La parábola del ciego

Saca la viga del ojo. Parábola del ciego que guía a otros ciegos (Lc 6, 39-42), con el principio de Peter.

Lucas ha colocado esta parábola al final del sermón de la llanura (6, 20-49), como expansión y comentario de su principio supremo: No juzguéis… (6, 37).

25.02.2022 | X. Pikaza

              Retomando una tradición central del AT, Jesús quiere que los hombres podamos mirar y vernos con los ojos más hondos, del cuerpo y del alma, porque ver es conocer y conocernos mirar y ser mirados, en un mundo como aquel y como el nuestro dominado por ciegos malos (incompetentes, según el principio “científico” de L. J. Peter). Quiere que los hombres miren con ojos abierto, vean y vistos, amen y sean amados, no que juzguen y se impongan unos sobre otros.

        Lucas elabora y presenta esta parábola del ciego al final del sermón de la llanura, culminando de esa forma su más hondo mensaje de Reino.   

El ciego guía de ciegos - Pieter Brueghel el Joven - como impresión  artística de reproArte

Lc 6, 39-42. La parábola del ciego (con un paréntesis sobre el discípulo)

(Principio: Parábola). En aquel tiempo, dijo Jesús a los discípulos una parábola: «¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? ¿No caerán los dos en el hoyo?

(Paréntesis sobre el aprendizaje). Un discípulo no es más que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, será como su maestro.

(Explicación de la parábola: ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: «Hermano, déjame que te saque la mota del ojo», sin fijarte en la viga que llevas en el tuyo? ¡Hipócrita! Sácate primero la viga de tu ojo, y entonces verás claro para sacar la mota del ojo de tu hermano.

Texto paralelo de Mateo

(cada parte del texto en un  lugar distinto)

Mt 15, 14. Si un ciego guía a otro ciego, ambos caen en el hoyo

Mt 19, 24. Un discípulo no es mayor que su maestro; será perfecto si es como su maestro

Mt 7, 3-43 ¿Por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano y no ves la viga de tu propio ojo? 4¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, cuando tienes la viga en el tuyo?

Situar la parábola 1… Plano escolástico, en línea de conocimiento. La filosofía y teología escolástica de la Edad Media ha elaborado este motivo del ver y el actuar en un contexto “teórico”, de conocimiento, en el que se distinguen tres niveles:

  1. Ver, simple aprehensión. De una manera simplista (de tipo abstracto), muchos escolásticos suponían (y muchos modernos seguimos suponiendo) que se pueden ver las cosas de un modo neutral, sin “estar ya juzgando” al mirarlas. Hablaban de un mirar puro, de simple aprehensión, pensaban que había una mirada neutral… En esa línea se sitúan muchos “positivistas”, que siguen diciendo que ellos ven sin interferencias ni perturbaciones de ningún tipo…
  2. Juicio… Sólo en un segundo momento la mente realiza (puede realizar) un juicio sobre aquello que ha visto. En contra de eso, tanto la filosofía como la física actual sabe que en la misma “mirada” (en el modo de ver) hay un juicio de fondo, miramos desde nuestros presupuestos…En el mismo momento en que miramos tenemos una “viga” en nuestros ojos….
  3. Raciocinio… Tras la simple aprehensión (mirada pura) y tras el juicio vendría el “raciocinio”, es decir, la conclusión pensante…

Situar la parábola 2: Plano de la acción programada de los “militantes cristianos”. Los grupos de la Acción Católica especializada elaboraron a mediados del siglo XX unos programas muy precisos de compromiso, expresados en la tríada clásica (fundada en la escolástica anterior) del ver-juzgar-actuar:

  1. Ver es conocer lo que hay: situarse bien ante la realidad, conocer bien sus matices… No partir de presupuestos falsos o impuestos desde fuera. Tener plena libertad para situarse sin prejuicios de dictados por un tipo de poder o de autoridades externas.
  2. Juzgar con imparcialidad… No dejarse llevar por pre-juicios externos, por los diversos “ídolos” de tipo económico, social etc.
  3. Actuar. Trazar unos programas de acción eficiente, al servicio de la verdad.

