Vayamos preparándonos…

Por Jaime Richart 

Con un sentido de la realidad no contaminado por factores ajenos a dicho sentido, como la ilusión, el miedo, el deseo o el ansia debemos prepararnos para un gobierno franquista con mayoría absoluta en las próximas elecciones generales. Convendrá ir tomando posiciones…

La inteligencia no está, ni estará más adelante, en tratar por todos los medios de evitarlo por vías regulares o clásicas de tiempos electorales, como la propaganda y las campañas. Ya está escrito. En árabe, maktub. Y no habrá ningún modo de evitarlo, porque ya, desde ese periodo que llamaron “transición modélica” de los años 1978, empezaron a prepararse los “candidatos” en aquella y sucesivas fases sin tener entonces la precisa idea de quienes serían los protagonistas.

Lo importante entonces era propulsar la ideología franquista de manera progresiva y madurándola poco a poco. Mientras tanto las facciones del franquismo moderado representado por los “conservadores” de la derecha, que necesitaban por supuesto a Europa, a la CE y sus ayudas (aunque las directivas de ésta se las hayan pasado sistemáticamente por el forro) hacían su agosto, expoliando al gusto las arcas públicas a lo largo de los veinte o treinta años siguientes.

Clave de este proceso, que ya desde el día siguiente era de fácil vaticinio, eran los siguientes datos: 1 mismo ejército, 2 mismos cuerpos policiales, 3 mismo cuerpo judicial. Ninguno de los tres estamentos, y principalmente este último, pasaron por una especie dePCR ideológica que acreditase su mentalidad democrática. Todos eran hijos, nietos o familiares de jueces, y así ha seguido hasta ayer. Los pocos que entraron sin esos antecedentes y han tratado de desmarcarse en sus sentencias del espíritu autoritario y autoritarista tomándose en serio la Constitución y en general el espíritu de la ley, tarde o temprano han sido expulsados, apartados o relegados de la judicatura.

Pues el cuerpo judicial, clave de todo sistema sociopolítico, no fue depurado. Ni tampoco pasó por un proceso intensivo de democratización que invitase a abandonar ese espíritu franquista de la una, grande y libre que durante 40 años había calado a la fuerza hasta los huesos, en todos aquellos que ostentaban alguna clase de poder. Y nadie más que los jueces lo tenían, y lo tienen en España, pues sin prácticamente, tanto entonces como ahora, vitalicios.

Por otra parte, el periodismo no ha contribuido en absoluto a la democratización. Se ha limitado a vigilar que se mantuviese a ultranza el bipartidismo arremetiendo contra todo conato de radicalismo de izquierdas que lo socavase. En estas condiciones ¿cómo podía esperarse algo distinto de lo que ha venido sucediendo y sucederá? Por eso hablaba al principio acerca de la facilidad del vaticinio, vista la estrategia o la trama, tras la muerte del dictador desde el principio hasta hoy.

Esta visión o percepción del sombrío panorama general lo mantuve desde la mañana en que se aprobó la Constitución hasta la irrupción de un nuevo partido político dispuesto a corregir o a desviar por el camino correcto a quienes se habían manifestado como progresistas a ultranza, pero apenas materializaron en treinta años otra progresía que la de la inercia de los tiempos y la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea. Pero en cuanto reparé en la suerte que le esperaba a ese partido emergente y auténticamente socializante; en cuanto presencié la reacción del periodismo dominante, regresé a los cuarteles de invierno y del más patético desencanto que se pueda imaginar…

Todo ello explica en buena medida lo que ha ido sucediendo año tras año. La derecha, y luego cuando ya se ha incorporado sin tapujos la ultraderecha, no han hecho otra cosa desde 1978 que recurrir a los tribunales toda ley, todo decreto, toda norma, desde el día siguiente cuando la izquierda nominal se alternaba con ella. Pues tenía la certeza de que, por el mismo conservadurismo franquista que compartían con los demandantes o recurrentes, les iban a salir bien sus demandas y recursos. Sobre todo en los asuntos cruciales. Como crucial fue y sigue siendo el procès catalán, o la benevolencia de la justicia con los ladrones o los prevaricadores de la derecha.

Ahora la derecha sigue al parecer por delante de la ultraderecha. Pero incluso en Europa los vientos soplan a favor de ésta. Sus correligionarios no tienen prisa. Y de acuerdo con la paciencia técnica, ésa que supuso esperar el momento oportuno a hacerse “necesarios” por su determinación militarista, en menos de dos años los vamos a tener en la Moncloa en sus dos versiones del franquismo, el de los franquistas moderados y el de los franquistas emparentados con el fascismo y el nazismo

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