos a Dios intensamente.

Por eso, vuelvo a pedirles que hagamos, el día 2 de marzo, miércoles de ceniza, un a Jornada de oración y ayuno por la paz en Ucrania. Una jornada para estar cercanos a los sufrimientos del pueblo ucraniano, para sentirnos todos hermanos e implorar a Dios el fin de la guerra.

Quien hace la guerra olvida la humanidad. No parte de la gente, no mira a la vida concreta de las personas, coloca por encima de todo sus intereses de poder, se confía a la lógica diabólica y perversa de las armas, que es la más alejada de la voluntad de Dios y se distancia de la gente normal que quiere la paz.

Cuando hay un conflicto, la gente sencilla es la verdadera víctima, que paga en us propia piel la locura de la guerra.

Pienso en los ancianos, a todos los que, en estos momentos, buscan refugio, a las madres que huyen con sus hijos. Son hermanos y hermanas, para los cuales es urgente abrir corredores humanitarios y que sean acogidos.

Con el corazón dolorido por lo que está pasando en Ucrania ( y sin olvidar las guerra en otras partes del mundo, como Yemen, Siria o Etiopía), repito que callen las armas. Dios está con los artesanos de la paz, no con los que usan la violencia. Porque el que ama la paz, como recita la Constitución italiana, repudia la guerra como instrumento que ofende la libertad de otros pueblos y como medio de resolución de las controversias internacionales.

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