El peso de lo femenino en la Iglesia

Javier Gómez Cuesta: «El peso de lo femenino se notará pronto y enriquecerá y modificara la ‘cúpula vaticana’ y la imagen de la iglesia»

Javier Gómez Cuesta
Javier Gómez Cuesta

«Creo que los curas merecen un recuerdo, un reconocimiento y un puesto en la pequeña historia de la Iglesia de Asturias. Son protagonistas de la evangelización»

«Veo dos retos: el de la mayor participación activa de seglares (y de la mujer) tan esperada pero no propiciada y facilitada, y el de la forma de ejercer el ministerio presbiteral en una sociedad tan secularizada y descristianizada como la occidental»

«Sigo con interés los pasos que va dando el Sínodo alemán. Y  hay que plantearse cómo presentar a Jesús, el Señor, a las nuevas generaciones tan distintas a nosotros»

«La devoción a María y el mayor número de mujeres en la feligresía practicante y participativa en las diversas labores es abrumadora. Sin ellas, la Iglesia no sería lo que es hoy»

«En las reformas, la institución eclesial es más lenta, todo parece integrar el carácter sagrado o quasi/sagrado…intocable, permanente»

Por Ángel Aznárez

I.- Introducción

El Simposio sobre “Teología fundamental del sacerdocio”, sobre la relación entre los ministros ordenados (sacerdotes) y todos los bautizados,  se celebró en el Vaticano los pasados días 17 a 19 de febrero de este mismo año de 2022. La preparación del Simposio y su desarrollo fueron dirigidos por el Prefecto de la Congregación para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet. Tal cardenal, en el discurso inaugural y ante el mismo Papa, se refirió a los crímenes de los sacerdotes indignos, asunto muy doloroso para monseñor Ouellet, que fue Primado de Canadá, y cuyos obispos, los canadienses, el 25 de septiembre de 2021, unequivocally apologize to the indegenous Peoples.

Ha sido interesante haber leído y podido meditar las importantes declaraciones de un sacerdote católico, de mucha experiencia ministerial y al frente de una importante parroquia, don Javier Gómez Cuesta, teniendo en cuenta los importantes discursos del cardenal Ouellet y del Papa mismo sobre lo que denominó Las cuatro cercanías, así como las varias ponencias en el Simposio. 

La pretensión de meditar las palabras de Don Javier motivaron la forma de las entrevistas, en las que el entrevistador se limitó a formular las preguntas para su desarrollo por el entrevistado, sin re/preguntar o manifestar discrepancia. Ante la importancia del entrevistado, no caben otras importancias. 

La escasa atención de los medios de comunicación a la celebración del Simposio es prueba de la pérdida de credibilidad de la Iglesia católica en todas partes, y por supuesto que en España también. ¡Qué responsabilidad!    

P.- Sigo con interés sus publicaciones, don Javier, en los medios de comunicación, en especial sus necrológicas puntuales con ocasión del fallecimiento de sacerdotes. ¿Por qué ese afán de recordar, de manera pública, a sacerdotes que usted conoció? ¿Acaso no lo hacen quiénes deberían?

R.- Es una consecuencia de la misión que tuve de Vicario General. Conocí más de cerca y valoré la dedicación y entrega de los curas.  Incluso de su variedad y peculiaridad. Son muchos los que merecen que se escribiera su biografía. Es una entrega y servicio callado y diario a multitud de situaciones de las personas. Han hecho de todo en las parroquias, además de su responsabilidad  estrictamente parroquial. Han sido maestros, asistentes sociales, socorristas en las necesidades, transportistas, animadores de la vida del pueblo, educadores, custodios  de sus tradiciones y fiestas y de su identidad, defensores de sus derechos, cuidadores de su patrimonio artístico –el templo parroquial mayoritariamente  es el edificio más emblemático y en él está su tesoro artístico-, se han alegrado y llorado  con sus habitantes… La realidad es que lo malo o sus equivocaciones y pecados, que los tienen y cometen  –¡el cura es un hombre!, sí, un hombre de Dios… un frágil hombre de Dios–, escandalizan. Es natural. Pero lo bueno que pueda hacer se ve como normal, no se suele  reconocer y menos aplaudir.

