El Papa en Malta


Francisco ya está en Malta, pero… ¿cuál es el objetivo de este viaje?

El enviado especial de ‘Vida Nueva’ al país mediterráneo analiza en primera persona las claves de esta peregrinación papal

Durará sólo día y medio el viaje a Malta que Francisco ha iniciado esta mañana a las ocho y media con un vuelo que desde Fiumicino le ha trasladado en hora y media al aeropuerto  de Luka. Allí ha sido recibido por el presidente George William Vella y dos niños vestidos con los trajes tradicionales que le ofrecerán un ramo de flores como señal de bienvenida.


Así comienza una jornada cuya primera parte se desarrollará en La Valletta, capital del archipiélago. En el que fue Palacio del Gran Maestre de la Orden de Malta y es hoy sede del Gobierno, el Papa se entrevistará con el presidente, con el primer ministro Robert Abela –que acaba de conseguir un triunfo electoral en las elecciones legislativas celebradas el pasado domingo– y pronunciará su primer discurso ante las autoridades y el Cuerpo Diplomático. Este suele ser indicativo de los objetivos de la visita y expresión de la visión que el papa y la Santa Sede tienen de la actual situación del mundo. No podrá no hacer referencia a la sangrienta invasión de Ucrania.

A bordo de un catamarán

Después de una pausa en la Nunciatura Apostólica, Bergoglio hará algo nunca ha hecho en sus viajes fuera de Italia: viajará en un catamarán hasta la isla de Gozo, la segunda en importancia del archipiélago. En el santuario mariano de Ta’ Pinu, ante una numerosa multitud, presidirá un encuentro de oración en el curso del cual pronunciará una homilía. Una vez regresado a La Valletta, podrá descansar y prepararse para  un domingo repleto de actividades y encuentros.

Francisco es el tercer Papa que visita Malta (Juan Pablo II lo hizo en dos ocasiones y Benedicto XVI en una el año 2001) y no falta quien se pregunte por qué la pequeña isla y su población que no llega al medio millón han tenido un trato tan privilegiado.

Con gran humanidad

La primera y más obvia respuesta es recordar y venerar la memoria de San Pablo que en el año 60 de nuestra era, cuando viajaba a Roma para ser juzgado, naufragó en la isla. Acogido por sus  habitantes “con gran humanidad”, como reconoce en los Hechos de los Apóstoles, permaneció allí tres meses evangelizando y creando las primeras comunidades cristianas.

Pero hay más razones. Las expuso el Santo Padre en su audiencia del miércoles pasado: “Ir a las fuentes del Evangelio- destacó- para conocer personalmente a una comunidad cristiana de historia milenaria y vivaz”,  así como visitar un país que por encontrarse  en el centro del Mediterráneo  y en sur del continente europeo  es hoy ”centro de acogida de tantos hermanos y hermanas que buscan refugio”. De hecho el último acto de su estancia será un encuentro en un centro donde viven emigrantes jóvenes en su mayoría procedentes de África y Asia.

Secularización

Aun cuando las estadísticas oficiales siguen registrando que el 85 por ciento de los malteses se declaran católicos, lo cierto es que, desde hace años, la secularización ha hecho enormes progresos y hoy el índice de práctica religiosa ha descendido vertiginosamente, sobre todo en las jóvenes generaciones. Un desafío que los pastores han tardado demasiado tiempo en percibir y contra el que todavía no se ha puesto en marcha una estrategia de recuperación. Quizás la presencia del Papa pueda ser una ayuda para alcanzar ese objetivo.

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