Una nueva teología con mirada de mujer

Marta Medina, docente en Comillas, cree que impulsan “una teología que abraza la realidad”“Todos, no solo los ministros ordenados, debemos ocupar nuestro espacio en las comunidades”

Marta Medina, teóloga

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, será una jornada especial para que el conjunto de la sociedad no baje la guardia y se siga trabajando con ahínco para que un trato justo y equitativo se consolide en cada vez más ámbitos, laborales y vitales. Un reto que no puede dejar de interpelar a la Iglesia y que experimenta de primera mano una nueva generación de jóvenes teólogas que han nacido ya en democracia y no dejan de hacerse preguntas. Vida Nueva trata aquí de recoger algunas de sus respuestas.


Un claro ejemplo es el de Marta Medina Balguerías, licenciada en 2019 en Teología en la Universidad Pontificia Comillas, que ejerce como docente en el mismo centro educativo de los jesuitas, en Madrid, en el Departamento de Teología Dogmática y Fundamental. Una labor pedagógica que compagina con el trabajo en su tesis, que versa sobre el concepto de paradoja en Henri de Lubac.

Antes, Filosofía

Antes de llegar aquí, se graduó, también en Comillas, en la carrera de Filosofía. “A la hora de plantearme qué quería estudiar –cuenta–, siempre me han gustado muchas cosas… Hasta qué caí en la cuenta de que lo que más me fascinaba era hacerme preguntas. Por eso entré en Filosofía en primer lugar”. Con todo, desde el principio, el bosquejo de Dios siempre estuvo ahí: “Mis padres han sido misioneros y yo siempre he sido creyente. En ese camino de ir haciéndome cada vez más preguntas, sentí que tenía que profundizar e ir más allá para poder responderme. De ahí que el paso a Teología fuera algo natural”.

En la carrera, al igual que en la anterior, había una mayoría de compañeros que se preparaban para ser sacerdotes y religiosos. Pero el hecho de ser laica y mujer no ha sido jamás un inconveniente para ella, ni en ese tiempo de formación ni ahora, como docente e investigadora: “No sé si es porque he tenido suerte, pero siempre me he sentido aceptada y valorada por mis compañeros. Tal vez sea porque es algo recíproco y yo también les he apoyado siempre a ellos, ayudándonos en todo lo posible. Apenas he tenido episodios de trabas o prejuicios por el hecho de ser mujer. Y, cuando los ha habido, lo hemos arreglado con facilidad y hemos terminado siendo amigos”.

Una tendencia

En cuanto a si se siente parte de una nueva generación de teólogas, Medina no tiene esa conciencia a nivel global, aunque, por las experiencias que comparte con otras compañeras teólogas, sí aprecia “una tendencia”. Y un camino en el que la condición femenina refleja una identidad propia: “No me gusta generalizar, pero veo que muchas mujeres tenemos una especial sensibilidad para aterrizar las cosas y dialogar con la realidad actual desde un acercamiento vital a ella. Un pensamiento que no va en detrimento de la profundización, pero que, tal vez, es diferente del que alumbran muchos hombres y que es más analítico y organizado en áreas, a veces separadas entre sí. Me parece que nosotras tenemos un pensamiento más holístico, integral, organizado en red y sintético. A nivel espiritual, se traduce en una fe más relacional, menos abstracta y que no se desgaja tanto de la realidad, sino que la abraza”.

“Por supuesto –enfatiza–, hay hombres teólogos que tienen esa sensibilidad más holística y mujeres que son más analíticas, pero, en general, creo que esta es una tendencia y es lo que podría caracterizar esa mirada femenina en la teología”. En ese sentido, “lo mejor es que son experiencias distintas y todos nos enriquecemos con esa diversidad de matices”. Algo que, considera, “sería bueno que se plasmase en el mundo académico, concretamente en los procesos de investigación. A veces, estos se rigen por un patrón algo masculino y tradicional, por un ‘esto siempre se ha hecho así’. Si nos abrimos a otras miradas, todos podemos aprovechar esta oportunidad de crecer juntos”.

Marta Medina, teóloga

Lo que aporta es la variedad

Y es que, si de algo está convencida Medina, es de que “lo que aporta es la variedad”. De ahí que sea más que positivo “aceptar que, en el ámbito teológico, todos reflejamos de algún modo nuestra identidad; es decir, nuestra experiencia vital. No parte de la misma realidad una persona consagrada que alguien como yo, que soy madre de dos hijos. Todas las miradas aportan y todos los matices cuentan. En mi caso, mi identidad la construyen en parte mi condición de laica, mujer y madre”.

Un aunar sensibilidades en el que hoy despunta la Iglesia alemana con un Sínodo en el que todos (desde un obispo a un laico) cuentan por igual y en el que no se rechaza de plano ninguna pregunta. ¿Es posible algo así en España? “Se están dando pasos –considera Medina–, pero aún queda mucho. El gran reto es que todos los bautizados, y no solo los ministros ordenados, ocupemos el espacio que debemos en las comunidades, tanto en el desempeño de muchas tareas como en la toma de decisiones. Eso afecta a la cuestión de la mujer, donde aún queda mucho que recorrer, aunque va más allá, pues se trata de involucrar a todos, ya que hay muchos roles y tareas que solo asumen los ministros ordenados. En general, la conciencia colectiva está abierta a ello, o al menos eso es lo que aprecio en los círculos en los que me muevo. Pero aún falta mucho y se han de dar pasos muy básicos que concreten la responsabilidad que todos y cada uno de los cristianos hemos de asumir en la Iglesia”.

Aterrizar la sinodalidad

“A veces –cierra–, veo que tenemos la sinodalidad en la boca, pero nos falta creérnoslo. Tenemos que abrirnos mucho más y no ir cada comunidad o grupo por su lado, con sus propias iniciativas, sin contar con el resto. Es necesario que sepamos caminar de verdad con los otros y nos abramos a ellos. A la larga, por la falta de vocaciones, va a ser algo que va a darse y que nos va a venir impuesto sí o sí. Por eso sería una gran noticia que supiéramos adelantarnos a la realidad y estemos preparados en la práctica para que todos trabajemos juntos y aportemos cada uno lo que debe en las comunidades cristianas”.

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