Doce desafíos para los sacerdotes de hoy

 Alejandro Fernández Barrajón

      Sin duda alguna la vocación sacerdotal, como la vocación consagrada, contienen una belleza implícita que la hacen digna de admiración y respeto. Cuando un hombre y una vocación auténtica se encuentran se produce una polifonía de experiencias que causa asombro y agradecimiento.

       El pueblo de Dios necesita, hoy como nunca, sacerdotes de altura humana y religiosa que sean signo de la presencia divina en medio de los quehaceres y crisis que acompañan al hombre y a la mujer de hoy. La referencia de lo divino es un contrapunto necesario para que la sociedad avance y no se quede atrapada por lecturas materialistas de vuelo corto que producen una inmensa frustración. La fe nos concede una perspectiva de la vida que la hace más plural e interesante, más compleja y más rica a la vez.

       Cada tiempo ha tenido los sacerdotes que merece. Este tiempo nuestro necesita sacerdotes muy concretos y definidos que sepan iluminar este momento de gracia que vivimos. Hay retos y desafíos formidables en el mundo de hoy que necesitan ser despejados y clarificados por hombres de Dios que sean antes y, sobre todo, humanos.

  • 1) Sacerdotes bien preparados que se propongan ser, antes que nada, humanos y sensibles al momento de búsqueda y de frustración que vive el hombre de hoy. Sacerdotes caminantes y acompañantes que sugieren y no imponen, que señalan y no dogmatizan, que escuchan y no sólo hablan, que se hacen cercanos y no ajenos a las preocupaciones de la gente.
  • 2) Sacerdotes que saben escuchar en medio de un mundo que no escucha porque las palabras han perdido fuerza y convicción. Las palabras han perdido en gran parte sus connotaciones espirituales porque se compran y se venden todos los días y se convierten en negocio y en publicidad sin medida. Y nos hacemos sordos a las palabras y a la Palabra.
  • 3) Sacerdotes que no se preocupen en demasía por las formas y los ritos, por las leyes y lo establecido, y salgan a las esquinas de la vida donde se cuece el dolor humano y acampa sin peajes la injusticia y la falta de horizontes. Sacerdotes que caminen a pie por las calles y se acerquen a los estigmatizados y marginados por la sociedad de consumo.
  • 4) Sacerdotes samaritanos que no sacrifiquen el culto a la vida sino que sepan llenar de vida y llevar a la vida el culto a un Dios que es, sobre todo, misericordia y perdón. Sacerdotes que se olviden del papel de juzgar y ofrezcan espacios en sí mismos y en sus parroquias para el encuentro y el diálogo sanador.
  • 5) Sacerdotes que hayan leído mil veces el salmo 23 para parecerse al Buen Pastor y estar dispuestos a darse por entero a sus ovejas. Sacerdotes que hayan comido en la mano del Buen Pastor y hayan recostado muchas veces su cabeza en el hombro del Pastor divino hasta ser incondicionales suyos.
  • 6) Sacerdotes austeros y generosos, desprendidos y pobres, que saben que su riqueza es el Señor y los pobres que acuden a su casa. Sacerdotes comprensivos y familiares que han renunciado a ser autoritarios y a imponer un estilo de vida cristiana que no cuente con la libertad y la participación de todos.
  • 7) Sacerdotes que tienen una rica vida interior porque han sabido abandonarse a la oración, a la contemplación y al silencio fecundo de quien se refugia en la Palabra y la hace suya.
  • 8) Sacerdotes que tienen como una riqueza a los pobres que deambulan por las calles y las iglesias y les prestan consuelo, ayuda y esperanza.
  • 9) Sacerdotes que se distancian de las puntillas y oropeles, signos de un tiempo felizmente pasado, y no se refugian en las formas para disimular la pobreza del fondo.
  • 10)Sacerdotes según el corazón de Dios dispuestos a servir y no a ser servidos, a animar y no a imponer, a crear comunidad católica (universal) y evitar camarillas exclusivas y privadas. Sacerdotes de todos y para todos.
  • 11)Sacerdotes desclericalizados que no buscan tanto su pode r y su autoridad sino como su servicio a la comunidad, coherentes y cabales.
  • 12)Sacerdotes que abren ventanas a la calle para ver la realidad que pasa y descubren que el proceso sinodal nos invita a reflexionar sobre temas hasta ahora vedados: celibato opcional del sacerdote, sacerdocio de la mujer, bendición de las parejas de hecho gays…

   Allí donde los sacerdotes son hombres de Dios, cercanos al pueblo y testigos creíbles, la Iglesia se reviste enseguida de credibilidad y se convierte en una de las instituciones sociales más queridas y admiradas. Por eso es importante qué tipo de sacerdotes queremos para la Iglesia en los próximos años. No vale cualquiera. Hay estilos de ejercer el sacerdocio que generan rechazos generalizados y que hemos de revisar con urgencia por el bien de la comunidad cristiana. Sólo los hombres de Dios pueden conducir a Dios a los hombres.

Justamente lo que yo no soy capaz de conseguir.

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