Creo que merecen un recuerdo, un reconocimiento y un puesto en la pequeña historia de la Iglesia de Asturias. Son protagonistas de la evangelización. Pretende ser un agradecimiento y una memoria de su vida, que no se olviden sus pasos y que pase también a la posteridad. Lo que siento es no poder escribir de todos.

P.- Hace años, nos reuníamos unos cuantos, usted también, don Javier, aquí en Gijón, a comer o “compartir el pan, siendo compañeros (cum/panis)”; entre ellos había dos sacerdotes, ambos ya fallecidos, José María Bardales, párroco de Fátima (Gijón-La Calzada) y José Luis Martínez, párroco de San José  (Gijón-Centro). ¿Qué recuerdo tiene de ellos? Cuéntenos.

R.- Son los dos un ejemplo de lo que acabo de describir. Muy amigos y muy distintos, iconos de una forma presencial y evangelización de la Iglesia en una etapa convulsa de movimiento social-industrial en esta ciudad. Vivieron casi toda su vida ministerial juntos en parroquias de barrio limítrofes cuando Gijón crecía y se extendía con todos los problemas sociales ¡y políticos! en vivo y en caliente. Participaron activamente en aquella pastoral obrera arriesgada de los años sesenta que al mismo tiempo que construía parroquia  generaba y creaba identidad de barrio.  La parroquia de Nª Sª de Fátima Calzada lo fue y se guarda su memoria. Luego Bardales continuó en esa parroquia que dejó José Luis para ocuparse de la céntrica de San José. Murieron también casi juntos. Al funeral de José Luis  asistió Bardales, ya con dificultad por el cáncer avanzado. Vidas paralelas. De mentalidad y compromiso evangélico similar, lo manifestaron cada uno con formas y modos distintos, uno con voz suave y baja, el otro en voz alta y provocativa. Hasta en su frecuente colaboración en los periódicos era notable esta diferencia. De espiritualidad recia y conservadora en lo fundamental, aunque pareciera lo contrario. En su época, dieron marchamo a la Iglesia en esta ciudad de Gijón. Anunciaron el Evangelio a los alejados y contrarios. Se movían en ámbitos refractarios a la Iglesia. Por eso fueron significativos. Como suele pasar, también fueron discutidos, no todos les aplaudieron. 

P.- Se habla mucho de la falta de vocaciones sacerdotales, lo cual me parece muy importante en una Religión, como la cristiana, muy de clérigos. ¿Será un aviso de la Divina Providencia, señalando una preferencia por una Iglesia menos clerical, es decir, menos dominadora, jerárquica y de poder?

R.- Es uno de los grandes y graves problemas y desafíos del momento actual de la Iglesia en España y en Europa. Las crisis anuncian y exigen reformas, renovaciones cuando son bien entendidas y dirigidas. Lo dice bien el papa Francisco: no hay que confundir crisis con conflicto. La crisis puede ser un momento de gracia, el conflicto destruye.

Hay circunstancian ambientales en Europa que influyen. No pasa lo mismo en otros continentes. El número de católicos sigue creciendo. Disminuye en el nuestro. Leo con curiosidad e interés a los sociólogos Bauman y Lipovestky. Me ayudan a entender lo que pasa. Estamos en una cultura líquida, individualista, narcisista, que cuida mucho el cuerpo y poco la interioridad. Uno de los signos más evidentes es la fragilidad del compromiso matrimonial, algo tan humano y tan roto. No está el patio para compromisos permanentes y definitivos. La  solidaridad tan pregonada es más bien para actos puntuales y motivados,  nos dan miedo las entregas personales definitivas. La misma iglesia en Europa no está en un momento álgido. El entusiasmo que alentó el concilio Vaticano II duró poco. ¡Algo no supimos hacer, nos resistimos al Espíritu! Sufre una crisis, necesita una purificación. Y queda en revisión un modelo de Iglesia que el mismo Papa critica: el clerical. Veo dos retos: el de la mayor participación activa de seglares (y de la mujer) tan esperada pero no propiciada y facilitada, y el de la forma de ejercer el ministerio presbiteral en una sociedad tan secularizada y descristianizada como la occidental. Sigo con interés los pasos que va dando el Sínodo alemán. Y  hay que plantearse cómo presentar a Jesús, el Señor, a las nuevas generaciones tan distintas a nosotros. ¿Por qué las JMJs no tienen continuidad? Sí, es un cambio de época. Es el tiempo de los profetas. Debemos escuchar su voz. 

