El Papa en Canadá

El Papa arremete contra los «funcionarios de lo sagrado» sin «corazón de pastores», que viven «en espíritu de cruzada»

Francisco saluda a dos religiosas en Notre Dame
Francisco saluda a dos religiosas en Notre Dame

«Nuestra Iglesia, ¿expresa la alegría del Evangelio? En nuestras comunidades, ¿hay una fe que atrae por la alegría que comunica?»

«La secularización, que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, dejando a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte»

Hay dos miradas posibles respecto al mundo en que vivimos: una la llamaría “mirada negativa” y la otra “mirada que discierne”

«Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios»

«Dios no nos quiere esclavos sino hijos, no quiere decidir en nuestro lugar ni oprimirnos con un poder sagrado en un mundo gobernado por leyes religiosas»

«No es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que la anunciamos»

«Pienso en particular en los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, crímenes que requieren acciones fuertes y una lucha irreversible. Yo quisiera, junto con ustedes, pedir nuevamente perdón a todas las víctimas»

«Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás»

«Empecemos nosotros: los pastores, que no se sientan superiores a los hermanos y a las hermanas del Pueblo de Dios; los agentes pastorales, que no conciban su servicio como poder. Se empieza desde aquí»

«Preguntémonos, ¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?»

Por Jesús Bastante

«Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios». El Papa Francisco aprovechó su encuentro con obispos, clero, seminaristas y consagrados para lanzar una dura advertencia contra los «funcionarios de lo sagrado», sin «corazón de pastores», que viven «en espíritu de cruzada».

«Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás», señaló Bergoglio durante el rezo de vísperas en la catedral de Notre-Dame.

«Empecemos nosotros: los pastores, que no se sientan superiores a los hermanos y a las hermanas del Pueblo de Dios; los agentes pastorales, que no conciban su servicio como poder. Se empieza desde aquí», explicó el Papa, pidiendo a la jerarquía eclesiástica preguntarse «¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?». Todo un golpe, uno más, a la línea de flotación de una Iglesia que, en algunos rincones, sigue trabajando ‘a la contra’ de un mundo que no comprende, y que no tiene necesidad, o eso cree, de entender. 

Vísperas del Papa en Notre Dame
Vísperas del Papa en Notre Dame

No más religiosos asalariados

En un denso discurso, Francisco pidió «generosidad» a los pastores para poder apacentar al rebaño. «Guíenlo, no dejen que se pierda mientras ustedes se ocupan de sus propios asuntos», y no lo hagan «de manera forzada, como un deber, como religiosos asalariados o funcionarios de lo sagrado, sino con corazón de pastores, con entusiasmo».

Hay que sentir, y proclamar, la alegría cristiana, que es «un don gratuito, la certeza de sabernos amados, sostenidos y abrazados por Cristo en cada situación de la vida». «¿Cómo va nuestra alegría? Nuestra Iglesia, ¿expresa la alegría del Evangelio? En nuestras comunidades, ¿hay una fe que atrae por la alegría que comunica?», preguntó.

Sobre la secularización, «que desde hace tiempo ha transformado el estilo de vida de las mujeres y de los hombres de hoy, dejando a Dios casi en el trasfondo, como desaparecido del horizonte», el Papa pidió «estar atentos a no quedar prisioneros del pesimismo y del resentimiento, dejándonos llevar por juicios negativos o nostalgias inútiles. Hay, en efecto, dos miradas posibles respecto al mundo en que vivimos: una la llamaría “mirada negativa” y la otra “mirada que discierne”».

Vísperas del Papa Francisco
Vísperas del Papa Francisco

Mirar la realidad con armadura no es cristiano

La primera, la mirada negativa, «nace con frecuencia de una fe que, sintiéndose atacada, se concibe como una especie de “armadura” para defenderse del mundo«, lamentó el Papa, quien advirtió del riesgo de contemplar «la realidad con amargura, diciendo: “el mundo es malo, reina el pecado”, y así corre el peligro de revestirse de un “espíritu de cruzada”».

«Esto no es cristiano; de hecho, no es el modo de obrar de Dios», aseveró el pontífice, quien recordó a los pastores que Dios se encarnó en la historia «no para condenar, sino para hacer brotar la semilla del Reino precisamente ahí donde parecería que triunfan las tinieblas».

Más aún: «Si nos detenemos en una mirada negativa, acabaremos por negar la encarnación porque, más que encarnarnos en la realidad, huiremos de ella. Nos cerraremos en nosotros mismos, lloraremos nuestras pérdidas, nos lamentaremos continuamente y caeremos en la tristeza y en el pesimismo, que nunca vienen de Dios».

