¿Vergüenza de ser occidental?

Manifestación en Madrid contra la cumbre de la OTAN

La gran habilidad de la política está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

El fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque

Representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco)

01.07.2022 | José I. González Faus teólogo

Muchos recordarán un incidente que se produjo hace años en un partido de fútbol Francia-Italia, final de un mundial o de una Eurocopa (no recuerdo). De repente Zidane dio un cabezazo en la cara al defensa italiano que le marcaba. Recibió una tarjeta roja y salió impertérrito del campo. Después se supo que su marcador se había dedicado durante todo el partido a meterse con la madre o la hermana de Zidane cada vez que se encontraban juntos, con frases como si la puta querrá acostarse conmigo esta noche etc., o parecidas…

Evoco la anécdota porque puede servir como ejemplo gráfico de las relaciones OTAN-Rusia durante los últimos años. Aunque Putin no sea, ni de lejos, comparable a Zidane, la OTAN sí que parece hermana gemela de aquel futbolista italiano: la gran habilidad está en conseguir que el otro se porte de la peor manera posible.

Antaño parece que Zidane tuvo paciencia para aguardar hasta siete minutos antes del final, y no perjudicar así a su equipo. Putin, por supuesto, es incapaz de esa elegancia y acabará hundiendo a Rusia. Pero ahí queda la frase triunfal del secretario de la OTAN: “Putin quería menos OTAN en sus fronteras, pues ahora tiene más”. Frase que muestra cómo la OTAN no es una organización defensiva sino imperialista y que a mí me produce vergüenza de ser occidental: porque esos no son nuestros valores y encima vamos de buenos por el mundo. Putin ha acabado siendo el más culpable, sin duda. Pero no ha sido el primero; exactamente igual que Zidane con su marcador.

La clave de la hipócrita conducta occidental reside para mí en este pequeño detalle: nuestro sistema socioeconómico es tan profundamente injusto que necesita un enemigo común para mantenerse en pie. Mientras existió la URSS, la cosa funcionó. Caída la URSS, anduvimos buscando ese enemigo común en la yihad y el terrorismo árabe; pero no funcionó porque, por salvaje que sea, es demasiado reducido y poco global.

Contra Alguien vivíamos mejor: como los españoles contra Franco. Al no tener ese alguien, nuestro sistema injusto y embustero iba cada vez peor y venía cuarteándose poco a poco: descrédito de los partidos, disminución del voto, aparición de extremas derechas sin casi más ideología que la ira, 15Ms, proliferación de nuevos partidos… Necesitábamos un enemigo común. Ahora que ya lo tenemos, estamos mejor. Hasta nos dicen satisfechos que es “la amenaza más significativa y directa”. Pero eso es lo que queríamos.

Luego, el presidente de un gobierno que él califica “de progreso”, nos llama a “fortalecer esa alianza”. A lo mejor al gobierno le pasa como a la ensaladilla rusa: que le han cambiado el nombre y ahora se llama “tradicional”. Nos aseguran que esa alianza a fortalecer es “solo defensiva”, por supuesto.  Pero ocurre que el fútbol y la OTAN han cambiado sus papeles: en el fútbol pensamos hoy que el mejor ataque es una buena defensa. En la OTAN resulta que la mejor defensa es un buen ataque. La OTAN nació, literalmente, como “compromiso de resolución pacífica de diferencias”. Y luego vemos cómo ha pretendido resolverlas en Afganistán, Irak, Libia o los Balcanes…

Por eso, si los ucranianos quieren un consejo (aparte del de reconocer que ellos no eran un país sin corrupción y limpiamente democrático), les diría que, cuando oigan decir a nuestros políticos que “siempre nos interesará ayudar a Ucrania”, entiendan que eso puede ser verdad si lo dicen el P. Ángel o sor Lucía; pero en boca de un político occidental solo significa: “siempre nos interesará tener a Rusia como enemigo”.

Y qué quieren que les diga: vale más un Dostoievski que mil Stoltenbergs; y representa más a Rusia un Tolstoi que mil Putines (como un Marcelino Camacho o un Ruíz-Jiménez representaban a España mejor que Franco). Siempre nos hará más bien leer “la historia de un peregrino ruso” que la de un militar norteamericano. Y Rusia siempre será más parte de Europa que esos Estados Unidos que han conseguido convertir a la Europa en gestación, en su perrito faldero.

Algún día sabremos además si dos países tan respetables como Suecia y Finlandia se han bajado los pantalones ante Turquía abandonando a los kurdos a su suerte, como se los bajó ante Marruecos nuestro presidente, defendiendo a los autores de al menos 23 muertos en Melilla, y echando la culpa de eso a las mafias: ¡exactamente el mismo argumento que daba Rajoy! Pero sin añadir que esas mafias surgen cuando hay gente que busca realizar derechos pisoteados. Porque no podemos aumentar el presupuesto ni para educación ni para sanidad ni para acoger a los migrantes. Pero sí lo vamos a aumentar para armarnos mejor (defensivamente, por supuesto).

Umberto Eco se precipitó: porque ahora es cuando podría escribir su gran novela, dejando estar la rosa y titulándola: “El nombre del progreso”. Y a propósito del progreso social se preguntaba hace muchísimos siglos el profeta Amós (6,12): “¿se puede arar con vacas? Pues vosotros convertís en veneno el derecho y la justica en acíbar».

 Y ya que sale la Biblia, me viene a la memoria una parodia de Jesús de Nazaret: “¿por qué miras la astilla en el ojo de Rusia y no ves la viga que llevas en el tuyo? Saca primero lo que llevas en tu ojo, y entonces verás bien para poder decirle a Putin: hermano, déjame que saque la astilla que llevas en tu ojo” (cf. Lucas 6, 41-42)

La cosa es tan seria que me pregunto si no obliga a UP a romper la coalición gubernamental aunque, seguramente, le irá mal en unas próximas elecciones. Pero al menos salvaría eso mínimo que es lo máximo: la ética. Y si hay que hacer políticas de derechas, pues mejor que gobierne la derecha. Las izquierdas siempre podrán aprender a rezar y pedir que no llegue un día en que estemos aún más tristes que hoy, porque la política “pacificadora” de la OTAN nos ha metido en una tercera guerra mundial (defensiva por supuesto).

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