Situar la parábola 3. Comparación con la ley de Peter

Laurence Johnston Peter (1919-1990) fue un pedagogo canadiense, afincado en California, que formuló en 1969 una famosa ley llamada “principio de Peter”, que se puede formular así: “Las personas que realizan bien su trabajo son promocionadas a puestos de mayor responsabilidad, a tal punto que llegan a un puesto en el que no pueden formular ni siquiera los objetivos de un trabajo, y alcanzan su máximo nivel de incompetencia”.   Según esa ley de Peter, que él presenta y argumenta de un modo «científico», los altos cargos de la administración, de la educación y otras instancias de “poder” social y religioso terminan estando dirigidas por los más incompetentes. Muchas veces he pensado que esta “ley científica” de Peter se parece un poco a la parábola de los “ciegos gobernantes” de Jesús.  

Pero hay una diferencia. Peter quiere plantear su ley de un modo “científico”, según la misma dinámica de los sistemas, sin “referencias” morales. Por el contrario, según la parábola de Jesús, los que “toman el poder” son ciegos “malos”, que guían a otros ciegos. Según eso (en la línea la crítica de J. Orwell, Rebelión en la granja) los dirigentes  político-sociales y quizá “religiosos” no son simplemente “incompetentes””, sino que tienden a ser “moralmente opresores”.

Evidentemente, estos temas no se pueden simplificar, ni con Peter, ni con Orwell (¿ni con Jesús?). Pero están ahí. Más aún, el evangelio eleva la “utopía” de una iglesia-sociedad dirigida por los mejores, los más lúcidos, los más generosos, los menos egoístas… En esa línea quiso situar Platón a los gobernantes de la República. Jesús, en cambio, plantea su parábola en una línea más “moral”: Los ciegos alcanzan su poder y se erigen en “guías de otros ciegos” por su deseo de mando y su egoísmo, no por incompetencia, sino por un tipo de maldad.Así expongo el tema. Lo dejo abierto.

Seguir comparando. Contexto bíblico.

 1.La Biblia, desde el AT nos sitúa ante el tema de unos ciegos que quieren guiar a otros ciegos. No se trata de ciegos sin más, por carencia, sino de ciegos-ciegos: Personas que no quieren ver (admitir) la realidad, sino  que distorsionan la realidad, que se hacen ciegos para aprovecharse de los otros: Por resentimiento, por envidia, el deseo de poder…

  1. Con una larga tradición bíblica, Jesús supone queeste mundo está guiado por un tipo de secta de ciegos que quieren guiar a otros ciegos.Ciertamente, la Biblia sabe que pueden existir gobernantes y sacerdotes lúcidoa que “ven”, que saben discernir, que ayuda a los otros. Pero a partir de los grandes profetas se ha extendido el convencimiento de que los “pastores” de Israel (gobernantes, sacerdotes) hay sido y son ciegos, que no guían, sino que oprimen, desvían, destruyen a los hombres:
  2. El profeta Ezequiel puso ya de relieve (en el siglo VI a.C.) el tema de los pastores (gobernantes, sacerdotes ciegos…) se descarríen las ovejas (a las gentes de Bien, a los pobres), a las que utilizan y matan, para alimentarse ellos.  Este es un tema especialmente desarrollado por Zacarías, quien parece indicar que los pastores-gobernantes en general son ciegos y que precisamente por serlo toman el poder y destruyen a los hombres y mujeres de su pueblo. Como punto de partida, los grandes profetas de Israel han supuesto que el “gobierno real y concreto” convierte a los pastores (sacerdotes, políticos, hombres ricos) en “ciegos”, que no ven lo que hay, sino lo que ellos quieren ver, para su servicio.
  3. Este es un tema central de la apocalíptica judía, que Jesús conocía bien, en la línea del libreo de Daniel y de las tradiciones del Pentateuco Henoc. En esa línea, uno de los rasgos  principales del “poder” civil y religioso es la “ceguera” de los dirigentes, que precisamente por ello (por ignorancia y resentimiento) dominan sobre los hombres y les destruyen.

