La piedad popular vuelve a las calles

LEONARDO SÁNCHEZ ACEVEDO

El teólogo argentino Carlos María Galli, partiendo del ‘Documento de Aparecida’ (DA) –resultante de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, celebrada en 2007 en tierras brasileñas–, recuerda que “en el ambiente de secularización que viven nuestros pueblos, la espiritualidad popular sigue siendo ‘una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe’ (DA 264). Ella debe ser recreada como una forma activa de la nueva pastoral misionera y un canal de comunicación cotidiana de la fe (…) que reconoce el potencial misionero de todo el pueblo bautizado como protagonista de la misión”.


Este 2022 se cumplen once años de la JMJ de Madrid. Los que asistimos pudimos vivir un Viernes Santo en el caluroso agosto madrileño en torno a un viacrucis que pasó a la historia eclesial de España y de toda la Iglesia. Ese momento fue todo un espaldarazo en línea con la Asamblea de Aparecida. En Madrid, junto a miles de jóvenes, pudimos vivir la contemplación de las imágenes sagradas más representativas de nuestra Semana Santa. Fue toda una manifestación de la religiosidad popular de España y la confirmación, en el marco de un encuentro mundial de jóvenes, de la importancia de la fe vivida y expresada en la piedad popular y su necesaria inclusión en la pastoral.

Volver a ver las colas para venerar el primer viernes del mes de marzo al Cristo de Medinaceli de Madrid ha sido un regalo cargado de esperanza y de invitación a la oración por la paz. Hay que establecer aquí un hilo conductor entre las imágenes del Papa orando en la tarde del 27 de marzo de 2020 frente al Cristo milagroso de San Marcelo, que salvó a la ciudad de Roma de la ‘Gran Peste’ de 1522, y ante la Virgen, ‘Salus Populi Romani’, de la Basílica de Santa María la Mayor, a la que reza y lleva flores tanto a la ida como a la vuelta de cada uno de sus viajes. Y unir ambas escenas con la oración de consagración de Ucrania y Rusia al Inmaculado Corazón de María del pasado 25 de marzo. Todas estas imágenes nos ofrecen una comprensión de la importancia de la piedad popular en la vida de la Iglesia.

Lugar teológico

Es necesario partir de puntos claves en el recorrido magisterial que nos ayuden a comprender esta vuelta a la calle de la piedad popular en Semana Santa. El pasado 26 de marzo celebramos en Sevilla el Encuentro Diocesano del Sínodo, al que acudieron miembros de comunidades parroquiales, asociaciones, hermandades y otras entidades vinculadas al mundo educativo, cultural y social de la archidiócesis hispalense. En esta reunión, entre los testimonios de laicos, salió precisamente a relucir la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que se celebró en el santuario de Nuestra Señora de Aparecida, patrona de Brasil. Se recordó que fue en esta asamblea eclesial donde la piedad popular fue reconocida como lugar teológico.

Ya decía Benedicto XVI, reivindicando estos puntos fuertes de la religiosidad popular, que son expresión de una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana que los misioneros les ofrecían: en esa religiosidad aparece el alma de los pueblos, como el amor a Cristo sufriente, el amor del Señor presente en la Eucaristía, el Dios cercano a los pobres y a los que sufren, la profunda devoción a la Virgen, a los santos y a la gran familia de Dios que es la Iglesia universal.

Todas estas expresiones forman el gran mosaico de la religiosidad popular, un precioso tesoro de la Iglesia que –como dijo el Papa– se debe protegerpromover y, en lo que fuera necesario, también purificar. Además, Benedicto XVI invitaba a los jóvenes en Aparecida a fortalecerse en la fe desde esta piedad popular, recordándoles que “su vocación consiste en ser amigos de Cristo, sus discípulos, centinelas de la mañana”.

La cultura de los sencillos

Y con el papa Francisco, en su exhortación apostólica ‘Evangelii gaudium’ (EG), se reafirmó ‘La fuerza evangelizadora de la piedad popular’ (EG 122-126), reconociendo que “se trata de una verdadera ‘espiritualidad encarnada en la cultura de los sencillos’. No está vacía de contenidos, sino que los descubre y expresa más por la vía simbólica que por el uso de la razón instrumental, y en el acto de fe se acentúa más el ‘credere in Deum’ que el ‘credere Deum’.

Es ‘una manera legítima de vivir la fe, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros’; conlleva la gracia de la misionariedad, del salir de sí y del peregrinar: ‘El caminar juntos hacia los santuarios y el participar en otras manifestaciones de la piedad popular, también llevando a los hijos o invitando a otros, es en sí mismo un gesto evangelizador’. ¡No coartemos ni pretendamos controlar esa fuerza misionera!” (EG 124).

El papa Francisco invita a reconocer, con la mirada del Buen Pastor, la vida teologal presente en la piedad de los pueblos cristianos, y especialmente en sus pobres: “Pienso en la fe firme de esas madres al pie del lecho del hijo enfermo que se aferran a un rosario aunque no sepan hilvanar las proposiciones del Credo, o en tanta carga de esperanza derramada en una vela que se enciende en un humilde hogar para pedir ayuda a María, o en esas miradas de amor entrañable al Cristo crucificado. Quien ama al santo Pueblo fiel de Dios no puede ver estas acciones solo como una búsqueda natural de la divinidad. Son la manifestación de una vida teologal animada por la acción del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestros corazones (cf. Rom 5, 5)” (EG 125).

Fuerza evangelizadora

Esta piedad popular, por tanto, no puede ser menospreciada y debe formar parte de una cuidada atención pastoral, sobre todo cuando vemos el atractivo que posee para muchos jóvenes. El papa Francisco nos anima a tomar en consideración la fuerza activamente evangelizadora que subyace en la piedad popular, a fortalecerla y alentarla “para profundizar el proceso de inculturación, que es una realidad nunca acabada. Las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un ‘lugar teológico’ al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar la nueva evangelización” (EG 126).

¿Ha sido este tiempo de pandemia un “parón” calamitoso para hermandades y cofradías? ¿Ha servido este tiempo para “purificar” la piedad popular de ‘adherencias’ perjudiciales para la fe? ¿O simplemente, llevados por cierta ansiedad, se retomarán las procesiones como si nada hubiera pasado? (…)


Índice del Pliego

El reconocimiento magisterial de la piedad popular como lugar teológico

La piedad popular en tiempos de pandemia: purificación, parón, regeneración, oportunidad y lanzamiento

Una constelación de testimonios para vivir la próxima Semana Santa y transitar por un renovado testimonio público de la fe

La normalidad es retomar la calle y no perder “los detalles”

Se ha derribado el mito de que “las cofradías solo existen para salir a la calle”

Viviremos “una nueva normalidad” de profunda espiritualidad

La Semana Santa sigue y la fe debe seguir

El regreso de las catequesis en la calle

La pandemia ha sacado lo mejor de las hermandades y su darse a conocer

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