Teología de la prosperidad

Presidente CNBB: «Un cristianismo basado en la teología de la prosperidad es un cristianismo torcido»

Mons. Walmor en estrevista a Vatican News
Mons. Walmor en estrevista a Vatican News

«Un cristianismo que no se basa en la solidaridad y la fraternidad universales es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no contempla la experiencia profunda de llegar a los pobres y a los que sufren es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no arroja luz sobre la reorganización de la sociedad es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no devuelve la esperanza y la alegría de vivir en una fe profunda está torcido”

«El gran reto es precisamente una fe como experiencia, una experiencia que toque la vida de las personas»

«La fe es una experiencia, una experiencia que responde a las exigencias que todos nosotros, sea cual sea nuestra cultura y nuestra condición, buscamos«

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Pentecostalismo

Estudios recientes demuestran que, en América Latina, especialmente en Brasil, se está produciendo un desplazamiento del catolicismo hacia el pentecostalismo, debate abordado en una entrevista concedida por Mons. Walmor Oliveira de Azevedo a Radio Vaticano-Vatican News.

Según el presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), éste «es un movimiento que lleva décadas», que define como «una gran transformación cultural y religiosa«. Sin embargo, el arzobispo de Belo Horizonte ve la necesidad de un análisis más profundo, dado que «es un tema importante y fundamental en la labor de evangelización».

Estamos ante «un movimiento de tráfico religioso, de mayor salida, pero también de retorno», insiste Mons. Walmor. Afirmando que es un tema que se está estudiando y que preocupa, «la preocupación no es simplemente desde la perspectiva de los números». Los obispos de Brasil, según su presidente, «queremos que Brasil sea cristiano, católico de manera especial», diciendo con respeto que «hay un crecimiento pentecostal de un cristianismo torcido«, destacando la necesidad de «proponer el cristianismo en su autenticidad».

El arzobispo de Belo Horizonte continuó explicando lo que sería un cristianismo torcido: «un cristianismo basado en la teología de la prosperidad es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no se basa en la solidaridad y la fraternidad universales es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no contempla la experiencia profunda de llegar a los pobres y a los que sufren es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no arroja luz sobre la reorganización de la sociedad es un cristianismo torcido. Un cristianismo que no devuelve la esperanza y la alegría de vivir en una fe profunda está torcido”.

Según el presidente de la CNBB, «Brasil y América Latina tienen ante sí el reto de ser cristianos». Para ello insiste en que «en el centro de la experiencia cristiana, evangélica o católica, está el tema de la autenticidad». Propone como gran trabajo a realizar, «que muchos vivan la experiencia, la fe cristiana católica«, algo que ve como «un enorme desafío y que la CNBB, como servicio a la Iglesia en Brasil, tiene como tarea primordial». Para ello, se necesitan nuevas respuestas, «a partir de las Directrices Generales para la Acción Evangelizadora de la Iglesia en Brasil».

Siguiendo la riqueza de la tradición de la Iglesia en Brasil, el presidente del Episcopado plantea el desafío de «un cambio de mentalidad, de modo de ser, de dinámica misionera«, insistiendo en la importancia del «modo de ser en la experiencia de fe de quien es misionero». Destacando que la Iglesia en Brasil tiene un horizonte y una dirección, dijo que «lo que necesitamos es fortalecer una gran experiencia de fe».

Mons. Walmor recordó la respuesta que dio al principio de este siglo a una pregunta sobre el gran reto de la Iglesia en el tercer milenio, cuando dijo que «el gran reto es la fe como experiencia«. Según el arzobispo de Belo Horizonte, «no es la fe sólo como conservación intelectual, racional y doctrinal». Destacando la importancia del tesoro de más de dos mil años que porta la Iglesia, insistió en que «el gran reto es precisamente una fe como experiencia, una experiencia que toque la vida de las personas».

Además de la organización y la gestión, es necesario «promover en la red de comunidades, en la vida de todas nuestras Iglesias particulares, en el modo de ser de cada ministro, una experiencia de fe que sea auténtica, que toque los corazones, que responda a las exigencias». Por ello, volvió a insistir en que, frente al pentecostalismo o el ateísmo, la Iglesia debe insistir en que «la fe es una experiencia, una experiencia que responde a las exigencias que todos nosotros, sea cual sea nuestra cultura y nuestra condición, buscamos«. El reto es «encontrar respuestas en este camino para que la gente pueda vivir la fe como una experiencia», concluyó Mons. Walmor

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