Entrevista a Vittorio Scelzo

Vittorio Scelzo: «La vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad»

Vittorio Scelzo
Vittorio Scelzo

«Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver»

«Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos»

«Los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia»

Por Jesús Bastante

Hoy vamos a hablar de ancianos, abuelos y abuelas; de nuestros mayores. Esta semana se ha presentado el mensaje del papa Francisco para la II Jornada de los Ancianos y los Mayores que se celebrará este domingo, 24 de julio, y reflexionaremos sobre el mensaje de los mayores y de su papel en la Iglesia y en la sociedad con Vittorio Scelzo, que es el encargado de la Pastoral de Ancianos del Dicasterio de Laicos y Familia del Vaticano y responsable de estas jornadas.

-Buenos días, Vittorio.

-Buenos días a usted y a todos los que nos escuchan.

-Tenemos el mensaje del Papa recién sacado del horno. Cuéntanos cuáles son los ejes de este mensaje.

-El Papa habla de la vejez y esto ya es una novedad. Porque la gente, cuando habla de la vejez, lo hace eludiendo esta palabra. El Papa habla de vejez y dice que es un hecho que puede espantar, que asusta a la sociedad y que por eso la sociedad descarta a los ancianos. Y es muy interesante porque cuando habla de ancianos, lo hace en primera persona, se incluye. Habla a sus compañeros y dice: esta edad nos asusta, nadie nos ha preparado para vivirla y tenemos que buscar un sentido, una tarea para este tiempo de vida.

-Por qué ese énfasis en denunciar por un lado ese descarte y, por otro, en revalorizar la figura de los ancianos, de nuestros mayores, de nuestra memoria, también.

-Yo creo que las cosas están muy relacionadas porque cuando el Papa nos pide rechazar la cultura del descarte, no nos pide descartar un poco menos a los ancianos. Nos pide ponerlos al centro. Considera que los ancianos son un valor, no una carga para sociedad.

Él afirma que los ancianos son centrales en la sociedad y que los abuelos son centrales en la familia. Y desde el principio, su pontificado ha sido una larga explicación de esa idea. En el mensaje que salió del horno ayer, explica el papel que tienen los ancianos en nuestra sociedad en este momento histórico.

II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos
II Jornada Mundial de los Ancianos y los Abuelos

-El Papa los reivindica (y él se incluye) como protagonistas de la revolución de la ternura frente a la cultura del descarte en un mundo en el que echamos de menos los abrazos, la cercanía y ese cariño que los abuelos profesan a los nietos pero que también nos muestran al resto de la sociedad.

-Claro que sí. La revolución de ternura es algo en lo que Papa ha insistido en repetidas ocasiones. Pero me parece que hablar de revolución de la ternura después de estos años pasados, en los que los abrazos no estaban permitidos y en los que las visitas a los ancianos tampoco eran posibles, adquiere un sentido renovado. Y tiene un valor nuevo en este momento en el que, cuando miramos la televisión, solo vemos imágenes terribles. Creo que Francisco quiere que el papel de los ancianos destaque en este momento histórico. Dice claramente: la guerra ha comenzado en el momento en el que los que testimoniaron la guerra Mundial se murieron. Ahora que ya no están, la guerra no encuentra obstáculos para volver.

-Es una paradoja. Cuando la memoria de los que vivieron el horror va desapareciendo con ellos, volvemos a cometer errores similares a los que se cometieron hace varias décadas.

-Y eso arroja una luz sobre la insistencia del Papa en la importancia del diálogo intergeneracional. Porque uno puede pensar que el diálogo intergeneracional es el de un abuelito hablando a su nieto de cómo era su tiempo, cómo era de buena la vida hace cincuenta años… Se trata de la historia, de las enseñanzas que los ancianos tienen sobre la vida.

Por ejemplo, el Papa habla muchas veces de los sueños de los ancianos. Un sueño de los ancianos de Europa ha sido la paz en el continente. Nosotros vivimos en paz porque nuestros abuelos…

-Vivieron la guerra y fueron capaces de construir la paz.

-Claro que sí. Fue un sueño, el sueño que donan los ancianos a los jóvenes. Quizá deberíamos preguntarnos si el diálogo entre las generaciones ha funcionado.

El Papa y una anciana
El Papa y una anciana

-¿Ha funcionado?

-No sé. Probablemente hubo algún problema en la transmisión y el Papa lo dice; se sienten voces muy duras, es normal hablar de contraposiciones, de guerra, hay un lenguaje muy peligroso que retrocede. El Papa nos invita, por ello, a hablar un lenguaje diferente, desde la ternura, el de los abuelos con los nietos. La mirada tierna de un abuelo no es algo para un dibujito, es algo radicalmente distinto de lo que vemos en las noticias.

-Hay una frase del mensaje que me gusta especialmente, en esa línea de «exportar» el cariño de los abuelos a sus nietos, a la sociedad. Dice: «Nosotros (vuelve a incluirse), los ancianos y los abuelos tenemos una gran responsabilidad; enseñar, a las mujeres y a los hombres de nuestro tiempo, a ver a los demás con la misma comprensión y la misma mirada tierna que dirigimos a nuestros nietos. Hemos afinado nuestra humanidad al ocuparnos del prójimo y hoy podemos ser maestros de un modo de vivir pacífico y atento a los más débiles. Es exportar ese cuidado, esa ternura, ese cariño de los abuelos a sus nietos, a los mayores y a sus nietos. Al resto de la humanidad».

Esto se inserta dentro de las otras claves de este pontificado, esa unidad del mundo en su diferencia. Ese sentir que nos salvamos todos juntos. Que tenemos cuidar los unos de los otros y en ese papel, nuestro mayores tiene una función esencial.

