Entrevista a Nidia Díaz

“La victoria de Gustavo Petro abre una perspectiva nueva a la izquierda latinoamericana”

Nidia Díaz

Por Gorka Castillo 

Para los historiadores de la convulsa época de las revoluciones latinoamericanas y las atrocidades cometidas por militares al servicio de multinacionales como United Fruit Company, Nidia Díaz (San Salvador, 1952) es una figura casi legendaria. Comandante del Frente Farabundo Martí (FMLN) durante la guerra civil que desangró su país entre 1979 y 1992, fue la única mujer presente en las negociaciones de una paz que ahora cumple 30 años. Su biografía es la cronología de un país insurrecto. Fue capturada en 1985 por un comando de operaciones especiales de Estados Unidos, dirigido por un cubano-americano llamado Félix Rodríguez, el mismo que había apresado al Che Guevara en Bolivia 18 años antes. “Un fanfarrón muy relacionado con Posadas Carriles”. Recibió cuatro balazos y la dieron por muerta. Pero ella, una mujer digna siempre, regresó de entre los muertos para compartir la transformación del FMLN en fuerza política y cumplir el sueño de alcanzar el poder. Por diferentes motivos, no resultó exitoso. Ahora se enfrenta a un trumpista de manual llamado Nayib Bukele, un sátrapa “que ha sumido a El Salvador en un clima político insostenible”. La esperanza de Nidia procede del sur del continente. “La victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez en Colombia es el síntoma de que las políticas neoliberales están fracasando en Latinoamérica y abre una perspectiva nueva para el progresismo”.

Celebran 30 años de la firma de los Acuerdos de Paz en El Salvador. ¿En qué han quedado?

La implementación de esos acuerdos ha pasado por distintas etapas en estos 30 años, pero desde hace tres años vive un momento difícil. Desde la llegada al poder de Nayib Bukele, hace tres años, algunos puntos que adquirieron rango constitucional han quedado suspendidos. Si por algo se caracteriza el régimen de Bukele es por violar la Constitución, reformada tras la guerra civil, y que para todas nosotras significó una especie de refundación de la República y la creación de una nueva institucionalidad para el país. El éxito de aquellos acuerdos se fundamentó en una reforma integral de las leyes hacia un Estado de derecho pleno, algo increíble para un pueblo como el salvadoreño que venía de una dictadura de más de 60 años, la más larga de América Latina.

Así se modificaron las Fuerzas Armadas, la seguridad pública, la justicia, el sistema electoral y algunos departamentos del Ministerio Público como la Fiscalía o la Procuraduría del Estado. No logramos instaurar una democracia participativa pero sí una democracia basada en la independencia de poderes, la pluralidad y el respeto a las minorías. Es decir, se establecieron las bases para continuar una lucha que no sólo era del FMLN sino de toda la sociedad cuyos derechos cívicos y políticos habían sido aplastados.

¿Qué impidió implementar o desarrollar aquellos acuerdos?

El neoliberalismo, sin duda. En El Salvador comenzó a aplicarse en el año 89, antes de la firma de los Acuerdos. No pudimos cambiar la filosofía liberal pero sí establecimos plataformas destinadas a defender, por ejemplo, a los consumidores e incluimos reglamentos que limitaran las privatizaciones, evitaran los monopolios e incluyeran a los trabajadores como propietarios. También incidimos en que todas las zonas castigadas por el conflicto armado se volvieran áreas de desarrollo económico social. Para el FMLN eran puntos de partida irreversibles que debían incluirse en la nueva Constitución pactada con el auspicio de Naciones Unidas. El error no fue que las instituciones que creamos fueran malas sino que su funcionamiento siempre dependía de la correlación de fuerzas. Y ahora ha llegado un señor, Nayib Bukele, que ha decidido desmontar todo lo que tanto esfuerzo nos costó construir.

Desde España se ve a Bukele como un tirano trumpista que ha convertido el bitcoin en moneda nacional, que irrumpe en la Asamblea rodeado de militares y encarcela gente con la artimaña de que todos son “maras”.

Su identificación con el trumpismo es absoluta. Desde que el 3 de febrero de 2019 asumió la presidencia utiliza la misma narrativa autoritaria, populista y neoliberal que su mentor estadounidense: la política ya no sirve, todos los políticos están corrompidos y la historia, en este caso de El Salvador, comienza con él. Trump le envió como embajador a Ronald Johnson, un coronel que durante muchos años trabajó para la CIA en el Comando Sur, con el fin de mantener a Bukele cerca de su órbita ideológica. Y Bukele lo aceptó encantado, llegando a sentar a Johnson en alguna reunión de su Consejo de ministros. Cuando el 9 de febrero de 2020, Bukele irrumpió en la Asamblea con militares armados para exigir la aprobación de un préstamo, ni Johnson ni la Casa Blanca pronunciaron la más mínima condena. Pero es que, además, tiene un pacto con las maras como han destapado diversas investigaciones independientes. Yo, que hice campaña electoral el pasado año, también puedo asegurarlo. Bukele está provocando verdaderas calamidades a mi país para favorecer a ciertas oligarquías locales y a su propia empresa: Bukele S.A. El 27 de marzo suspendió las garantías constitucionales con el pretexto de la lucha contra los pandilleros, pero se están violando los derechos humanos de manera sistemática, con detenciones arbitrarias, torturas en prisión y persecuciones. El Salvador vive un clima político insostenible.

