La seguridad no la dan las armas, sino la confianza

El jesuita Francisco de Roux pacifica Colombia

El presidente de la Comisión de la Verdad se confiesa con Vida Nueva tras entregar el informe de la guerra: “La seguridad no la dan las armas, sino la confianza”Sesenta años de guerra en Colombia fueron recogidos en un informe de diez tomos y 900 páginas que el pasado 28 de junio presentó el jesuita Francisco de Roux, presidente de la Comisión de la Verdad, ente creado tras la firma de los acuerdos de paz entre el Gobierno del entonces presidente Juan Manuel Santos y las Fuerzas Armadas de Liberación de Colombia (FARC).


La redacción de este informe comenzó en 2018 desde un enfoque interdisciplinario para comprender el conflicto armado. Así, recolectaron 15.000 entrevistas individuales y colectivas tanto de colombianos en el país como de exiliados, donde abordaron 730 casos y el registro de 1.195 hechos de violencia. Invirtieron más de 23.000 horas de investigación y deliberación con documentos históricos.

De Roux revela a Vida Nueva cifras desgarradoras: “Empiezo a pensar en los casi diez millones de víctimas de toda clase: por desplazamientos masivos de ocho millones por más de 4.000 masacres; por miles de mujeres abusadas en el conflicto; por los niños llevados a la guerra y cerca de 30.000 abusados; por niñas obligadas a abortar varias veces; por más de 7.000 miembros de la fuerza pública afectados por las minas antipersona, de los que más de 1.000 murieron y los otros quedaron sin piernas; por los niños que también quedaron afectados y rotos por las minas antipersona en el campo y, entre ellos, más de 1.000 afectados y más de 235 muertos”.

Cifras desgarradoras

Aún cuando un conflicto tan cruento como el de Colombia se dieron entre “unos hombres y mujeres idealistas que hicieron una interpretación de que la única salida era coger un fusil, mientras que por el otro lado las fuerzas del Ejército y de la Policía que legítimamente defendían al Estado, independientemente de las discusiones; el hecho es que el 80% de las personas muertas no estaban en la guerra”, relata el sacerdote.

Entre las bajas cuentan también “muchos agentes de la pastoral social presentes en los territorios”. Por ello, lamenta que en un país de 80% de creyentes, 430.000 fallecidos eran población inocente, para “dolor de las familias con quien nos hemos encontrado tantas veces, para dolor de los que reconocen lo que hicieron brutalmente y han tenido el coraje de presentarse ante las familias”.

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