Las Grandes Causas… En lo pequeño


 José María Vigil y Pedro Casaldáliga


Desde sus primeras ediciones, nuestra Agenda se declaró «al servicio de las Grandes Causas». Primero fueron, precisamente, las «Grandes Causas de la Patria Grande», que por entonces aglutinamos en torno a cinco principales: la Causa Indígena, la Causa Negra, la Causa Popular, la Causa de la Mujer y la Causa Ecológica. A partir del año 2000 ampliamos el título: Agenda Latinoamericana «Mundial», dijimos, para asumir la creciente conciencia de mundialización que ya no permitía mirar sólo a nuestro Continente. Desde entonces, la Agenda ha dedicado su mirada y su mensaje a otras Grandes Causas, latinoamericanas y de todo el mundo: la Patria Mundial, el diálogo de culturas, el diálogo de religiones, la democracia, la recuperación de la política, un socialismo nuevo, la crisis climática planetaria, la propuesta indígena del Sumak Kawsay, la libertad, los derechos humanos, la igualdad, la propiedad, la ecología integral, la igualdad de género… Tales han sido los temas, los títulos, los lemas de la Agenda en los últimos años.

Siempre Grandes Causas, que, como el adjetivo indica, son causas grandes, causas macro, estructurales, políticas, reformadoras, revolucionarias incluso… No en vano, desde el principio, esta Agenda confesó su querencia liberadora, deudora del espíritu latinoamericano por antonomasia, la espiritualidad de la liberación. Espíritu, talante, ADN espiritual latinoamericano… que se caracteriza por el compromiso con la historia, por su pasión utópica y simultáneamente práctica, adicta a la «praxis de transformación histórica», a la transformación de la sociedad y del mundo. Causas, pues, siempre «Grandes», al fin y al cabo.

Pero, como nos recuerda la palabra de Mounier, «aunque todo es político, lo político no lo es todo» –matizando esta vez, un poco, por nuestra parte, el acento y la intención de la consigna–. Las Grandes Causas, tan políticas ellas, no lo son todo, aunque todo tiene que ver con ellas. Ha habido muchas zonas en nuestras vidas, y en la realidad, a las que, quizá por una falta de visión nuestra, parecía que no alcanzaban a llegar esas Causas tan grandes. Apuntando ambiciosamente sólo a lo macro, a lo políticamente eficaz, a lo estructuralmente transformador… hemos podido dejar con frecuencia fuera de nuestro compromiso lo pequeño, y a los pequeños, a las personas desvalidas, a quienes no cuentan para las estadísticas socioeconómicas, a las víctimas, a los ancianos, a los marginados por su condición sexual, a quienes cargan más vulnerabilidad, o simplemente, los asuntos de nuestra propia vida personal, familiar, cotidiana.

Y no se trata sólo de personas, sino también de otras Causas no consideradas «grandes» por esta sociedad (que todo lo mira desde la óptica del mercado), ni por nosotros mismos (que nos sentimos más movidos por lo político, lo socioeconómico, lo revolucionario, lo heroico). Se trata también, por ejemplo, de nuestra vida personal –familiar, privada–, de nuestro estilo de vida, incluso de nuestro tipo de alimentación (como que esto serían campos privados, libres, exentos de todo compromiso o ajenos a toda vinculación ética…). O se trata asimismo, de nuestra relación con la naturaleza –incluso con los animales–, o de nuestra resistencia o inercia al «cambio de patrón energético» social, que debe comenzar por nuestra casa…

Para no pocos de nosotros, con frecuencia, todos estos aspectos de la realidad y de nuestra vida, todas estas «causas menores», no han contado, las hemos ignorado tradicionalmente, sin mala intención, sin duda. Por nuestra formación anterior, tal vez nos parecía algo sin importancia, o privado-personal, demasiado «pequeño», insignificante en la escala de la eficacia de la Gran Política, y de la Gran Liberación.

«Lo político no lo es todo», efectivamente. Ni lo macroeconómico, ni las reformas estructurales, ni las Grandes Causas, solas ellas, dan cuenta de todo lo que en realidad es genuinamente «grande»: en valor en sí mismo, en dignidad, o en otro nivel, en otra longitud de onda… aunque sea algo ‘pequeño’ en tamaño, en número, en apariencia, o en eficacia política. Tenemos que redescubrir que las Grandes Causas también están comprometidas en todo ese inmenso ámbito de «lo pequeño», de nuestro día a día, de lo personal-privado, de la intimidad, de lo familiar, de las amistades, de la casa, la vivienda, el entretenimiento, el ocio… En todo ello debemos ser, insobornablemente, militantes permanentes de las Grandes Causas, para que seamos completos, enteros, holísticos.

En esta nueva edición, para redondear y completar su mensaje, la Agenda quiere llevar nuestra atención a este ámbito de lo pequeño, de lo habitualmente dejado de lado, lo tradicionalmente invisibilizado, lo olímpicamente olvidado… como si no existiera. Las Grandes Causas se juegan también –no «sólo»– en lo pequeño

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