Dejad la tumba

Id a Galilea, allí le veréis…. Pero muchos queremos encerrarle en el sepulcro

Me lo decía en los años 80 del siglo pasado el Dr. Mogrovejo, gran cristiano, apasionado por el evangelio: «Los teólogos y obispos lleváis siglos guardando  con los soldados romanos el sepulcro de Jesús,  para que no salga; tenéis miedo de su libertad, no queréis verle cuentan Mateo 27y Mc 16:

 Sacerdotes de templo y soldados de imperio pusieron una guardia militar para impedir que Jesús saliera y su mensaje se extendia por Galilea (Ecuador, Avila o Salamanca). Allí seguís vosotros ante un sepulcro viejo y vacío, me decía Mogrovejo. Vuestras iglesias son tumbas de poder y muerte, para que él no os estorbe.

Por  X Pikaza Ibarrondo

La tumba de Jesús

Guardia de Imperio e Iglesia para que Jesús no resucite

            Los sacerdotes y los fariseos piden a Pilato que coloque una guardia militar ante el sepulcro; Pilato se lo concede y ellos  sellaron la piedra de entrada dejado allí como guardia el piquete de soldados (Mt 27, 66-66). Los sacerdotes pagaron, los jefes militares pusieran el ejército… y allí seguimos muchos , impidiendo que Jesús resucite, pues nos molestaríoa

– Los soldados imperiales, signo de todos los ejércitos del mundo, han recibido el encargo de vigilar la tumba de Jesús para que no resucite, para que no resucitemos con él, para que no le veamos, para que no nos veamos de verdad nosotros mismo.   

– Peores que los soldados son ciertos sacerdotes y ancianos de un tipo de religión establecida, dispuestos a  mantener su privilegio de muerte por dinero. Son ellos los que llaman y  pagan a los soldados para que mientan: decid que sus discípulos  fueron de noche y robaron su cuerpo mientras dormíais (Mt 28, 13). Son ellos los que reinan sobre el mundo con mentira,  comprando y vendiendo la verdad por plata, no dejando que Jesús resucite en estas tierras.

           Pero los soldados de Roma (imperio de este mundo) no han logrado mantener una vigilancia efectiva sobre la tumba de Jesús, no han podido impedir que  resucite. Ante el misterio de la pascua ellos se vuelven signo inútil, fuerza de mentira. Así lo ha precisado de manera ejemplar nuestro pasaje. Dios nos sigue diciendo como a las mujeres de la tumba: Salid de aquí, id a Galilea, tenéis que ver Jesús para decirlo y hacer que también otros le vean.  

Así me decía el Dr. Mogrovejo:

  • No queréis ver a Jesús en Galilea (en Ávila, Ecuador o Salamanta, preferís estar ciegos
  • No queréis vivir resucitados, preferís seguir guardando tumbas
  • Teneís que cambiar. Dejar la tumba, ir a Galilea, ver a Jesús y proclamar su resurrección con vuestra vida.

El Dr. Mogrovejo estaba convencido de que nosotros (gran parte del clero oficial o no oficial) seguimos custodiando como viejos soldados  romanos, en gesto de miedo y mentira, la tumba vacía de Jesús que es nuestra igleia, donde queremos encerrar a todos en un atrio de muerte. Así reconstruía la vieja historia.

Me la contó en Ecuador. Después vino dos veces a Salamanca y Ávila, expresamente, para decírmelo, para recordarme que Unamuno había desarrollado ya las mismas ideas…(aplicadas al Quijote, aplicadas a Jesús). Que teníamos que abrir la tumba de Jesús, dejarle que camine en libertad, en Ecuador, Ávila y Salamanca…. caminar con él,  verle con los ojos del corazón, de manera que también otros le vean y resuciten al mirarle y dejarse mirar por él.

Me propuso crear una comunidad de testigos de la resurrección, retomando el camino de las mujeres de la tumba, en un campo sagrado que él tenía, precisamente sobre la línea del ecuador,  cerca de Parekaaku, no lejos de Quito.

