El desafío de la revolución digital a la Iglesia

Portadilla del Pliego, nº 3.271
JESÚS MARTÍNEZ GORDO

Traigo a colación, tan solo a modo ilustrativo, algunas iniciativas que, disruptivas con respecto al modo –hasta entonces– tradicional de proceder, han sido acogidas con bastante normalidad. Me refiero, en concreto, al envío de WhatsAppsTelegrams y mensajes SMS y, luego, a la creación de grupos a los que se remitían, diariamente, oraciones, textos escriturísticos e, incluso, homilías –habladas o escritas– y gracias a los cuales era factible mantener un mínimo de relación comunitaria y saber los unos de los otros. En ocasiones, los grupos de chat cedían el paso a las videoconferencias para la formación teológica, para impartir catequesis, así como para tratar algún asunto ordinario de la vida parroquial o comunitaria o, simplemente, para interesarnos unos por otros.


En términos generales, se puede decir que hubo una gran preocupación, primero, por la dimensión litúrgica, celebrativa y oracional (las llamadas misas en ‘streaming’ y el cuidado de la plegaria, así como el reparto de la comunión a los enfermos, casa por casa, cuando fue posible).

En un momento posterior, se canalizó el interés por el anuncio, la palabra o la evangelización (particularmente, la catequesis y la formación teológica), sin descuidar, obviamente, la caridad y la justicia; en este último caso, visitando y ayudando a los necesitados. El ministerio de la presidencia y de la animación de la comunidad quedó muy centralizado en los presbíteros, asumiendo, en ocasiones, casi todos los servicios que, hasta entonces, prestaban otros bautizados, vistas las dificultades del laicado para salir, de manera autorizada, a la calle.

Soluciones imaginativas

Y también me refiero, por supuesto, a lo que se podrían denominar soluciones imaginativas –en especial, a lo largo de la Semana Santa y Pascua de 2020– y, en cierta medida, “paliativas”: por ejemplo, pasearse por el pueblo y bendecir aquellas casas en cuyos balcones o ventanas luciera algún distintivo cristiano el Domingo de Ramos. O procesionar la cruz el Viernes Santo e, incluso, leer algunos pasajes de la resurrección el mismo Domingo de Pascua.

Probablemente, una de las soluciones imaginativas, con mucho eco mediático, fueron los llamados “cepillos electrónicos”. A lo largo del año 2020, se pudo ver cómo irrumpían terminales electrónicos que permiten hacer donativos mediante tarjeta u otros dispositivos. Se trata –según se informó– de terminales TPV equipados con tecnología sin contacto en la que se permite seleccionar la cantidad que se quiere aportar (de 2, 5, 10 o 15 euros) acercando la tarjeta o el dispositivo móvil con el fin de contribuir al mantenimiento de la parroquia.

Sin duda, se pueden incorporar otras iniciativas, tanto o más interesantes que las que ahora reseño, pero con estas trato de indicar tan solo unos pocos ejemplos de cómo se han empleado algunas aplicaciones de la revolución digital en la pastoral ordinaria; concretamente, las que posibilitan una relación telemática.

Profesor y cristiano

A título personal, puedo señalar dos: la primera, como profesor. La segunda, como cristiano, interesado en favorecer otro modelo de Iglesia más en sintonía con el aprobado por la gran mayoría de los padres conciliares en el Vaticano II y ratificado por el Papa.

La pandemia me sorprendió presentando en diferentes lugares mi libro ‘Ateos y creyentes. Qué decimos cuando decimos “Dios”’ (PPC, 2019) e impartiendo un postgrado sobre la materia en la Facultad de Teología de Vitoria-Gasteiz. Pasados los primeros momentos de desconcierto, propuse a los matriculados conectarse vía Skype, un sistema de videoconferencia que había usado en alguna ocasión. Resueltos los problemas técnicos (asunto que llevó su tiempo), reanudamos la programación tal y como se había perfilado.

Pero sucedió que la dureza del confinamiento nos llevó, por invitación de algunos de los matriculados, a conectarnos otros días de la semana para ir comentando la situación general y la de algunas personas que nos eran más cercanas o conocidas, y ver si era posible echar una mano. Y, así, acabamos conectados todos los días, excepto cuando tocaba encuentro académico, para tratar estos y otros asuntos de la vida ordinaria en los que también se estaba jugando “lo que decimos cuando decimos ‘Dios’”.

El futuro de la diócesis

Pero la pandemia nos sorprendió, igualmente, a un grupo de cristianos, inquietos por el futuro de nuestra diócesis (Bilbao), hablando y encontrándonos, de manera informal, para tratar de ver qué podíamos hacer. El primer confinamiento complicó esta incipiente relación… hasta que nos pusimos de acuerdo en seguir conectados telemáticamente (en esta ocasión, vía Google Meet) e invitar a otras personas que –pertenecientes a diferentes grupos, movimientos, comunidades, parroquias y asociaciones laicales– pudieran sintonizar con esta preocupación por el futuro de nuestra diócesis.

Como resultado de estos encuentros y relaciones, nació el colectivo Berpiztu – Kristau Taldea, un grupo de creyentes –según se puede leer en su página web– preocupado desde hace tiempo por el presente y el futuro de la Iglesia en Bizkaia y que ha tenido la impresión, en más de una ocasión, de que –si no hacían “algo”– el futuro de su Iglesia diocesana “podía encontrarse seriamente comprometido, corriendo el riesgo de no ser un resto –pequeño en número, pero espiritual, teológica y comprometidamente significativo–, sino un residuo del pasado”.

Cuatro pilares

Estas, y otras iniciativas, se podrían agrupar siguiendo el esquema de los cuatro pilares o dimensiones de la comunidad cristiana: la liturgia, la espiritualidad, la experiencia religiosa y la oración; el anuncio, la palabra y la evangelización; el cuidado de la caridad y la promoción de la justicia; y la presidencia de la comunidad y el gobierno y magisterio eclesiales.

Siendo imposible abordarlas todas en la presente reflexión, con el detenimiento requerido, me permito ofrecer unos escasos datos socio-teológicos referidos a la Iglesia como comunidad de seguidores de Jesucristo y a la primera de estas cuatro dimensiones o pilares de la comunidad cristiana. (…)

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Índice del Pliego

I. LO DIGITAL COMO OPORTUNIDAD TEOLÓGICO-PASTORAL

II. IGLESIA O COMUNIDAD PRESENCIAL, PERSONAL Y VIRTUAL O EN RED

  1. La constitución de la diócesis ‘in partibus’ de Partenia
  2. La cuestión teológico-pastoral

III. LA LITURGIA, LA ESPIRITUALIDAD, LA EXPERIENCIA RELIGIOSA Y LA ORACIÓN

  1. Las misas en ‘streaming’
  2. Las burbujas oracionales
  3. ¿Qué se entiende por revelación o verdad y tradición?

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