El Corpus y los refugiados:

La mesa de la eucaristía es larga, larga, larguísima

El Corpus y los refugiados
El Corpus y los refugiados

«Para aquellos ( responsables de la cosa pública o gente de a pie de calle) que todavía no saben o no quieren achicarse en la fila de los invitados al banquete para que quepan todos»

«Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices»

«En la Jornada mundial del Refugiado que es vecina de la del Corpus, la fiesta del pan del Dios humanizado que se expone, se trocea y se reparte, conviene recordar como Jesús entendió su vida como una gran invitación»

«La mesa de la eucaristía es larga, larga, larguísima y además no excluyente. En ella muchos se quedan sin silla»

19.06.2022 | Jose Luis Pinilla

No hablo para los convencidos, sino para aquellos ( responsables de la cosa pública o gente de a pie de calle) que todavía no saben o no quieren achicarse en la fila de los invitados al banquete para que quepan todos.

Recojo de Eduardo Galeano algunas de sus frases: “Desde siempre, las mariposas y las golondrinas y los flamencos vuelan huyendo del frío, año tras año, y nadan las ballenas en busca de otra mar y los salmones y las truchas en busca de sus ríos. Ellos viajan miles de leguas, por los libres caminos del aire y del agua. No son libres, en cambio, los caminos del éxodo humano. Viajan desde el sur hacia el norte y desde el sol naciente hacia el poniente. Les han robado su lugar en el mundo. Han sido despojados de sus trabajos y de sus tierras. Muchos huyen de las guerras, pero otros muchos más huyen de los salarios exterminados y de los suelos arrasados. Los náufragos de la globalización peregrinan inventando caminos, queriendo casa, golpeando puertas: las puertas que se abren, mágicamente, al paso del dinero, se cierran en sus narices.

Muchos son cadáveres que la mar entrega a las orillas prohibidas o cuerpos sin nombre que yacen bajo tierra en el otro mundo adonde querían llegar”. Algunos consiguen colarse.

Quizás sean estos, algunos de los que están formando parte de las llamadas colas del hambre en muchos lugares, buscando alimentos o dignidad… o refugio

En la Jornada mundial del Refugiado que es vecina de la del Corpus, la fiesta del pan del Dios humanizado que se expone, se trocea y se reparte, conviene recordar como Jesús entendió su vida como una gran invitación– sin imponer ni obligar – a la fiesta final de Dios para todas las personas en tomo a una misma mesa. Donde quizás para “adelantarla” en nuestros tiempos debemos seguir el consejo de aquella canción del musical El Diluvio que viene: “un poquitín que os estrechéis y se podrán sentar“. Para que se sienten sobre todo los que no tienen pan, ni tierra, ni techo ni refugio.

A esta mesa como nuevo Lázaro apurando las sobras que caen de la comida de Epulón, quizás se nos acerque (Achnur nos los recuerda) Nzedha Ndrodza Alphosine, que en 2019, cuando la milicia atacó su hogar, fue una mujer desplazada al este de la República Democrática del Congo, y que salió de su aldea, en la provincia de Ituri, junto a su familia. Y ahora, en un campamento de desplazados en otra parte de Ituri, Nzedha teme no poder volver a su aldea nunca.

Campo de refugiados

La vida aquí es dura. En la aldea, mi esposo y yo teníamos una granja. Con la cosecha obteníamos costales de maíz que luego vendíamos. Podía generar ingresos. Pagaba la cuota de la escuela de mis hijos y podía darles todo lo que necesitaban. Ahora, no puedo costear la cuota”, contó Nzedha. “Me siento abatida. No sé qué hacer. Tenemos hambre, y muy poca comida. Siento tristeza por mis hijos”.

Un nombre, una familia, una historia más en la cola cruel – por ser casi interminable- de los que a finales de 2021, engrosaron el número de personas forzadas a abandonar sus hogares que llegó a 89,3 millones. Es decir, un 8% más en relación con el año anterior y más del doble de la cifra que se tenía hace diez años. Esta cifra incluye el récord de 27,1 millones de personas refugiadas y 53,2 millones de personas desplazadas internas (es decir, aquellas que abandonaron su hogar pero permanecieron dentro de su país). Asimismo, incluye 4,4 millones de personas de Venezuela desplazadas en el extranjero y 4,6 millones de personas solicitantes de asilo.

La mesa de la eucaristía es larga, larga, larguísimay además no excluyente. Sale de los templos y se prolonga en el mundo y en la calle ( Como el Pan consagrado expuesto en las procesiones de la vida), buscando invitados en “los cruces de los caminos”. Y en las cruces de la vida. Sobre todo en las fronteras (la geográficas y las de todo tipo) que Es la mesa infinitamente larga.

En ella muchos se quedan sin silla, en ese cruel juego donde solo los listos, los “rapidillos”, los poderosos, etc., se apoderan de ellas. Porque aún privamos de sentarse a la mesa a muchos (por todos Dios dio la vida), dependiendo del color, la religión, la raza y el origen de cada cual. Y dependiendo también de … los papeles .

Colas extranjería

Esos papeles para obtener el asilo y refugio, tan ansiados, por los que los piden en España y en el mundo. Aquellos por los que me dicen también pujan las mafias para obtenerlos y revenderlos

En lo que nos toca, en estos días – y siempre – hay que garantizar el derecho a solicitar asilo, a los que están en la cola pidiéndolos. Se acercan a las mesas de internet o de las ventanillas burocratizadas, pero no los alcanzan. Algo importante está en serio peligro. Me dicen que es tarea ímproba solicitar cita para pedir la solicitud. Y esto puede hacer que, a que los vienen huyendo de un país, los “saquen de la cola” de las solicitudes de asilo y queden expuestos a la expulsión si es que no han conseguido acceder a una acogida residencial preventiva.

Por eso para estas situaciones u otras parecidas es importante también flexibilizar los requisitos y procedimientos para otras solicitudes. Como la renovación y obtención de permisos de residencia y/o trabajo . Y así combatir la irregularidad sobrevenida además de fomentar la inclusión social y la igualdad de oportunidades, especialmente en contexto post COVID-19. Es necesario, es urgente, responder con agilidad política y administrativa tantas peticiones, en este caso, de asilo.

Ampliar la mesa del compartir supone pues ampliar los sistemas de acogida a personas que llegan, así como los sistemas mismos de acogida a solicitantes de protección internacional, garantizando plazas suficientes y unas condiciones mínimas de dignidad.

A la comunidad (política o religiosa), por ejemplo en Madrid, siguen llamando muchos a la puerta. A la Puerta del Sol y a las puertas de la noche. Que noche es para muchos la vida, cuando el sueño de alcanzar refugio se desvanece y desaparece de sus horizontes. Como se escapó el deseo de Nzedha y su familia de volver a sembrar, educar y vivir en su tierra Aunque el Señor de la Vida procesione por las calles de nuestras ciudades. Y pase a su lado. Y al nuestro. Muchos – como a los niños- le impedirán acercarse.

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