Redimir la Historia de dolor, no condenar

Jesús y la adúltera
Jesús y la adúltera

«No es fácil contar nuestra historia verdadera porque nos abrimos a la posibilidad de juicio»

«Jesús en su actitud de amor, redime a esta mujer adúltera, la vuelve en la posibilidad libre de tomar su dignidad»

«Hacer la experiencia de la dignidad de hijos de Dios nos invita, como dice san Pablo en la segunda lectura a los filipenses, a que nos dejemos conquistar por Cristo para que fluya la vida»

«La Samaritana, la Magdalena, la Adúltera, el Buen Ladrón, Pedro, Pablo, el Endemoniado de Gerasa, han cambiado su historia ante Jesús que los ha redimido en amor y, ha hecho fluir en ellos su mismo espíritu de vida»

Por | Fray Alfredo Quintero Campoy OdeM

La historia de cada persona es profunda y con dolores ocultos que poco o nada se conocen en la mayoría de las personas.

Jesús viene a cambiar en sabiduría un esquema necesario que hace sucumbir contantemente a la humanidad y que se hace vigente en la sociedad, en la iglesia, en la familia y entre los conocidos. Un esquema que necesita ser redimido.

Jesús nos lleva a un mirar la historia de dolor que cada persona lleva y a redimir esa historia. Hay quienes se la pasan acusando a los otros haciendo más agudo el dolor y no redimiendo.

La mirada de compasión de Jesús, en el caso de la mujer adúltera del evangelio de Juan de este domingo quinto de cuaresma, le libera de unos acusadores hostiles, que quizá muchos de ellos han cometido adulterios en mayor número que esta pobre mujer que se ve acorralada, sin salida, expuesta, avergonzada; sin siquiera atender dentro de su falta a su historia personal de dolor que no ha sido escuchada.

Jesús y la adúltera

No es fácil contar nuestra historia verdadera porque nos abrimos a la posibilidad de juicio a cualquier persona que le podamos contar nuestra historia.

Jesús es un conocedor de nuestras historias y eso le da una gran capacidad de entendimiento humano; en una actitud de cambiar en la oportunidad consciente que se nos brinda.

Primero hay que tomar consciencia de nuestra situación personal, lo que en libertad hemos hecho y nos hemos equivocado. En esa consciencia viene siempre, de parte de Jesús, la invitación al arrepentimiento.

Siguiendo en la temática del hijo prodigo del domingo anterior de cuaresma, siempre se resalta que un lugar de amor y de acogida ayuda en la toma consciente de diferenciar entre aquello que nos ha hecho perder nuestra dignidad y la posibilidad de volver a retomar esa dignidad.

Jesús en su actitud de amor, redime a esta mujer adúltera, la vuelve en la posibilidad libre de tomar su dignidad. De no dejarse estropear, de no malbaratar su comunicación de vida en el abuso de ella y, de los demás con ella.

Jesús nos hace siempre volver a tomar nuestra dignidad y en ella caminar. Como el mismo hijo pródigo del domingo pasado, a quien se le repone el vestido, el anillo, las sandalias, haciendo ver que tiene un Padre que lo ama, que sigue siendo hijo, que tiene una casa y un hermano. Así la mujer adúltera de este domingo de cuaresma, será invitada a no volver a pecar, a retomar su dignidad, a tomar consciencia en ella misma de lo que debe corregir para no exponerse a un sufrimiento del que si puede salir.

Hijo pródigo
Hijo pródigo

Este es el camino de sabiduría que Jesús plantea desde el inicio de su ministerio: El reino de Dios ya está aquí, arrepiéntete. Hacer la experiencia de la dignidad de hijos de Dios nos invita, como dice san Pablo en la segunda lectura a los filipenses, a que nos dejemos conquistar por Cristo para que fluya la vida.

Cuántas cosas en nuestra vida son basura, es decir, no nos dejan nada, sino aridez y desierto y por lo tanto tristeza profunda y vacío interior que se revela en mirada triste y desconsolada; expuestos  al zarandeo de tantos vientos que nos sacuden en inestabilidad, golpeados por un lado y por otro, ante el abuso de que no nos hemos dado ocasión de valor digno de nuestra personas.

La Samaritana, la Magdalena, la Adúltera, el Buen Ladrón, Pedro, Pablo, el Endemoniado de Gerasa, han cambiado su historia ante Jesús que los ha redimido en amor y, ha hecho fluir en ellos su mismo espíritu de vida. Historias redimidas donde se han dejado invadir por la palabra de vida de Jesús que les ha hecho cambiar un estilo de vida, que iban a la perdición, como lo dice respecto del hijo menor: estaba perdido y lo hemos encontrado, para dignificarlos, encomendándoles ser coparticipes en la misión de anunciadores de la buena nueva que Jesús les ha hecho experimentar.

Dios quiere redimir nuestra historia llena de dolor y, algunas veces en la equivocación de transitar por caminos que nos llevan a perder, para tomar el camino de vida que es Jesús; en la escucha de su palabra y encuentro de amor en él, que nos redime.

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