«Dios no nos quiere esclavos sino hijos»

Citando a Pablo VI, Francisco recordó que «Dios no nos quiere esclavos sino hijos, no quiere decidir en nuestro lugar ni oprimirnos con un poder sagrado en un mundo gobernado por leyes religiosas. No, Él nos ha creado libres y nos pide que seamos personas adultas y responsables en la vida y en la sociedad».

«A nosotros como Iglesia, sobre todo como pastores del Pueblo de Dios y como agentes pastorales, nos toca saber hacer estas distinciones, discernir», evitando «transmitir un mensaje equivocado, como si detrás de la crítica sobre la secularización estuviera, por parte nuestra, la nostalgia de un mundo sacralizado, de una sociedad de otros tiempos en la que la Iglesia y sus ministros tenían más poder y relevancia social. Esta es una perspectiva equivocada».

Frente a ello, es preciso entender que «no es la fe la que está en crisis, sino ciertas formas y modos con los que la anunciamos. Por eso, la secularización es un desafío para nuestra imaginación pastoral», para buscar nuevos lenguajes, para ir a lo esencial.

Francisco, en Notre Dame
Francisco, en Notre Dame

Tres desafíos: anuncio, testimonio y fraternidad

«Queridos hermanos y hermanas, necesitamos anunciar el Evangelio para dar a los hombres y a las mujeres de hoy la alegría de la fe», un anuncio que «no se hace principalmente con palabras, sino por medio de un testimonio rebosante de amor gratuito, tal como Dios hace con nosotros». Para ello, propuso tres desafíos.

«El primero: dar a conocer a Jesús» en «los desiertos espirituales de nuestro tiempo, generados por el secularismo y la indiferencia». «No podemos presumir de comunicar la alegría de la fe presentando aspectos secundarios a quienes todavía no han abrazado al Señor en sus vidas, o bien sólo repitiendo ciertas prácticas, o reproduciendo formas pastorales del pasado», recordó.

En segundo lugar, el testimonio. «Para anunciar el Evangelio también es necesario ser creíbles«, señaló el Papa. «El Evangelio se anuncia de modo eficaz cuando la vida es la que habla, la que revela esa libertad que hace libres a los demás, esa compasión que no pide nada a cambio, esa misericordia que habla de Cristo sin palabras».

Abusos, ¡nunca más!

Algo que sucede en la Iglesia en Canadá, que «después de haber sido herida y desolada por el mal que perpetraron algunos de sus hijos, ha comenzado un nuevo camino». En este punto, el Papa se refirió, por vez primera en este viaje, a «los abusos sexuales cometidos contra menores y personas vulnerables, crímenes que requieren acciones fuertes y una lucha irreversible».

«Yo quisiera, junto con ustedes, pedir nuevamente perdón a todas las víctimas. El dolor y la vergüenza que experimentamos debe ser ocasión de conversión, ¡nunca más!», clamó, añadiendo otra clave. «Que la comunidad cristiana no se deje contaminar nunca más por la idea de que existe una cultura superior a otras y que es legítimo usar medios de coacción contra los demás».

«Recuperemos el ardor de vuestro primer obispo, san François de Laval, que se enfrentó contra todos los que degradaban a los indígenas induciéndolos a consumir bebidas para engañarlos. No permitamos que ninguna ideología enajene y confunda los estilos y las formas de vida de nuestros pueblos para intentar doblegarlos y dominarlos», incidió, recordando, también por primera vez, la figura del primer misionero de Canadá.

Una Iglesia humilde, afable, diferente

«Ustedes son los protagonistas y los constructores de una Iglesia diferente: humilde, afable, misericordiosa, que acompaña los procesos, que trabaja decidida y serenamente en la inculturación, que valora a cada uno y a cada diversidad cultural y religiosa. ¡Demos este testimonio!», rogó.

Finalmente, el tercer desafío, la fraternidad: «La Iglesia será testigo creíble del Evangelio cuando sus miembros vivan más la comunión, creando ocasiones y espacios para que quienes se acerquen a la fe encuentren una comunidad acogedora, que sabe escuchar y entrar en diálogo, que promueve un buen nivel de relaciones».

Pero, culminó, «¿cómo va la fraternidad entre nosotros? Los obispos entre ellos y con los sacerdotes, los sacerdotes entre ellos y con el Pueblo de Dios, ¿somos hermanos o rivales divididos en partidos? Y, ¿cómo están nuestras relaciones con los que no son “de los nuestros”, con los que no creen, con los que tienen tradiciones y costumbres diferentes?».

«Este es el camino: promover relaciones de fraternidad con todos, con los hermanos y las hermanas indígenas, con cada hermana y hermano que encontramos, porque en el rostro de cada uno se refleja la presencia de Dios», finalizó.

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