¿Ceguera esencial de los dirigentes de un sistema de poder? Un tema esencial de Jesús

La Ingrata Ceguera Espiritual - Estudio

   Asumiendo la línea profética de los profetas y apocalípticos de Israel, Jesús ha condenado la ceguera de los dirigentes de Israel y lo ha hecho de manera tan intensa que a veces nos parece incluso exagerada. Estos son algunos de los puntos salientes de su mensaje (tal como he podido destacarlo destacado en mis comentarios a Marcos Mateo, Verbo Divino, Estella, 2013 y 2017), de manera que aquí puedo prescindir de las citas: 

a.Jesús supone en principio que (en aquel contexto de opresión de Galilea y Jerusalén, en torno al año 30 d.C.) los que mandan son ciegos... precisamente por mandar y dominar como lo hacen. Sólo unos ciegos, con gran complejo de inferioridad, pueden mandar como ellos mandan, oprimiendo a los demás… Son ciegos que quieren guiar a otros ciegos, de forma que todos, al fin caerán en la fosa (infierno, muerte…) si no cambian.

b.Jesús ha venido a abrir los ojos a los ciegos…, retomando la palabra y misión del profeta del 2º Isaías: “He venido a abrir los ojos a los ciegos…”. Ésta es su misión, éste su milagro: Quiere que los hombres vean, que se conozcan a sí mismos y conozcan a los otros, para acompañarles en el camino, no para oprimirles. Ésta es la clave de su evangelio: Que unos hombres no juzguen a otros, imponiéndoles su criterio, sino que vean con claridad: Se miren y se dejan mirar, se encuentren mutuamente, en verdad, sin juzgarse unos a otros.

c.El Evangelio de Juan ha comentado esta misión de Jesús, ejemplificada en el milagro del “ciego de Siloé”, a quién él abre los ojos para que vea… Pero se oponen un tipo de fariseos que quieren que los ciegos sigan ciegos para dominarles. Estos fariseos son ciegos que dominan a otros ciegos, son el testimonio más claro de la perversión de un poder civil y religioso que se impone oprimiendo (manteniendo ciegos a los otros). El tema ha sido desarrollado de manera extensa en Jn 9, la gran catequesis de la superación de la ceguera. 

Proyecto y camino de Jesús, que los hombres y mujeres vean:

   Ésta es, a su juicio, la tarea esencial del evangelio, que se centra en el gesto y camino de abrir los ojos de los ciegos, para que vean y caminen en libertad, ayudándose unos a los otros. Éstos son algunos de los rasgos principales de este proyecto: 

  1. Jesús pide a los hombres que “curen” su ceguera, para así poder guiar a los demás, como ha destacado este evangelio de este domingo, los que miran “juzgando y condenando” están ciegos; tienen en sus ojos una inmensa catarata, como un viga o tablón de edificio. Los que juzgan y se imponen sobre los demás tienen una “viga” en su ojo… No quieren ver (como los fariseos de Jn 9). Por eso, porque ellos no ven, juzgan a los otros y les oprimen. Por eso, Jesús les dice que “curen” su ceguera, que aprender a ver (que conozcan, que se reconozcan) para poder así acompañar a los demás. Que sólo así, con amor, podrán ver la “pequeña mota” en el ojo del prójimo, para ayudarle (ayudarse todos) a ver.
  2. Aprender a ver (curar la ceguera) es un tipo de resurrección: Nacer de nuevo para ver, ver a Jesús (lo que significa Jesús, como perdón de amor, como capacidad de, ver en su verdad a los demás, para ayudarles en vez de oprimirles, para compartir la vida con ellos en vez de aprovecharse de ellos y “matarles”
  3. Esta es la misión del evangelio: Una nueva “visión”, mirar de forma distinta, mirar para admirar, para reconocer, para compartir, para alabar… como van indicando las escenas de ciegos del evangelio, desde el ciego de Betsaida (que se refiere quizá a Pedro, que tiene que aprender a ver, para asumir el camino de Jesús, Marcos 8, 22-26) hasta el ciego del camino de Jericó (Mc 10, 45-52), a quien Jesús cura para que le pueda acompañar en la subida a Jerusalén.

