Paz: fuente y culmen

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Ya ronda los tres meses la invasión de Rusia a Ucrania, mismos en que personas de buena voluntad en todo el mundo oran por el fin de la guerra y el arribo de la paz. El papa Francisco ha sido particularmente insistente en llamar al cese de hostilidades, calificando al conflicto como cruel e insensato.


Llama la atención la actualidad de lo que hoy nos dice Jesucristo en el evangelio de Juan (14,23-29): “la paz les dejo, mi paz les doy”. Y añade que no nos deja lo que entiende el mundo por ella: un sinónimo de inmovilismo, de pasividad. No. La paz no es una forma barata de ocultar los problemas, ni una manera infantil de sacarle la vuelta a las dificultades, ni sólo la ausencia de conflictos. Por el contrario. Es en medio de los ellos en donde tenemos que encontrarla, propiciando condiciones de justicia, de verdad, de amor, de fraternidad, en una palabra, de paz.

Y es aquí en donde, me parece, está el meollo del problema: la paz es fuente y culmen del Reino de Dios.

Fuente, porque es propia de aquellas personas que llevan a Dios en su corazón; que no son liosas, pero que tampoco rehúyen el conflicto; que son asertivas, pero no agresivas; que son capaces de combinar ternura con firmeza; que ponen la otra mejilla, pero que defienden a quien ya fue golpeado en las dos; que no se alteran, salvo cuando presencian una injusticia; que lloran de alegría, pero también de tristeza. Quienes viven así, con la paz de Dios en su corazón, son constructores del Reino de Dios, del Padre de Jesús.

Culmen, porque es el resultado de una cultura impregnada por la verdad y no por la mentira; porque para lograrse no atenta contra la dignidad de las personas y los pueblos, sino que la defiende: es justa; porque depende de relaciones amorosas, plenas de fraternidad y sororidad para poder concretarse. No habrá paz, entonces, si no se soporta en una comunicación veraz, en estructuras justas, en relaciones amorosas.

La paz que nos hereda Jesús de Nazaret, va mucho más allá de acabar con bombas atómicas, misiles nucleares y batallas galácticas -en lo macro-, y de prohibir el uso de metralletas cuerno de chivo, revólveres dorados o navajas asesinas -en lo micro-. Implica corazones y estructuras amantes de la justicia, de la verdad y del amor, constructores del Reino de Dios.

Pro-vocación

Pues el arzobispo de San Francisco, California, ya dijo que Nancy Pelosi, la poderosa presidenta de la Cámara de Representantes norteamericana, no será aceptada si se acerca a comulgar. ¿La razón? Ella ha dicho que trabajará para que una ley confirme el derecho de las mujeres a interrumpir el embarazo en ciertas circunstancias. No es que esté a favor del aborto, sino de que las mujeres decidan libremente si hacerlo o no. Ya el papa Francisco dijo que, en el caso semejante de Biden -darle o no la comunión por estar a favor de esa legislación-, estábamos ante una decisión política, no pastoral. En fin.

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