La Caravana por la Ecología Integral

Mons. Vicente Ferreira: «La Iglesia sigue siendo muy lenta en este tema de la ecología integral»

Mons. Vicente de Paula Ferreira
Mons. Vicente de Paula Ferreira

«La alternativa principal y fundamental es que nuestras comunidades tienen que tener la soberanía de elegir su forma de vida, y eso es lo que la minería muchas veces no hace, porque termina imponiendo sus proyectos»

«Un punto que es fundamental es la disputa por el lenguaje, por la narrativa, por la visibilidad. Desgraciadamente, este sistema hegemónico y capitalista que está ahí, que sólo piensa en el beneficio, tiene en sus manos el poder de la comunicación»

«No fuimos allí sólo a pedir ayuda al Vaticano, fuimos a ofrecer nuestra historia, nuestra espiritualidad, nuestra defensa de nuestros pueblos y las experiencias concretas que tenemos en nuestro territorio»

«La Iglesia debe acelerar su proceso de resistencia y defensa de nuestros pueblos»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Dom Vicente Ferreira

El objetivo de la Caravana por la Ecología Integral en Tiempos de Extractivismo, formada por 10 personas de Colombia, Ecuador, Honduras y Brasil, que visitó Alemania, Italia, Bélgica, Austria y España, del 22 de marzo al 6 de abril, fue visibilizar «todas esas heridas que estos megaproyectos extractivistas causan a América Latina».

Uno de ellos fue Mons. Vicente de Paula Ferreira, secretario de la Comisión Especial para la Ecología Integral y la Minería de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), quien, de regreso a Brasil, explica en esta entrevista lo que vivió durante los encuentros y lo que esto significa para las comunidades afectadas por la minería, víctimas de crímenes que sepultan el futuro de muchas personas.

¿Cómo fue su experiencia de poder visitar varios países de Europa para dar visibilidad a la realidad de la minería en América Latina?

La Caravana por la Ecología Integral en Tiempos de Extractivismo, fuimos un grupo de 10 personas de la Red de Iglesias y Minería, de Colombia, Ecuador, Honduras y Brasil. La palabra es exactamente esa, sacar a la luz todas esas heridas que estos megaproyectos extractivos causan a América Latina.

Incluso trayendo crímenes como el de Brumadinho, Mariana, también llevamos la realidad de Piquiá de Baixo en Maranhão, Putumayo y Caldas, en Colombia, para mostrar a entidades eclesiales y civiles de cinco países de Europa, que fueron Alemania, Italia, Bélgica, Austria y España, esas voces. No son sólo denuncias, sino también anuncios, como hemos respondido varias veces cuando nos han preguntado: Pero ¿cuál es la alternativa?

La alternativa principal y fundamental es que nuestras comunidades tienen que tener la soberanía de elegir su forma de vida, y eso es lo que la minería muchas veces no hace, porque termina imponiendo sus proyectos a costa de expulsar a las familias de sus territorios, con la contaminación del aire, del agua y la devastación de la naturaleza. Esta fue la experiencia que tuve en esta caravana.

Mons. Vicente de Paula Ferreira y Cardenal Hollerich

¿Cuál ha sido la reacción de la sociedad civil y de la Iglesia en Europa ante lo denunciado y anunciado?

Mucha empatía, mucha aceptación, sensibilidad, aunque vemos que la Iglesia sigue siendo muy lenta en este tema de Laudato Si’, de la ecología integral. La propia sociedad en sus grandes organizaciones no se ha tomado en serio estos tratados para la protección del medio ambiente, para la lucha contra el calentamiento global. Aunque en cierto modo nos sentimos impotentes, los grupos que hablaron con nosotros fueron muy receptivos, e incluso pudimos reforzar nuestras alianzas.

Aquí en Brasil, por ejemplo, hay proyectos concretos que son apoyados por algunas instituciones eclesiales, que nos ayudan aquí a construir proyectos de vida para nuestras comunidades. He sentido mucha empatía, mucha acogida y también compromisos. Por ejemplo, desde el punto de vista de la sociedad civil, hay un compromiso de las organizaciones para construir la ley de la debida diligencia, que Europa está construyendo, que es precisamente para responsabilizar a las empresas en toda la cadena de producción, y también para defender a quienes son víctimas de estos procesos extractivos.

¿Cómo podemos ayudar a la Iglesia en Europa, en América Latina, en el mundo entero, a tomar conciencia de que el cuidado de la Casa Común es una misión de cada bautizado y de la propia Iglesia?

La primera es pasar por un proceso de conversión personal. No podemos esperar la iniciativa de otros. Si tenemos conciencia, vamos a hacer lo que está a nuestro alcance. En mi caso, esto es visible. ¿Por dónde empezar? A través de un testimonio concreto en los territorios, tenemos que abrazar una causa concreta, no sirve hablar de cosas abstractas. En mi caso, acompaño a Brumadinho, y estoy allí junto a las comunidades. Y tantos otros que aparecen porque abrazan causas concretas.

Un punto que es fundamental es la disputa por el lenguaje, por la narrativa, por la visibilidad. Desgraciadamente, este sistema hegemónico y capitalista que está ahí, que sólo piensa en el beneficio, tiene en sus manos el poder de la comunicación. Por ejemplo la Vale, muestra lo que hace, pero lo que no hace, y el dolor de la gente que sufre con sus crímenes, no lo muestra. Por lo tanto, ayudar a la Iglesia es también ayudar a que esto sea visible para nuestros propios líderes y fieles. Otro punto que destaco es la formación, la elaboración de materiales formativos para grupos de catequesis, para jóvenes, para familias, para sensibilizar a nuestra Iglesia.