Bukele está provocando verdaderas calamidades a mi país para favorecer a ciertas oligarquías locales y a su propia empresa

¿Qué errores ha cometido una fuerza histórica como el FMLN para que a día de hoy tenga sólo cuatro de 84 diputados en la Asamblea?

Perdimos credibilidad porque no construimos poder popular ni creamos conciencia. El FMLN hizo muchas cosas, más de 200 logros, pero no lo entregó como una conquista sino como asistencialismo. Le ha sucedido a Brasil, a Uruguay, a Ecuador. También a nosotros. Toda la reflexión que hicimos sobre memoria histórica, sobre cultura de paz… Ganó Bukele y suprimió la Corte Suprema, creó leyes para limitar el Estado de derecho, tomó por las armas la Asamblea para imponer una decisión suya, pactó con las maras, impuso una moneda virtual para controlar el negocio de los cajeros y ahora reprime las protestas del movimiento popular. Tenemos un gobierno mafioso que controla todos los resortes de la propaganda y la manipulación con un dictadorzuelo que se ha enriquecido a manos llenas.

Usted es un personaje histórico del FMLN que tuvo un papel relevante en los Acuerdos de Paz de 1992. ¿Cómo vive en un régimen como el de Bukele?

Tenemos a 30 miembros en la cárcel. Presos políticos. A mí, como exguerrillera e integrante de la Comisión Política Diplomática del FMLN que negoció los Acuerdos de Paz, decidió abrirme una investigación por crímenes de guerra. En fin, me siento indagada, observada y acosada.

América Latina vive el renacer de una nueva izquierda. El último ha sido Colombia y en octubre puede sumarse Brasil con Lula. ¿Es una prueba del declive del neoliberalismo?

Es cierto que el mapa está cambiando hacia el lado progresista. Frente al consumismo individualista que nos ofrece el neoliberalismo, se abre paso la búsqueda de la justicia y la cooperación. Desde luego, la victoria de Gustavo Petro y Francia Márquez en Colombia es el síntoma de que las políticas neoliberales están fracasando en Latinoamérica y abre una perspectiva nueva para la izquierda. Para nosotras es maravilloso. Abre la posibilidad de avanzar en el proceso de paz que las fuerzas reaccionarias metieron en el cajón para que el pueblo perdiera su memoria. Y eso es muy grave porque se abona el terreno a que los errores del pasado se repitan. Creo sinceramente que su mensaje influirá en muchos países del entorno. Además, también cuento con que en octubre ganará Lula en Brasil, que es un líder indiscutible.

Pero necesitarán gobernar con grandes dosis de pragmatismo porque enfrente tendrán una oposición derechista dispuesta a todo. Es la historia de Latinoamérica. Mire Ecuador.

Por eso necesitamos armar sus triunfos de complementariedad y una cooperación que faciliten el desarrollo de los Estados. Considero fundamental un giro progresista en la CELAC (la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), porque de esa manera podremos ir superando las asimetrías que el neoliberalismo ha creado y mejorar la distribución de la riqueza. Esa es la dirección que apuntó Petro en su discurso. Trazó el rumbo de una nueva política inclusiva donde todos nos sintamos parte de la vida. Pero no olvidemos a Boric, en Chile; ni a López Obrador, que poco a poco se va apropiando de los recursos para ponerlos en función social. A Lula le tocará desmontar la privatización de Petrobras. Este tipo de reversiones ya han comenzado en Honduras.

Usted describió en un libro el papel de la mujer en las guerrillas de liberación de los años 70 y 80 anticipándose a las grandes revoluciones mentales que se están produciendo en este siglo XXI: el feminismo. La protección de la Tierra. La acumulación de los recursos en pocas manos.

Sí. El libro se titula Nunca estuve sola y es el testimonio que hice durante mi cautiverio por los contrainsurgentes. Nosotras sólo representábamos el 30% de la guerrilla y las comandantes podían contarse con los dedos de una mano. Luchábamos por  la transformación del mundo, no sólo por nuestros derechos, aunque teníamos asociaciones exclusivamente formadas por mujeres en todos los frentes. Contra la violencia machista, por aprender a leer y escribir, por su derecho a la tierra, etc., pero sin una visión de género. Ni la ONU la tenía en aquellos años. Sin embargo, algo cambió en el primer diálogo de paz con el gobierno en 1984. Era la única mujer de la delegación del FMLN y acudí sin un idea clara de cuál era el papel de la mujer en aquel evento. Al regresar a los campamentos, me hicieron una fiesta y todas me decían que “bueno que hubo una mujer allí” y cosas así. Entonces, me cayó el veinte encima. En aquel grupo había compañeras que terminaron clarificándome mi visión de género. Las jóvenes me han enseñado mucho y hoy puedo reconocerme como feminista y socialista. Participo en asociaciones que defienden los derechos de las mujeres en El Salvador, formo parte de un grupo abierto de parlamentarias.

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