-Sí, y añade que nadie se salva solo. Esto es algo que hemos comprobado durante la pandemia, pero algo que también nos enseñan los ancianos. La idea de aceptar que nos cuiden.

-Además, creo que el Papa está visibilizando no tanto su enfermedad, sino esa necesidad que tiene también de recibir cuidados. Está dando ejemplo. Lo decía ayer el cardenal Farrell en la rueda de prensa, el ejemplo de los que los cuidadores también necesitan ser cuidados. Hasta el mismo Papa de Roma necesita del cuidado y a su vez ser protegido para proteger y para cuidar. Estamos interrelacionados en eso y Francisco nos lo demuestra.

-Y esa relación es el centro del mensaje. La idea de que todos necesitamos una relación. Una ayuda, un cuidado. Alguien que nos abrace. Y seguiremos dando frutos, también en la vejez, si aceptamos esa necesidad de alguien que nos cuide y que nos acompañe. Y también, la idea de que nosotros podemos acompañar a otros. El Papa nos enseña cómo en la vejez se puede seguir dando frutos.

La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía

-Es, además, el lema del mensaje: ‘En la vejez seguiréis dando frutos’

-La fragilidad, la debilidad y la necesidad de ayuda es una verdad entre las personas, pero también entre los pueblos. Nadie se salva solo; eso está claro. La felicidad, dice el Papa, es un pan que se come en compañía.

-Se parte y se comparte… es muy evangélico. Es ‘jueves santo’.

-Sí. Y eso de la silla de ruedas me recuerda lo que dice Jesús a Pedro: «Cuando llegues a viejo, extenderás tu mano y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras… Pero tú sígueme». Y es esto; la idea de que nadie se basta a sí mismo y que todos podemos acompañar. Y hay un fruto que los ancianos de ahora tienen que dar y es enseñar el cuidado. Y cuando hablamos de lo opuesto a la cultura del descarte, no nos referimos a un lugar más limpio, sino a entender cuál es el papel de los ancianos en la sociedad.

Abuelos
Abuelos

-Es un papel activo y necesario. ¿Cómo estáis planteando desde el dicasterio los actos de la II Jornada?

-Nos gustaría que esta jornada llegara a ser una tradición en la Iglesia y que crezca sobre dos ideas bastante simples. La primera es que el 24 de julio de cada año sea un día de fiesta. El Papa dijo, cuando lanzó la jornada, una ‘fiesta del encuentro’ con los ancianos en el centro. Entonces, nos imaginamos que cada 24 de julio hubiera, en cada comunidad de cada parroquia de cada diócesis de cada lugar, una misa con los ancianos. Y tenemos que poner cuidado, porque los ancianos han sido por años los que más acudían a la misa, pero la pandemia los ha echado fuera. Han tenido miedo porque eran los más frágiles. Y ahora tenemos que procurar que ellos vuelvan a la Iglesia.

Y la otra idea es sobre la Iglesia en salida, en la que el Papa insiste muchísimo. Que los jóvenes, los adultos  y los niños vayan a visitar a los ancianos que están solos. Sabemos que hay muchísimos ancianos solos. En los países ricos los ancianos que viven solos son el 25%.

-Es la otra gran enfermedad de nuestras sociedades. La soledad.

-Es lo que estaba diciendo: la vejez no es una enfermedad. La soledad es una enfermedad. Y hay que curarla. Nosotros pedimos que los jóvenes visiten a los ancianos. El Papa lo dice de manera muy clara; es una obra de misericordia de nuestro tiempo.

-Hay que visitar a nuestros mayores no solo el día 24, sino acompañarles en un proceso. Porque la vida no es solo jornadas, aunque las jornadas nos ayudan a tomar conciencia y por eso es importante que se institucionalicen, como parece que se está institucionalizando este día de los abuelos y de los mayores en toda la Iglesia.

-Es claro que no podemos pensar en los mayores solo el 24 de julio. Pero la idea es que la jornada se repita cada año para que llegue a ser una virtud de la Iglesia. Tenemos que desarrollar una pastoral ordinaria de los ancianos y en España hay alguien que se ocupa de ellos en la Conferencia Episcopal. Pero hay muchísimos países donde, dentro de la Conferencia Episcopal, hay oficinas que se ocupan de todo pero no de los ancianos. Una persona me dijo una vez: «en mi Conferencia Episcopal, no nos ocupamos de los ancianos porque nadie me dijo que era mi tema».

Yo le dije: «Puedes ver en las noticias, cada mañana, que hay una urgencia de una pastoral ordinaria de los ancianos».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

-Son ‘nuestro tema’ también. Son nuestro presente, nuestra memoria. Los que, en muchos casos, nos han transmitido la fe. Los que la ha custodiado en los momentos difíciles.

-Y son nuestro futuro. Creo que todos esperamos tener una vida larga y esto significa que los ancianos son nuestro futuro. Una vez dijo el Papa: «Los ancianos no son ajenos: somos nosotros dentro de unos años».

La ancianidad es nuestro futuro. Es algo muy raro; esta sociedad ha luchado por siglos para alargar la vida y ahora, que tenemos veinte años más para vivirlos, ¿qué hacemos con ellos?

Abuelo con sus dos nietas
Abuelo con sus dos nietas

-No tenemos calidad. Y no reivindicamos la vigencia de esos años.

-Claro. El Papa dice: «lo máximo que nos ofrecen son proyectos de asistencia, pero lo que falta es un proyecto de existencia»

¿Cómo vivir? ¿Cuál es el papel social de una persona cuyos hijos son adultos? ¿Qué hacemos con nuestra vida después de la jubilación? Tenemos años, salud, los nietos están lejos, los hijos son independientes… Nadie nos ha preparado para vivir como ancianos

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