P.- Me llama la atención que en las tres grandes religiones monoteístas, el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam, en la práctica, lo femenino trastorne tanto, siendo verdad que en el Judaísmo las mujeres cada vez son más importantes (caso de las mujeres-rabino), así como en el Cristianismo, que el avance de lo femenino parece imparable. En el Islam la cuestión está más frenada, aunque ya hay mujeres-imán, caso de la argelina Kahina Bahloul. ¿Qué problema surge en el monoteísmo y en el desierto (religiones también llamadas del desierto) con el sexo femenino? 

R.- Aunque Dios los creó hombre y mujer, la cultura hasta nuestros días ha sido  muy patriarcal. ¡La mesa familiar la preside el padre, el varón! Desde Eva, ha habido en la Historia de la Salvación mujeres muy importantes que revelan un carácter muy femenino. En el Nuevo Testamento, los dos acontecimientos o momentos clave, el anuncio del nacimiento de Jesucristo y su Resurrección, tienen como protagonistas a mujeres. La importancia y el protagonismo de María en la devoción popular, se palpa hoy. Es el pilar más fuerte del cristianismo, después de la Eucaristía. Sus fiestas son las más celebradas y sus santuarios pueblan la tierra. En los comienzos del cristianismo, aparecen las mujeres muchas veces con distintos quehaceres. Han sido diaconisas con toda seguridad al menos hasta el s.VI. Bastantes teólogos  y escrituristas afirman su sacramentalidad. Famosa y repetida la frase  de San Pablo en Gálatas: “ya no hay hombre ni mujer, todos uno en Cristo”. 

La investigación sobre el papel y misión de la mujer en la Iglesia sigue abierta y ahora por mujeres teólogas que le prestarán una mayor dedicación. El papa Francisco “abre procesos” que pueden tener un desarrollo y profundización que irán diciéndonos lo que pertenece a la revelación y lo que es fruto normal del caminar por la historia. En esto hay que discernir si lo ejecutivo, la decisión de poder, se deriva del sacramento del Orden y si los dos grande documentos del Papa San Juan Pablo II,  Inter signiores y Ordinatio sacerdotalis, son definitivos para la ordenación sacerdotal de la mujer o se puede  y se debe seguir investigando. Lo admirable es la influencia que han ejercido y el  reconocimiento, seguimiento e imitación de su santidad y de la dimensión “profética” de muchas de ellas, como Santa Clara, Santa Teresa,  la Santa Madre Teresa de Calcuta… y otras muchas, cuyo influjo en la espiritualidad cristiana ha sido fundamental. Lo femenino en la iglesia tuvo y tiene un gran peso. La devoción a María y el mayor número de mujeres en la feligresía practicante y participativa en las diversas labores es abrumadora. Sin ellas, la Iglesia no sería lo que es hoy. 

P.- Es aún muy escasa la Teología escrita por mujeres. ¿Si las mujeres escribieran Teología habría menos “Dios-padre” y más “Dios-madre”? ¿Está hoy masculinizada la Teología? Si así fuere ¿Habrá que feminizarla?

R.- En poco tiempo se ha avanzado mucho, sobre todo desde el Concilio Vaticano II. He leído un artículo interesante de la presidenta de las Asociación de Teólogas Españolas con título acreditado a la que pertenecen 70 miembros. Hoy son rectoras de la Universidades Pontificia y de Navarra y ejercen docencia teológica en Comillas, Salamanca, Navarra, la Gregoriana de Roma…. y no digamos en Alemania  y otros países europeos. La acertada frase de “Dios Padre y Madre” es del Papa Juan Pablo I. Quiere expresar la totalidad del amor de Dios en intensidad, extensión, hondura, ternura…La definición de S. Juan: “Dios es amor”, a la que yo añado siempre la del Papa Francisco: “El nombre Dios es misericordia”

P.- ¿Cómo es posible que con unos textos tan destacados y de tanta igualdad entre los  hombres y mujeres, en el Evangelio (Palabra de Dios) y en las Cartas de San Pablo, la Iglesia parece estar en un extremo, calificado como “apoteosis de la masculinidad”? 

