Francisco, otro Papa

Por | Faustino Vilabrille

El hermano Francisco, Obispo de Roma y Papa de la Iglesia actual, sin duda está siendo un referente mundial para muchos millones de personas, en un momento verdaderamente crítico para el mundo de hoy, en el que carecemos de líderes que sean buenos catalizadores para el conjunto de la humanidad, donde confluyan los anhelos de muchas personas que aspiramos a un mundo mejor, tanto para los seres humanos como para el planeta en que vivimos.

Para muchos millones de personas, Jesucristo y su mensaje es lo que da el sentido más profundo a sus vidas, tanto desde su dimensión humana como trascendente. Por eso, con frecuencia cada uno de nosotros nos preguntamos: ¿a mi, por medio de quién me llegó el conocimiento de Jesucristo y su mensaje?

La respuesta no puede ser otra más que esta: me llegó a través de la Iglesia.

Pero conociendo un poco la historia de la Iglesia, tenemos que reconocer sus enormes fallos de incoherencia con el mensaje del Evangelio, no solamente los del pasado, que allá la conciencia de quines los protagonizaron, sino los actuales, que son de un escándalo incalculable, como la pederastia y su ocultamiento por los dos Papas anteriores a Francisco, como las cuantiosas riquezas acumuladas durante siglos sin compartirlas convenientemente con los más empobrecidos, como su connivencia con los poderes económico-capitalistas, como la falta de compromiso con los derechos humanos al interior de si misma (que aun no firmó porque en su estructura aun no los cumple adecuadamente, aunque los defienda hacia el exterior), como los millones a pagar en indemnizaciones de pederastia (solo en EE.UU. 3000 millones de $), mientras miles de personas se están muriendo de hambre cada día.Sí, esos dos Papas, tapaban a los pederastas e incluso ocultaban a alguno de ellos entre los muros del Vaticano, pero en cambio y a la vez censuraban con gran dureza a los Teólogos y a la Teología de la Liberación comprometidos abiertamente con ser fieles al Evangelio y a la causa de los más empobrecidos, incluso perseguidos y a veces asesinados por su lucha por la justicia.Todo esto que pasó antes y sigue pasando ahora en la Iglesia, es lo más horrible y contradictorio con Jesucristo y su mensaje, pues El mismo dijo: «no podéis servir a Dios y al dinero», «aun te falta una cosa más (le dice a un joven rico): vende todo lo que tienes, dalo a los pobres y tu ven y sigue», «quien recibe a un niño de estos a mi me recibe», «quien escandalice a uno de estos pequeños más le vale tirarse al mar con una rueda de molino al cuelo».

Sin duda la fe se apoya en Jesucristo, pero gracias a la Iglesia, después de más de 2000 años, hemos tenido conocimiento de El y su mensaje. Por eso, a la vez que tenemos que reconocer esos fallos tan graves, también tenemos que reconocer que a lo largo de la historia de la Iglesia hubo creyentes verdaderamente ejemplares como los primeros cristianos que se enfrentaron al poder absoluto del Imperio Romano a la vez que buscaban la igualdad y la fraternidad entre todos ellos, o el gran San Francisco de Asís, por su compromiso con los empobrecidos y que se adelantó ocho siglos al movimiento ecologista actual por el reconocimiento y afecto tan singular que profesaba a toda criatura, como refleja en el Cántico del Hermano Sol, y considerándolas a todas ellas como verdaderas hermanas nuestras. A la vez que había esos fallos en la iglesia, también había muchos creyentes en la base de la Iglesia fieles y comprometidos con Jesucristo y su mensaje.

Si dentro de la Iglesia estamos tan mal, fuera de ella tampoco estamos nada mejor, pues frente al mensaje de justicia, amor y fraternidad de Jesucristo, los ricos y poderosos del mundo actual están sirviendo al dinero cada día con más y más voracidad, con hambre insaciable de tener y tener sin límite. A esos ricos y poderosos ya no les importa absolutamente nada de lo que pasa en este mundo, con su dinero y poder se sienten absolutamente poderosos y legitimados par hacer lo que quieren. Se sitúan por encima de la Humanidad y no tienen miedo a nada ni a nadie. Gastan millones en caprichos, sin importarles para nada el sufrimiento de millones de seres humanos. Son los mayores enemigos del Ser Humano y del Planeta. Parece que estamos en un mundo de locos. Veamos: «Desde el inicio de la pandemia, ha surgido un nuevo milmillonario en el mundo cada 26 horas, a la vez que 17 millones de personas han perdido la vida a causa de la COVID-19. En julio de 2021, el hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, viajó con sus amigos al espacio en su nave de lujo, gastando 5,5 mil millones de dólares, 550 millones por minuto, mientras millones de personas perdían la vida innecesariamente por falta de acceso a alimentos y vacunas. La riqueza de los 10 hombres más ricos se ha duplicado desde que comenzó la pandemia. Los 10 hombres más ricos del mundo poseen más riqueza que los 3100 millones de personas más pobres. La brutal desigualdad que hay en el mundo actual lleva la muerte a unas 21.300 personas al día. Las emisiones contaminantes individuales de 20 de los milmillionarios más ricos es 8000 veces superior a la de cualquier persona de entre los mil millones más pobres». Los países ricos son los causantes del 92 % del cambio climático, y las emisiones del 1% más rico duplican las de la mitad más pobre de la población mundial. (Fuente: Reciente Informe Oxfam-Intermon). La injusticia climática es una de las injusticias más grandes contra los empobrecidos del mundo, especialmente en África .

