Metanoia Cuaresmal y Doctrina Social de la Iglesia

El método de Ver, juzgar y actuar se convierte así, en una propuesta cuaresmal, de discernimiento, conversión y construcción del Reino de Dios.

Ver es percibir cómo son las cosas en realidad: actos de comunicación del Amor providente de Dios. Pero esto implica también superar los numerosos sesgos cognoscitivos que nos hacen ver solamente lo que queremos ver de antemano. Aún con las mejores intenciones, estamos condicionados desde el vamos. Estos filtros los tenemos todos… “el que no tenga ideologías, que tire la primera piedra”.

También cierto modo de vivir en la Iglesia nos pueden condicionar fuertemente la mirada. Pensemos en cuántas cosas se hacen y se mandan en «nombre de Dios», sin que Él tenga que ver. Baste mencionar el «sesgo clerical» y el «autorreferencial», denunciados tantas veces por el Papa.

Buscar el Reino y su Justicia, purifica la mirada y genera hábitos en nuestra forma de ver el mundo y transfigurar la Historia.

Por Guillermo Jesús Kowalski Guillermo Jesús Kowalski

VER

Los contenidos de la Doctrina social son fruto de una larga experiencia del Evangelio en proceso de Encarnación en la historia humana: la Dignidad de la persona, la defensa de la vida humana, los Derechos Humanos, el Bien común, la lucha por la justicia, el Destino universal de los bienes, el trabajo, la propiedad privada, la Subsidiariedad, la Participación en la vida social, la Solidaridad, la opción preferencial por los pobres, la ecología, la bioética ante los nuevos avances científicos, etc. Prolíficos y profundos contenidos que brillan por su ausencia en la predicación habitual y no por casualidad, sino porque del corazón habla la boca (Mateo 12:34). La ignorancia de la DSI tiene causa: ¿Cómo creerán si nadie les predica?(Rom.10,14). Por eso, si poco se siembra, poco se cosechará (2 Cor 9)

Pero la DSI también nos brinda un método indispensable para abordar la realidad creada, averiada por el pecado, y en proceso de redención hasta el fin de los tiempos. El método de Ver, juzgar y actuar se convierte así, en una propuesta cuaresmal, de discernimiento, conversión y construcción del Reino de Dios.

Hoy aprovecharé este espacio para reflexionar sobre el significado del VER. La ascesis de la mirada nos previene del encantamiento de las palabras y la ilusión de los sofistas, que siempre termina en la pérdida de la originalidad genesíaca y en el mar de la confusión babélica. Si no se ve, no se puede discernir ni obrar en consecuencia.

Ver es percibir cómo son las cosas en realidad: actos de comunicación del Amor providente de Dios. Pero esto implica también superar los numerosos sesgos cognoscitivos que nos hacen ver solamente lo que queremos ver de antemano. Aún con las mejores intenciones, estamos condicionados desde el vamos. Estos filtros los tenemos todos. Decía mi antiguo profesor Lucio Gera: “el que no tenga ideologías, que tire la primera piedra”. Son estructuras de pensamiento, intereses (muchos de los cuales no nos damos cuenta prima facie) que nos condicionan y provienen del ambiente donde vivimos, de la posición económico social, de la institución a la que pertenecemos (y en la cual estamos seguros), de cómo somos reconocidos o no y mil etcéteras más que suelen hacernos cómplices de los pecados estructurales de la época. Todos acentúan un color u otro de la realidad y la mayoría de las veces no son muy racionales por más que las disfracemos y justifiquemos como tales. De todos los sesgos que llevamos, me hace pensar el mencionado por Galeano: “todo depende del dolor desde donde se mire”, detrás de cada mirada humana, siempre hay un lente de dolor, que puede ayudar o no a captar la densidad de las cosas.

Si no somos conscientes de nuestros sesgos, estaremos bloqueados por nuestras cegueras. Esto ocurre por varios factores. En primer lugar, por nuestra condición de creaturas, no somos Dios, lo cual no es un mal ya que el mal es la ausencia de un bien debido. No lo vemos todo como Dios, lo cual no nos desmerece sino que da el contorno de nuestra creaturidad amada y todos sabemos que las cosas se destruyen cuando pierden el contorno que los tiene contenidos y …contentos.

