El Buen Pastor

Pastor

El cuidado y la ternura del Buen pastor (Comunidad del resucitado (4))

El horizonte abierto en la clave del buen pastor es el cuidado y la ternura por el otro y por todo lo creado. El corazón del buen pastor es la gratuidad desmedida que procura el verdadero cuidado y el desbordamiento de un amor gratuito, sin medida, se trata de una donación que tiene fuente y su raíz en el corazón de nuestro Dios manifestado en este buen pastor que es Jesús de Nazaret.

 | José Moreno Losada

Querer ir sobre sus hombros y sentir que me llama por mi nombre es verdadera oración pascual. Los primeros cristianos, en medio de las dificultades, tuvieron clara la figura del Jesús resucitado que más les conmovía y les sugería deseos de seguimiento, la figura del buen pastor. Para nosotros hoy vuelve a ser la más deseada, necesitamos la cultura del cuidado y de la ternura, de la preocupación amorosa por los otros, del deseo de comunidad y de unidad. El buen pastor nos vincula en el ser de la comunidad, nos da la red que protege y anima en una seguridad que no es la del mundo sino la de la fraternidad. El mundo no podrá dar respuesta a sus problemas actuales sino lo hace desde la red de lo fraterno y esta relación de amor compartido ha de tener un fundamento inconmovible. Jesús es el buen pastor que da la vida y no se guarda para sí, que nos cuida como el tesoro más preciado que el Padre tiene y lo pone en sus manos, es el que nos puede llevar sobres sus hombros, llamarnos a cada uno por nuestros nombres y reunirnos en la verdadera comunidad de lo humano y de la esperanza. Vayamos tras él.

Las razones del corazón

La vida estructurada por racionalidad de tipo económico, laboral, político, técnico y práctico necesita de las razones del corazón. Ahí nos adentramos en la realidad del cuidado mutuo, donde descubrimos que lo fundamental está aquí. Hemos creado un mundo de progreso, riqueza, comunicaciones extraordinarias, información, democracia… pero todo ello no asegura el cuidado mutuo de lo humano y lo personal, más bien debe estar al servicio de ello.

 Pero, para eso, se necesitan corazones entrenados, emociones encauzadas para la alteridad, gozo del bien hecho, agradecimiento por lo bueno recibido, deseos de lo común y del bien público. Todo lo que hablamos de valores y de inteligencia emocional, que pasa necesariamente por las aspiraciones de seres almados que se motivan para amar, como referente existencial de realización personal y comunitaria.

Llamados y elegidos para cuidar

Hoy, en medio de esta situación de la humanidad, pandémica y de guerra,  crisis de lo humano y lo natural  que nos llama al cambio de paradigma, nos sentimos convocados a pasar del descuido desalmado, al cuidado en todas las dimensiones humanas y divinas, como nos ha propuesto el Papa Francisco en la encíclica “Laudato, si” y en Fratelli tutti:

– El cuidado de la naturaleza, que se ha puesto en nuestras manos por parte de un Dios amoroso que la ha creado con un cuidado infinito y que nos pide que la guardemos y la cultivemos con el mismo cuidado de su amor.

 –El cuidado de nosotros mismos, que nos viene exigido para poder amar a los demás con un referente sano y equilibrado. El trabajo de nuestra persona, de sus sentimientos y emociones, ha de ser un mandamiento principal porque es lo que Dios quiere hacer con cada uno de nosotros: cuidarnos para que crezcamos en sabiduría y en gracia delante de Él y de todos los hombres.

– El cuidado de los demás, como horizonte de alteridad cumplida. Sólo el que es sensible para cuidar a los otros, encontrará su propia vida: el cuidado de los otros es lo que nos garantiza ser sus prójimos y ser declarados benditos del Padre de Jesucristo.

En el cuidado de Dios. Pero todo eso sólo es posible si dejamos que el jardinero siembre y plante en nosotros el jardín de la justicia y de la paz. Dejarnos cuidar en nuestro interior por Dios es condición fundamental para vivir en el verdadero espíritu. Por eso, hoy, Jesús, en medio de este mundo ajetreado, rico, cansado y descuidado, sigue haciendo una invitación expresa y directa a la humanidad: “Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar… Allí, Él nos enseñará con calma, sintiendo compasión ante una historia humana donde vagamos como ovejas sin pastor”.

-La Iglesia, desde el Papa hasta el fiel más pequeño, estamos llamados a cuidar el descanso, la interioridad, el encuentro gratuito con Cristo y los hermanos, y todo ello para poder ser pulmón en este mundo. Para que otros puedan venir y descansar en nosotros, y sientan que el Señor es su Pastor y que nada les falta.

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