La persona que actualmente más se está enfrentando a estos espantosos escándalos es el Papa Francisco, tanto al interior de la Iglesia como a lo que pasa en el mundo actual, cada vez más convulso, dividido, asimétrico y enfrentado. Francisco tiene muy claro que ni la Iglesia ni el Mundo actual pueden seguir así.

Francisco quiere una Iglesia fiel y coherente con Jesucristo y su mensaje, quiere una Iglesia al servicio de la Humanidad, sobre todo al servicio de los más empobrecidos y necesitados de este mundo. Francisco quiere una Iglesia donde todo ser humano se sienta a gusto, se sienta en su casa, acogido, aceptado, escuchado, acompañado. Francisco quiere una Iglesia al servicio del mundo, no al servicio de si misma. A Francisco no le vale una Iglesia para el pueblo, pero sin el pueblo, pues el pueblo es la razón de ser de la Iglesia, como el pueblo fue la razón de ser de Jesucristo, pues El mismo «al ver la muchedumbre, sintió compasión de ella, porque andaban vejados y abatidos como ovejas que no tiene pastor». Francisco quiere una Iglesia generosa y desprendida, solidaria y comprometida, profética y arriesgada en la denuncia de las injusticias y los injustos y en la defensa de los más débiles y necesitados, siempre al lado de los más últimos. Francisco no quiere una Iglesia, solo de Obispos y Sacerdotes, Francisco quiere una Iglesia del pueblo, una Iglesia que el pueblo sienta como suya.

Francisco quiere un Mundo y una Creación, donde todo ser vivo sea respetado, cuidado y atendido. Para Francisco, la Tierra, es la Madre Tierra, a la que hay que cuidar como la Casa Común de todos los Seres Humanos y de todos los Seres Vivos, y al servicio de todos ellos, cuidada, cultivada y atendida por todos (Ver Laudato Si).

Es por lo que Francisco convoca un Sínodo Universal, no solo de Sacerdotes y Obispos, sino de toda la Iglesia, incluidas toda clase de personas, creyentes, de otras religiones agnósticos, no creyentes, librepensadores, porque quiere escuchar a todos cuantos puedan aportar algo para el bien de la Humanidad y de una Iglesia, cuya única razón de ser es precisamente el bien de Toda la Humanidad. Francisco quiere que esta finalidad una a toda la Humanidad, porque las finalidades unen a las personas.

Es por lo que todos debemos responder con la mayor diligencia a la llamada sinodal de Francisco, pero tememos y no poco, que los principales responsables de promover la máxima participación en el Sínodo, los Obispos, no secunden de lleno su llamada, precisamente y sobre todo aquellos que fueron nombrados por los dos Papas antes citados, pues alguno llegó a decir, cuando Francisco fue elegido, que «esto era un simple vendaval que pronto pasaría y volveríamos a lo de siempre». Otros organizan grandes excursiones con el nombre de «peregrinaciones», con estancia en hoteles de 4*, autocar de lujo y gasto por persona de más de 800 euros, con los cuales casi 400 niños podrían comprar sandalias para ir a la escuela en muchos países pobres de África donde les prohíben ir descalzos, que multiplicado por unos 50 «peregrinantes» serían unos 40.000 euros, que alcanzarían para vacunar a varios miles de niños contra el sarampión, el cólera o la tuberculosis en esos mismos países, donde la falta de vacunas los lleva a la muerte o a graves secuelas de por vida, a la vez que 5,6 millones de personas mueren cada año por la falta de acceso a servicios básicos de salud en países pobres.

Qué diferencia con Jesucristo, que pasaba todos los días curando el hambre, las necesidades y toda clase de dolencias del pueblo, a la vez que pedía hambre y sed de justicia, porque las injusticias de entonces como las de ahora estaban y están en la base de casi todos los grandes sufrimientos de los seres humanos.

Precisamente en Evangelio del domingo de hoy Jesús afirma: «El Espíritu del Señor está sobre mi porque me ha enviado a dar la Buena Noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar la libertad a los oprimidos». ¡Ay si Jesucristo se subiera a los ambones y a los púlpitos de hoy! Por lo menos los creyentes tenemos que hacerlo por El

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