La importancia de la educación

Castillo: «Se palpa un descontento y hasta un notable desprecio de la política y de los políticos»

No nos representan
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«Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

«Lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda»

«Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza»

Por | José María Castillo teólogo

La pandemia, la guerra de Ucrania, la inseguridad económica y política, que tanto malestar están causando en tanta gente, todo eso y las contrariedades que lleva consigo la vida, son cosas de las que hacemos responsables a los políticos en buena medida. Cada cual, según sus ideas o sus conveniencias, culpa o disculpa a los gobernantes que rechaza o a los que le agradan, según los casos. El hecho es que se palpa un descontento y, en no pocos casos, hasta un notable desprecio de la política y los políticos. ¿Tiene esto remedio? Y si lo tiene, ¿en qué tendría que consistir?

Yo no he estudiado ciencias políticas. Ni he pertenecido nunca a un partido político. He dedicado mi vida al estudio y enseñanza de la teología. Y es por eso, por lo que yo me pregunto, si el “saber teológico” puede aportar algo que nos ayude a salir del enredo en que vivimos

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Está visto que la ciencia política y la experiencia de los políticos no nos sacan de este embrollo. Ni la dictadura ni la democracia, ni la derecha ni la izquierda, ni la monarquía ni los demás sistemas, que hasta hoy se han inventado, ninguno de tales sistemas, han podido sacarnos del malestar y los conflictos provocados, en gran medida, precisamente por quienes tenían que resolverlos. Además, por lo que sabemos hasta ahora, ni la economía, ni las ciencias sociales, han podido aportar la solución

Como ya he dicho, yo he dedicado mi vida a estudiar y enseñar la teología. Concretamente, la teología cristiana, en la que ocupa un puesto central el Evangelio. Pues bien, en las muchas horas, que he dedicado al estudio del Evangelio, me ha llamado la atención que el personaje central, Jesús de Nazaret, no le prestó el menor interés a la política. En una ocasión, cuando Jesús estaba enseñando a un gentío, algunos de los presentes informaron públicamente a Jesús del crimen que había cometido Pilatos al degollar a unos galileos que ofrecían un sacrificio sagrado. Ante semejante noticia, lo lógico habría sido que aquello era delito político insoportable.

Sin embargo, Jesús aprovechó aquella brutal noticia, no para ponderar el crimen de Pilatos, sino para decirle a la gente: “Os digo que no; y si no os enmendáis, todos vosotros pereceréis también” (Lc 13, 3). Y no es que Jesús les tuviera miedo a los políticos. Cuando le dijeron que Herodes quería matarlo, Jesús respondió: “Id a decirle a ese zorro…” (Lc 13, 32). Por lo demás, cuando Herodes mató a Juan Bautista, en una noche de juerga, el Evangelio relata el terrible episodio y se limita a decir que los discípulos de Juan lo enterraron. Jesús no dijo ni palabra (Mc 6, 14-29; Mt 14, 1-12; Lc 9, 7-9). Como no le respondió a Herodes cuando le estaban juzgando para matarlo (Lc 21, 9). Por lo demás, Jesús cumplió fielmente con sus deberes cívicos: “Dar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios” (Mc 12, 13-17; Mt 22. 15-22; Lc 20, 20-26). 

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Quien presionó, para conseguir la muerte de Jesús, no fue Pilatos, que se resistió hasta lavarse las manos en aquel asunto. La condena a muerte de Jesús vino de los dirigentes de la religión (el Sanedrín) (Jn 11, 47-53). 

¿Qué nos viene a decir todo esto? Los dos pilares sobre los que se basan las deseos y anhelos más profundos de todo ser humano son el poder y la riqueza. Como es lógico, los que no tienen ni para comer, lo que más anhelan es vivir. Pero, en el fondo, las dos apetencias, que son determinantes en la sociedad, son la “importancia”, que tiene su origen en el poder, y el “disfrute de la vida”, que solo es posible para los ricos. 

Ya sé que estas dos apetencias tienen muchos disfraces: en la política, en la ciencia, en la religión, en los negocios, los deportes… ¡qué sé yo! Pero lo que no admite dudas es que lo primero, lo más importante y lo más urgente, que tiene que gestionar – y gestionar bien – la política es la educación. Que no es sólo, ni principalmente, “enseñar”, sino sobre todo y antes que nada HUMANIZAR la sociedad, la convivencia, la vida toda. 

Y termino: si todo esto se piensa despacio y a fondo, no hay que ser un sabio para comprender dónde y por qué se destaca tanto “el fracaso de la política”.   

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