El Papa Francisco

La genialidad del Papa Francisco: su fidelidad al Evangelio

Francisco, con los Evangelios
Francisco, con los Evangelios

«Si algo resulta indiscutible es que la Religión mató a Jesús»

«El Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente»

«A mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño»

Por José María Castillo

Genialidad, según el diccionario de la RAE, es la “singularidad propia del carácter de una persona”. Esto supuesto, la genialidad del papa Francisco se distingue, sobre todo, por su fidelidad al Evangelio. Y por eso ha sido – y sigue siendo – un papa tan desconcertante. Tan elogiado por unos y tan mal visto por otros. Así es, aunque parezca mentira. O pueda parecer una explicación sin pies ni cabeza. Lo cual obviamente es un problema que mucha gente no imagina. ¿Por qué?

A mí me parece que el problema no está en que los conservadores ven este problema de una manera, mientras que los progresistas piensan lo contrario. Sin duda que eso puede influir. Pero a mí me parece que el problema de fondo, que nos ha planteado a todos el padre Jorge Mario Bergoglio, es bastante más profundo. ¿En qué consiste este problema?

Mandato nuevo
Mandato nuevo

Lo diré, según yo veo este asunto, de la manera más sencilla y breve que me es posible. La Iglesia, desde los siglos III-IV, dio un giro – tan comprensible como desacertado – que llevó (a esta Iglesia nuestra tan querida) a fundir y confundir la Religión con el Evangelio. Más aún, esto se hizo (y se sigue haciendo) de manera que el Evangelio ha venido a ser un acto o un componente de la Religión. Es más, ha sucedido (y sigue sucediendo) que, en la Iglesia, está más presente la Religión que el Evangelio. De ahí que (por poner un ejemplo) las personas, que van a misa, piensan y dicen que van a un “acto religioso”. Es decir, un acto de la Religión que dedica unos minutos a leer (o escuchar) el Evangelio y la consiguiente explicación, si es que el sacerdote predica la homilía.

¿Y qué tiene todo esto de problemático? Pues algo tan patente como estremecedor. Todo consiste en que, si leemos atentamente los cuatro evangelios canónicos (Mc, Mt, Lc, Jn), lo que queda más patente es que la Religión y sus dirigentes se enfrentaron a Jesús y su Evangelio. De manera que, si algo resulta indiscutible, es que la Religión mató a Jesús.

En efecto, el Evangelio está compuesto por una recopilación de relatos, en los que se destaca el enfrentamiento de Jesús y su Evangelio con la Religión y sus dirigentes. Un enfrentamiento que fue en aumento creciente. Hasta que llegó el momento en que los dirigentes de la Religión (sacerdotes, doctores de la ley…), cuando se dieron cuenta de que el Evangelio de Jesús atraía a la gente más que la Religión de los sacerdotes, se vio claramente que Religión y Evangelio son incompatibles. El relato más claro es el capítulo once del evangelio de Juan: cuando Jesús le devolvió la vida a Lázaro, aquello causó tal y tanta impresión, que el Sanedrín se reunió de urgencia y los dirigentes de la Religión vieron que tenían que matar a Jesús (Jn 11, 53).

El Papa, con los misioneros Padres Blancos
El Papa, con los misioneros Padres Blancos

¿Por qué se produjo (y se sigue produciendo) este enfrentamiento entre la Religión y el Evangelio? Porque la Religión pone el centro en el sujeto, en lo que el mismo sujeto religioso necesita o desea (bienestar, seguridad, poder, su propia salvación…). Por el contrario, el Evangelio pone el centro en los demás, en lo que los demás necesitan (salud, comida, dignidad, respeto, cariño…). Son dos dinamismos opuestos: lo primordial es “uno mismo” (Religión); lo primordial es “el otro» o los demás; y tanto más, cuanto más necesitados están los otros (Evangelio).

Ahora bien, el gran error, que ha cometido la Iglesia, ha sido fundir y confundir dos realidades contrapuestas. Pero ha unido estas dos realidades dando más importancia y más presencia a la Religión que al Evangelio. Por eso – de facto – en la Iglesia se ve y se palpa más la presencia de la Religión que la presencia del Evangelio. Por poner un ejemplo: ¿por qué la Iglesia tiene un dicasterio para la doctrina de la fe (Santo Oficio) y no tiene otro dicasterio para el seguimiento de Jesús?

Comprendo que todo esto necesita una explicación más amplia, mucho más amplia. Pero, con lo que acabo de apuntar, se puede empezar a comprender en qué está y en qué consiste “la genialidad del papa Francisco”. No sé si el Padre Bergoglio “lo ha pensado así”. Pero lo que importa, en la vida, no es “lo que uno piensa”, sino “lo que uno hace”. Y a mí me parece (y creo que se palpa) es que lo determinante, para el papa Francisco, no es la Religión, sino el Evangelio. Por eso el papa Francisco no entusiasma a los teólogos “de oficio”. Pero entusiasma a los necesitados “de respeto y cariño”.

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