Brumadinho

Usted ha seguido de cerca la realidad de Brumadinho, uno de los mayores crímenes ambientales de la historia de Brasil. Para las personas que viven en Brumadinho y en otras regiones fuertemente afectadas por las consecuencias de la minería, ¿qué significan este tipo de iniciativas, como la caravana que acaba de terminar?

Mostrar que estas comunidades están heridas y al mismo tiempo tienen vida, sueños, quieren vivir una vida feliz, lo logramos con mucho entusiasmo, poniendo a Brumadinho en la mesa de los organismos internacionales, en el discurso de la Iglesia en el Vaticano, en el Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, llevando los casos de Mariana, de Piquiá, mostrando que nuestro pueblo sufre, está herido, pero quiere vivir, tiene proyectos de agroecología, de turismo, tiene espiritualidad, tiene vida de Iglesia, tiene sueños, tiene deseos, que no necesariamente pasan por la minería.

La gente, las comunidades, tienen otros proyectos y hay que respetar su autonomía para decidir su futuro. La caravana dio un gran impulso para mostrar la memoria de todo lo que está pasando.

Ha hablado de la visita al Dicasterio de Desarrollo Humano Integral. ¿Qué significa esta atención del Vaticano para Iglesias y Minería?

Significa mucho, hice la sugerencia de que deberíamos caminar más juntos. Tuvimos una reunión, el Dicasterio está en transición, y fuimos recibidos por parte de la coordinación, por la hermana Alessandra Smerilli, y nos insertó en movimientos muy importantes. No fuimos sólo a pedir, sino también a llevar nuestra experiencia, y creo que la experiencia de resistencia en América Latina, con tantas redes de defensa de la vida, de los derechos humanos y de la naturaleza, puede aportar mucho al Vaticano, al Dicasterio.

No fuimos allí sólo a pedir ayuda al Vaticano, fuimos a ofrecer nuestra historia, nuestra espiritualidad, nuestra defensa de nuestros pueblos y las experiencias concretas que tenemos en nuestro territorio. También trajimos esto como tarea, para caminar aún más cerca de este Dicasterio, que es el lugar más importante para nosotros para discutir, en términos de la Iglesia universal, de Iglesia Católica, la cuestión de la ecología integral.

Visita Dicasterio Desarrollo Humano Integral

De cara al futuro, pensando en la vida de las comunidades que son acompañadas por Iglesias y Minería, ¿qué puede representar esta caravana y las luces que encontraron en los diferentes lugares y entidades visitadas?

No podemos resistir ni proponer alternativas si no conocemos profundamente nuestra realidad global. Estos problemas, Mariana, Brumadinho, no son sólo problemas locales, esto es un estilo, es el resultado de un capitalismo global, que está profundamente cuestionado. Y como modelo de economía global, profundamente herido, y causando graves daños a tantos millones de personas en el mundo y a la naturaleza.

Mostrar una mirada crítica a esta realidad, para no sufrir lo que sufrimos en tantos territorios, que es la alienación. Es como si la minería fuera así, siempre lo ha sido, seguirá así y no podemos cambiar. Primero hay que plantear la cuestión, cuestionar este modelo, luego hay que demostrar, como hicimos nosotros, que las comunidades tienen vida, tienen proyectos. A menudo se sacrifican proyectos en nombre del lucro que ni siquiera se queda en nuestro territorio, sino que se va al extranjero.

Mostrar a las comunidades su importancia, la importancia de su canto, de su danza, de su familia, de su río, de su agricultura familiar, de sus pequeños proyectos comerciales, de su culinaria, de su forma de ser. Esto es muy reforzante. La caravana muestra la forma de ser latinoamericana, esto ayuda mucho.

¿Cuál es su mensaje a los obispos y a la Iglesia de Brasil y de América Latina sobre la realidad de la minería y las consecuencias que está teniendo en la vida de la gente?

Este tema no es un tema secundario, es transversal, es primordial, es urgente. Ahora la guerra sobrecargará nuestro continente latinoamericano y África, porque habrá escasez de materias primas. Entonces se acelerarán los procesos de destrucción de nuestros territorios, de explotación.

La Iglesia debe acelerar su proceso de resistencia y defensa de nuestros pueblos. Incluso, y esto es importante destacarlo, proponemos la desinversión de las empresas mineras que destruyen nuestros territorios, nuestros pueblos. Nosotros, como Iglesia, no podemos aprobar estos modelos económicos, ni siquiera recibiendo donaciones. Tenemos que saber dónde están nuestras inversiones, cuáles son los bancos, de dónde viene este dinero.

No puedo aceptar que una Vale, que mata a tanta gente en Brumadinho, luego venga «amablemente» a reformar mi Iglesia. Mata a la persona y luego va con las flores al cementerio y la gente aplaudirá porque es buena, porque donó. Es ella quien está matando a nuestro pueblo.

La propia desinversión, no recibir recursos, no invertir, no apostar por este modelo. Es una tarea muy importante para nosotros que somos coordinadores de diócesis, para los obispos, para los sacerdotes, hacer siempre este discernimiento de dónde estamos invirtiendo nuestros recursos. ¿Son fondos éticos o fondos criminales?

Y esto debería hacernos, ayudarnos, como creadores de opinión, a tener el valor de decirlo públicamente. Mostrarnos en las redes sociales, mostrarnos en la televisión, en las homilías, donde estamos, estos proyectos. Porque, de hecho, nuestro pueblo no puede defenderse solo, y tenemos una responsabilidad social ante tanta gente, tenemos voz. Lo que vivimos es a favor de estas víctimas, y no a favor del sistema que está dañando a nuestro pueblo y a la tierra.

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