Acabar con el clericalismo

“Cristianismo clerical, cristianismo formalista, cristianismo apagado y endurecido”

Clericalismo
Clericalismo

Contradicciones entre la palabra del Papa y la realidad eclesial (1)

«La ‘prudencia’ clerical ha apagado mucho del Espíritu: desde la libertad creativa (marginando y luego rehabilitando a teólogos, pensadores…, impidiendo reformas litúrgicas y jurídicas…), hasta el diálogo sincero, la cultura»

«Todo lo que merma el protagonismo clerical, es puesto en entredicho. Ahí están muchos de los resúmenes diocesanos presentados para el Sínodo. Siguen en ‘lo de siempre'»

Por Rufo González

La homilía pronunciada en la Solemnidad de San Pedro y San Pablo (29.06.2022) gira en torno a dos ejes. Dos actitudes vividas por Pedro y Pablo. La primera es del relato de la prisión y liberación milagrosa de Pedro: “¡Levántate rápido! (Hch 12,7). La segunda es traída de la Segunda Carta a Timoteo: “He peleado el buen combate (2Tm 4,7). Hoy comentamos la primera. “`Levantarse rápido´ es una imagen significativa para la Iglesia”, afirma rotundamente el Papa Francisco. “Nosotros estamos llamados a levantarnos rápidamente para entrar en el dinamismo de la resurrección y dejarnos guiar por el Señor en los caminos que Él quiere mostrarnos”.

A continuación denuncia que la Iglesia, en vez de sumarse al dinamismo de la vida resucitada, lleva años de retraso respecto de la evolución humana, y no digamos respecto de la utopía evangélica. Bien sabe Francisco que “los propios creyentes, en cuanto que, con el descuido de la educación religiosa, o con la exposición inadecuada de la doctrina, o incluso con los defectos de su vida religiosa, moral y social, han velado más bien que revelado el genuino rostro de Dios y de la religión” (GS 19).

Apertura de la Asamblea Sinodal en la Fundación Pablo VI
Apertura de la Asamblea Sinodal en la Fundación Pablo VI

La recomendación de “no apaguéis el Espíritu, no despreciéis las profecías, examinadlo todo; quedaos con lo bueno” (1Tes 5,19-21) ha sido muy poco seguida por la cúpula eclesial. La “prudencia” clerical ha apagado mucho del Espíritu: desde la libertad creativa (marginando y luego rehabilitando a teólogos, pensadores…, impidiendo reformas litúrgicas y jurídicas…), hasta el diálogo sincero, la cultura, la democracia, el sindicalismo, el papel de la mujer, el celibato opcional…

Hoy el Papa se duele de estas actitudes eclesiales: “nos abruma la pereza y preferimos quedarnos sentados a contemplar el pasado…, no dirigimos nuestra mirada hacia nuevos horizontes”. Estamos “encadenados como Pedro en la prisión de la costumbre, asustados por los cambios, atados a la cadena de nuestras tradiciones”.

Recuerda, contemplando la escena que comenta, otra actitud eclesial, que no explica, pero que cree real: “relatar fantasías”: “Esa misma noche hay otra tentación”.Es la actuación de la criada Rode (He 12,13s) que “asustada, en lugar de abrir la puerta vuelve hacia atrás a relatar fantasías”. ¿A qué fantasías alude? ¿A las apariciones de vírgenes, santos, demonios…? ¿A las promesas que dan el cielo al que rece o haga alguna oración o actividad automática? ¿A la compra-venta de indulgencias? ¿A jubileos que aseguran “indulgencia plenaria” en virtud del “tesoro de gracia” que administran los clérigos? ¿A los encuentros más o menos folclóricos de imágenes a que se dan algunos clérigos más jóvenes? ¿A entretener a la gente con “devociones, ornamentos, consuelos vulgares”?…

Sínodo España
Sínodo España

Esta situación tiene consecuencias, reconocidas por el Papa: “nos deslizamos hacia la mediocridad espiritual… Corremos el “riesgo de `solo tratar de arreglárnoslas´ incluso en la vida pastoral… El entusiasmo por la misión disminuye… No somos  signo de vitalidad y creatividad”. Damos “impresión de tibieza e inercia”… “El Evangelio se convierte en una fe que «cae en el formalismo y cae en la costumbre, en religión de ceremonias y de devociones, de ornamentos y de consuelos vulgares… Cristianismo clerical, cristianismo formalista, cristianismo apagado y endurecido”. El Sínodo que estamos viviendo, dice el Papa, nos llama a convertirnos: “en una Iglesia que se levanta…, que no se encierra en sí misma…, capaz de mirar más allá, de salir de sus propias prisiones, de abrir las puertas”.

