El sistema patriarcal no nos ha educado para la paz

Olga Lucia Álvarez Benjumea ARCWP, Presbitera católica romana

 

Recuerdo que en el Colegio donde estudie, la teoría y las técnicas que nos enseñaron supuestamente para la vida, era hacia la competencia, a eso se le llamaba o llama Secretariado Comercial.
Mi maestra una religiosa muy piadosa, fiel a sus clases impuestas por el sistema nos enseñaba a vivir el Evangelio. En una de sus clases me atreví a preguntarle, por qué siendo el mensaje de Jesús, tan humano, solidario, pleno de amor y compasión no entendía lo veía reñido con el resto de enseñanzas, que eran técnicas de competencia, para sacar adelante un negocio y tener éxito. ¿Por qué esa contradicción?Solo sé que se quedó ploff, ante mi pregunta. Y solo acertó a decir, que así era, y que eso estaba permitido.

Hoy todavía “eso”, que es la competencia, sigue permitido y la contradicción con el Evangelio sigue.

Todavía sigo sin entenderlo. Si antes parecía como la defensa para el sobrevivir, hoy se ve como la destrucción, del otro a como dé lugar, es germen de la violencia inoculada en la educación cimentada desde las paredes escolares, la violencia que estamos viviendo; “eso es permitido”.

Acabar con el otr@ haciéndole trampas. No desprestigia sus productos, pero si se lo tira y destruye en los precios, hasta que se hunda y lo saque del mercado. Pero, eso no es malo, “eso es permitido”.

Esto que se nos enseñó en teoría, se aplica en la vida. Parecía algo en pequeño, insignificante, pero hoy esa teoría la vemos aplicada en lo macro. Es lo que hoy conocemos como el TLC (Tratado de libre Comercio) = libre competencia.

Si no se aplica a las buenas “eso es permitido” entonces se aplica con la violencia. La impunidad es la reina de la competencia. La corrupción la reina de la violencia.

“Eso no está malo” a eso se le llama manejo de la economía.

Por eso no es extraño, que veamos en la TV, en la prensa, redes sociales, la forma tan infame como se hacen el desplazamiento inhumano y crucial de violencia a nuestros campesinos y pescadores de sus espacios ¿Acaso no fue eso lo que hizo el rey Acab y su mujer con la viña del campesino Nabot? 1 Reyes 21. ¿Acaso no es lo que estamos viendo con la actual guerra Rusia con Ucrania?

¿Dónde, cuándo y cómo es que se va a cimentar la Buena Nueva, en nuestras familias, vecinos, grupos, pueblos, país, si a todo paso que damos, nos encontramos con la envidia, la mentira, el engaño, la ambición, la corrupción y la competencia?

Urge el cambio en la Educación, para dar vía libre al Evangelio. Nos tenemos que descolonizar y regresar a los valores ancestrales de nuestros pueblos. “No, no, eso no es posible, eso es retornar a la Edad de Piedra”, gritaran muchos.

Me estoy refiriendo a los valores ancestrales del trueque. El trueque también se puede aplicar en la era moderna. Es aquel “tú tienes lo que yo necesito y yo tengo lo que tú necesitas”. Es hacer que en nuestros pueblos se realice el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces, en donde comieron más de 5000 hombres, y eso sin contar las mujeres y los niños. Mateo 14:13-21. Texto que podemos aplicar en nuestros pueblos, sin tener que pedir permiso a nuestros gobernantes.

Es hora de que apliquemos las enseñanzas de Jesús, formando líderes y lideresas capaces de ofrecer programas de cambio generadores de paz, derribando la competencia impuesta por el violento e infame sistema patriarcal.

Si queremos el cambio, empecemos a cambiar. Si queremos paz, empecemos ya. Anunciemos el Evangelio honestamente. Es el Evangelio vs la competencia

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