R.- La sociedad occidental (todas las culturas conocidas) ha sido muy masculina. La Iglesia camina en la historia. La sociedad y la Iglesia han ejercido entre sí una influencia mutua. Cabría hacer un estudio comparativo  para  ver si ha habido más mujeres notables que hayan tenido renombre, reconocimiento e influencia en la sociedad civil o en la vida de la iglesia. No olvidemos que hasta hace poco la mujer no podía votar ni tener cuenta abierta en los bancos. En las reformas, la institución eclesial es más lenta, todo parece integrar el carácter sagrado o quasi/sagrado…intocable, permanente. Como muestra, los lefevbrianos, que despiertan recelos y son acérrimos defensores de lo antiguo, arrogándose una seudo-infabilidad en imaginario religioso. Son grupos combativos y estamos poco habituados a la unidad en la diversidad. Hemos sido temerosos a las divisiones, lo que  ha imposibilitado intuiciones, más y mayores reformas del Vaticano II. Para “inculturarse” la fe tiene que ahormarse en la cultura y mentalidad donde se siembra. Tenemos que ser una iglesia “en salida”. Me gusta esta definición del papa Francisco.   

P.- Roselyne Bachelot, actual ministra francesa de la Cultura, escribió que al cardenal Lustiger, fallecido arzobispo de París, cuando éste justificó la exclusividad del sacerdocio masculino por ser doce los hombres en torno a Jesús en la última Cena, ella misma le contestó: “Cuando se trata de comidas o cenas, los hombres siempre están allí, pero en los momentos verdaderamente penosos, caso de la muerte y entierro de Jesús, las que están son las mujeres”. ¿Qué opinión le merece la respuesta del cardenal y la apostilla de la Ministra?

R.- Es verdad lo que dice el Cardenal Lustiger, arzobispo de París, a quien visité una vez acompañando al Obispo D. José Sánchez con motivo de confirmaciones a emigrantes españoles en esa ciudad. Sin duda, la descripción evangélica de la Última Cena, donde Jesús les dice “Haced esto en memoria mía”, ha condicionado el ministerio sacerdotal sólo para varones. Esto se ha vivido pacíficamente hasta nuestro tiempo.  Y lo que dice la ministra Bachelot, es un poco de caricatura provocativa, pues también estaban los hombres.  La cuestión es valorar la importancia y trascendencia de esos momentos y qué se deriva de ellos. ¿Quiso reservarlo sólo para ellos? De hecho, no conocemos testimonios antiguos claros en que las mujeres  presidan la Eucaristía. La Teología es una ciencia viva que, con el entendimiento humano iluminado por el Espíritu Santo, se adentra en el insondable misterio de Dios.  

P.- Dicen que por los pasillos del Vaticano transitan pocas mujeres, especialmente por algunos. ¿Por los pasillos de las parroquias cuántas transitan? ¿Y por los pasillos de su parroquia, cuántas?

R.- Estuve varias veces en los departamentos del Vaticano acompañando a D. Gabino en la visitas “al limina” y en otras ocasiones. He visto   mujeres, unas religiosas otras seglares, en oficinas y por los pasillos…Ahora ya han comenzado a asumir cargos o misiones de responsabilidad importantes, alguna calificada como de “número 2” en el gobierno de algunos dicasterios  (equivalente a ministerio civil). La puerta ya está abierta y veremos hasta donde llega el camino. Fue significativa la celebración del Papa confiriendo ministerios a las mujeres el pasado domingo 23 de enero. Es un comienzo que tendrá más etapas. El peso de lo femenino se notará  pronto y enriquecerá y modificara la “cúpula vaticana” y la imagen de la iglesia.

En las parroquias son mayoría e indispensables, llevan muy bien las responsabilidades que asumen y a las que se prestan con infinita dedicación. 

P.- ¿Cree usted lo que escribió un poeta español de que hay que poner el grito en el Cielo para que te oiga Dios? ¿Está Dios tan sordo? 

R.- Me recuerda el interrogante: “¿Creer en Dios después de Auschwitz?». Nos tenemos que remitir al pasaje del Evangelio de Jesús en el huerto de los olivos. Es el problema del mal. Será siempre un problema torturante, angustiante. En la persona de Jesús, en la Cruz, podemos encontrar, entre muchas sombras y gritos, un poco de luz y la voz de Jesús: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.

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