Conclusión más teórica, aprender a vernos… para así aceptarnos, amarnos… 

  1. Frente al esquema teórico (escolástico) de la simple aprehensión-juicio-raciocinio… Todos nosotros, con la iglesia, tenemos que aprender a ver con amor, con honradez. Sólo una mirada limpia es principio de cambio. Sólo el verdadero “conocimiento” (mirar sin tener vigas en los ojos), y así mirar a los otros y mirarnos, podrá hacernos capaces de cambiar. No se mira una cosa y después se juzga y se sacan las consecuencias, pues en la misma mirada está ya el “verdadero juicio de amor”: de aceptar lo que somos, sin ideologías, sin auto-justificaciones, sin verdades previas.
  2. Frente al esquema de los militantes del siglo XX, tenemos que ver de tal manera, con tales ojos, con tal verdad…que conocernos así y conocer la realidad la empecemos a cambiar… Sólo cuando nos conozcamos y aceptemos, en sinceridad, podremos cambar nosotros y hacer que puedan cambiar los demás, conforme a la palabra “amarás a tu prójimo como a ti mismo”: te conocerás, y podrás así conocerle a él, a tu prójimo, que es “otro yo” (lo mismo que tú, con su propia dignidad…. Con su verdad…).
  3. Desde ese fondo se pueden trazar muchas consecuencias… Que nos miremos cada uno de nosotros, y que de un modo especial se miren y conozcan los que pretender tener autoridad, pues para ellos (gobernantes, sacerdotes, fariseos…) ha enseñado Jesús esta “parábola del ciego” que quiere guiar a otros ciegos…
  4. Cuando uno conoce, cuando “ve” de verdad con los “ojos del corazón” nos juzgará, sino que amará, perdonará, acompañará…(los limpios de corazón, verán a Dios, verán a los demás, se verán y amarán: Mt 5, 7).

Una referencia final, desde Salamanca:  Lázaro el pícaro, Lazarillo de ciego.

Volver a aprender - SALAMANCArtv AL DÍA - Noticias de Salamanca

     El tema anterior, con citas de Jesús y de Platón, de Peter y de Orwell resulta quizá demasiado serio. A modo de contrapunto, desde el entorno de Salamanca y de su río Tormes, donde resido, quiero citar para los curiosos la más conocida “novela ejemplar” de la ciudad: La vida de Lázaro, lazarillo de ciego…No era ciego, sino lazarillo de ciego y después de otros personajes… No es malo el humor en estos temas. Hay gentes malas “como muchos ciegos que quieren guiar a otros ciegos para dominarles… pero sigue habiendo también simple pícaros pobres que se arreglan para sobrevivir, como este pícaro cuya estatua preside el puente y camino del río de Salamanca, subiendo hacia su universidad. Ásí comienza la vida de nuestro pícaro:

“Pues sepa Vuestra Merced, ante todas cosas, que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tomé González y de Antona Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue dentro del río Tormes, por la cual causa tomé el sobrenombre; y fue de esta manera: mi padre, que Dios perdone, tenía cargo de proveer una molienda de una aceña que está ribera de aquel río, en la cual fue molinero más de quince años; y, estando mi madre una noche en la aceña, preñada de mí, tomóle el parto y parióme allí. De manera que con verdad me puedo decir nacido en el río”.

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