A partir de aquí, Francisco expone su sueño de Iglesia: – “Una Iglesia sin cadenas y sin muros”; – “todos puedan sentirse acogidos y acompañados”; – “se cultive la escucha, el diálogo, la participación, bajo la única autoridad del Espíritu Santo”; – “Una Iglesia libre y humilde”: – que “se levanta rápido”, – que “no posterga”, – que “no acumula retrasos ante los desafíos del ahora”, – que “no se detiene en los recintos sagrados”, – que “se deja animar por la pasión del Evangelio y el deseo de llegar y acoger a todos, – “vaya al cruce de las calles y lleve a ciegos, sordos, cojos, enfermos, justos, pecadores…, – que “haya lugar para todos, – que “no despida ni condene”.

Esta es la teoría, el evangelio, que enamora. Pero se queda todo en teoría. Al final el Papa deja dos preguntas para que las trabajemos. Una en singular: “¿qué puedo hacer por la Iglesia?”. Otra para las comunidades cristianas: “¿qué podemos hacer juntos, como Iglesia, para que el mundo en el que vivimos sea más humano, más justo, más solidario, más abierto a Dios y a la fraternidad entre los hombres?”.

Iglesia sinodal
Iglesia sinodal

Cualquier respuesta evangélica, de calado organizativo, pasa por el Código de Derecho canónico, lleno de “cadenas y muros”, uno de los derechos más despóticos. ¿Qué puede hacer un cristiano, ante la oligarquía clerical, por ejemplo en esta serie de temas: 1.- Democratizar la Iglesia para hacerla más comunión. 2.- Protagonismo de la comunidad. 3.- Recuperar el principio de elección de los responsables (obispos, párrocos…). 4.- Superar el divorcio entre jerarquía y fieles. 5.- Menos sacerdocio clerical y más sacerdocio común. 6.- La eucaristía, obra sacerdotal común. 7.- Voz y voto al pueblo cristiano. 8.- “Reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar, decidir”, camino de toda comunidad cristiana. 9.- Revalorizar la eucaristía como sacramento de reconciliación: Eucaristía y Penitencia, dos caminos opcionales de reconciliación. 10.- Que la “Forma C” sea un modo ordinario del sacramento de la Penitencia: como opción libre, sin necesidad de confesar los pecados tras la absolución general. 11.- Supresión del celibato obligatorio para obispos y presbíteros: La Iglesia ganaría en libertad, honradez, amor de Dios, alegría evangelizadora… 12.- Acceso de las mujeres al sacerdocio ordenado.

Estos temas están abiertos en la Iglesia. Sistemáticamente la oligarquía eclesial viene negándose a tratarlos. ¿“Les abruma la pereza y prefieren quedarse sentados a contemplar el pasado”? Cierto: “no dirigen su mirada hacia nuevos horizontes”. Están “encadenados como Pedro en la prisión de la costumbre, asustados por los cambios, atados a la cadena de sus tradiciones”. Todo lo que merma el protagonismo clerical, es puesto en entredicho. Ahí están muchos de los resúmenes diocesanos presentados para el Sínodo. Siguen en ‘lo de siempre’.

Y la Secretaría del Sínodo de la Conferencia Episcopal Española remata como insignificante lo que necesita hoy la Iglesia para recuperar la libertad evangélica y la honradez con la cultura actual: “se trata de cuestiones suscitadas solo en algunas diócesis y, en ellas, por un número reducido de grupos o personas…: la necesidad de discernir con mayor profundidad la cuestión relativa al celibato opcional en el caso de los presbíteros y a la ordenación de casados; en menor medida, ha surgido igualmente el tema de la ordenación de las mujeres…

Se detecta una clara petición de que, como Iglesia, dialoguemos sobre ellos con el fin de permitir conocer mejor el Magisterio respecto de los mismos y poder ofrecer una propuesta profética a nuestra sociedad”. La “propuesta profética” es la evangélica, concordante con el “sentido de los fieles”. No la imposición clerical. Suscribo lo que ha escrito J. Mª. Marín Sevilla: “silencian las voces disidentes especialmente cuando se trata de temas novedosos, que surgen, a mi entender de la acción del Espíritu y del discernimiento sereno y esperanzador” (RD 29.06.2022).

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