La guerra en Ucrania

La impotencia del sacerdote ucraniano Oleg Popuik: “Rusia está bombardeando a civiles, niños, orfanatos… Todo”

Guerra en Ucrania

El capellán de la comunidad greco-católica en Marbella lamenta a Vida Nueva que “lo que se sale en televisión no es nada comparado con lo que está pasando”“Hay muchos sabotajes a cargo de grupos que, disfrazados como el ejército o la policía ucraniana, están matando a gente donde todavía no hay guerra”“En la actualidad ya han muerto más de 3.000 rusos, pero Rusia se niega a llevarse sus cuerpos”

Se pueden estar viviendo las horas más duras desde que hace tres días Rusia invadiera Ucrania. Así se lo manifiesta a Vida Nueva el sacerdote ucraniano Oleg Popuik, capellán de la comunidad greco-católica en Marbella y quien, tras hablar con su obispo en Kiev, quiere transmitir el mensaje de este: “Que todo el mundo sepa lo que está sucediendo ahora en Ucrania”.


Y es que, se lamenta, “lo que se transmite por televisión no es nada comparado con lo que está pasando en Ucrania”. De hecho, las tropas rusas parecen ir mucho más allá de sus teóricos objetivos militares: “Rusia está bombardeando a civiles, niños, orfanatos… Todo”.

Sabotajes

Con todo, se están encontrando con una defensa mucho más fuerte de la que pensaban: “Ucrania defiende valientemente su territorio, pero necesita la ayuda y el apoyo del mundo”. Entre otras cosas, porque reina la incertidumbre: “Hay muchos sabotajes a cargo de grupos que, disfrazados como el ejército o la policía ucraniana, están matando a gente donde todavía no hay guerra. Hay que tener mucho cuidado con los provocadores; están por todas partes, y aquí también”.

Otro aspecto a lamentar es el número de víctimas: “En la actualidad ya han muerto más de 3.000 rusos, pero Rusia se niega a llevarse sus cuerpos. Se están realizando negociaciones para que la Cruz Roja lo haga”. Según le cuenta su obispo, Popuik detalla cómo “ahora vuelan cohetes por todas partes en nuestro país. Hay una guerra a gran escala”.

Ayuda eclesial

Frente a tanta oscuridad, la Iglesia ya está actuando para ayudar: “Buscamos vivienda para aceptar a refugiados, pues habrá muchos de ellos. Necesitamos de todo: botiquines de primeros auxilios, torniquetes o, especialmente, hemostático. También sabemos que nuestro ejército necesita alimentos en las fronteras. Por lo tanto, debemos transferir productos de almacenamiento a largo plazo, varios alimentos enlatados, frutos secos… Sin olvidarnos de mantas, almohadas, sacos de dormir… Y dinero”.

Con honda tristeza, el sacerdote ucraniano da las “gracias” al mundo “por sus oraciones, apoyo y compasión”. Y deja un ruego final: “Les pedimos sinceramente a todos que ayuden a poner fin a la guerra en Ucrania”.

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