En segundo lugar, porque el pecado ha hecho mella en esta capacidad. Adán y Eva no vieron una “manzana” ni un “límite” a la libertad que los protegía y daba forma, sino que vieron la ilusión de ser como dios. La tentación idolátrica es permanente en la historia de del Pueblo de Dios. Hoy, esta mirada idolátrica se encuentra en el becerro de oro de los logros de la técnica y el progreso material: ya no son una herramienta para ayudar la naturaleza sino para reemplazarla con soberbia y egoísmo, erigiéndose en dueño en vez de administrador de los dones de Dios para todos. (Ver especialmente Laudato Si, cap.III)

Otras de las influencias mencionadas por la sagrada Escritura son “el mundo” en un sentido peyorativo, es decir, la capacidad de influencia de los demás. Pensemos en internet, los negacionismos, las fake news que tanto condicionan el conocimiento de la realidad, mientras nos convencen ingenuamente que lo que aparece en tv es la pura verdad porque aparece por tv o lo dice un influencer con miles de seguidores. Vivimos en la dictadura huxleiana de un “pensamiento único”, extorsionados hasta el moño con entretenimiento-consumismo y bajo amenaza de la “cancelación” si nos creemos listos y no nos masificamos «como se debe». Apoltronados en nuestro «mundo feliz» a costa de externalizar los costos hacia tantos hambrientos en el mundo, derramamos alguna lágrima por Ucrania y un minuto de odio por Putin, y así nos quedamos tan tranquilos. Escuchamos indignados las conclusiones de las cumbres del cambio climático y al otro dia salimos desesperados a la caza del «black friday».

También cierto modo de vivir en la Iglesia puede condicionar fuertemente la mirada. Pensemos en cuántas cosas se hacen y se mandan en «nombre de Dios», sin que Él tenga que ver. Baste mencionar el «sesgo clerical» y el sesgo «autorreferencial», denunciados tantas veces por el Papa, bajo el nombre de clericalismo y autorreferencialidad. El actual sínodo es un intento de abordar estas limitaciones que impiden vivir la comunión, participación y misión de los cristianos. Sin embargo seguirán quedando -adrede- cosas en el tintero , como por ejemplo ¿Qué visión pueden tener sobre la familia, el amor conyugal, la difícil crianza de adolescentes y la insegura cornisa del trabajo los líderes de una religión que  han sido obligados a renunciar a ello por una supuesta dedicación a fines superiores que les da una seguridad de por vida?.

La tercera fuente de esas tentaciones que desvían nuestra atención de la realidad como ella es, está dentro de nosotros mismos, “la carne” en sentido bíblico. Aquellas tendencias que llevamos dentro: la soberbia, la envidia, el resentimiento, la ambición desmedida, etc. y que nos hacen obrar el mal que no queremos como dice Pablo. Son nuestros “caprichos” en una época que incentiva el descontrol de las emociones. La manipulación psicológica tecnocrática recurre a la distorsión mental y explotación emocional para ejercer su control y así obtener beneficios, haciéndonos creer que nos lo «merecemos» y luego nos vende inacabables manuales de autoayuda para anestesiarnos.

Al negar el ejercicio de la virtud como la estructura antropológica del desarrollo de la personalidad, aquellos hábitos que nos predisponen de modo fácil y gozoso al bien; el ser humano actual se encuentra sometido al despotismo de sus vicios, justificados y alentados permanentemente y que produce lo que Pablo VI llamaba “una conciencia empecatada”, con muchas dificultades para distinguir la verdad, el bien y la belleza…la destrucción ecológica y el la injusticia social.

Por eso el primer paso de esta metanoia es pedir de modo realista, como el ciego de nacimiento “Señor, haz que vea”. Sin admitir el don de la Gracia presente -la Trascendencia amorosa de Aquel que está entre nosotros- todo esfuerzo es una ilusión pelagiana que se agota. Recordemos que ser católico es creer que la Gracia presupone siempre la naturaleza, la cura y la eleva. El Reino de Dios no descarta lo creado y lo humano para hacer un mundo idílico y artificial inventado por clérigos.

Contemplar a Jesús nos permite ver al verdadero Dios y al verdadero hombre y afinar la puntería cuaresmal para mirar más allá de nosotros mismos, la naturaleza como don de Dios y al que está en la periferia del sufrimiento como su presencia privilegiada que nos acompaña hasta el fin de los tiempos.

Buscar el Reino y su Justicia, purifica la mirada y genera hábitos en nuestra forma de ver el mundo y transfigurar la Historia

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