Insistió, Pero no fui… no dejé mi lugar en la Merced, mi trabajo en la facultad de teología de Salamanca  (por entonces). No fundamos una «escuela de resurrección», para ver a Jesús, en Galilea, y al cabo de un tiempo él murió, sin que pudiéramos crear la escuela de resurrección, para ver a Jesús resucitado, desde  Ecuador, en el centro del mundo.Estas fueron las últimas palabras de una carta que me escribió poco ante de morir: Muchos de vosotros  en la Iglesia seguís cumpliendo unafunción de spultureros, aquellos soldados pagados por los sacerdotes, para decir que Jesús no ha resucitado. Estais guardando un sepulcro vacío, para seguir dominando este mundo… por la muerte, Sin dejar que vengaa Jesús, sin verle en Galilea.

           Con esta imagen de los soldados haciendo guardia ante el sepulcro de Jesús, para que él no salga, para que no incendie con su luz el mundo entero quiero comenzar el próximo curso del Cites de Ávila, sobre la experiencia de ver a Jesús resucitado.

No creí del todo al Dr. Mogrovejo, no fundamos la escuela de resurrección, para ver a Jesús, en la Galilea de Ecuador… Pero su recuerdo lleno de admiración y cariño me ha llevado a proponer este curso del Cites  em Avila, donde estuvimos recordando a Teresa… No fui a su finca de resurreeción en Ecuador, pero le prometí  que, de una forma u otra, abriríamos caminos de resurrección de Jesús, para «verle en Galilea» (como el ángel de la pascua había dicho a las mujeres), sabiendo que la Galilea cristiana puede estar en Ecudor,Ávila o Salamanca. 

Un curso en memoria del Dr. Mogrovejo: Ver a Jesús en Ávila (en Galilea…).

 (Texto base): Y pasado el sábado, María Magdalena, María de Santiago y  Salomé compraron aromas para venir y ungirle. Y muy de mañana, en la madrugada del día que sigue al sábado,llegaron al monumento, cuando estaba saliendo el sol. Y se decían entre sí ¿quién nos correrá la piedra del sepulcro?Y mirando vieron que la piedra estaba corrida, aunque era grandísima.

Y entrando en el monumento vieron a un joven, sentado a la derecha y  vestido con blanca vestidura.Ellas se llenaron de miedo, pero él les dijo:-No temáis, buscáis a Jesús, el nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí, mirad el lugar donde lo habían puesto. Pero id, decid a sus discípulos y a Pedro que él os precede a Galilea; allí le veréis, como os dijo.

− Pasado el sábado (16, 1). Las mujeres han cumplido el ritmo de reposo y sacralidad que marca la ley del sábado, que a partir de aquí podrá verse tiempo viejo, culto a las fuerzas de este mundo que mantienen a Jesús en el sepulcro. Ese sábado puede interpretarse, según eso, como expresión de pecado, esto es, de de triunfo de aquellos que han matado a Jesús y que descansan de su asesinato.

− María Magdalena, María la de Jacob, y Salomé (16, 1). Son las tres de 15,40, las mujeres fieles de Jesús, que le han seguido-servido, y que ahora quieren realizar el último servicio, con aromas para embalsamarle. Con ese gesto acabaría externamente su testimonio y tarea de amistad, llegando hasta el fin en su relación Jesús. Después sólo tendrían un recuerdo de muerte.

− Compraron perfumes… (16, 1). Ellas quieren culminar el rito del entierro de Jesús: Llevan perfumes para ungirle en el sepulcro, para recordarle para siempre como un muerto querido del pasado.  

− Y muy de mañana, el día después del sábado, a la salida del sol, fueron… (16, 2). Vinieron al sepulcro cuando salía el sol, que es el signo de la creación de Dios, el día que sigue al sábado… Por dos veces (16, 1,2) se repite que ha pasado el sábado, tiempo sagrado de la Ley de los judíos (día especial para ellos), de manera que empieza el Día del Sol, que es el mismo para todos. Ha pasado el sábado antiguo, se disipa la noche, sale el sol, que es signo de luz, día-vida universal, para todos los hombres y mujeres, aunque ellas todavía no lo sepan…  

− Y se decían: ¿quién nos correrá la piedra…? (16, 3). Son débiles, poco expertas en correr y descorrer la losa de la tumba. Parecen pocas. Otros duermen o escapan, mientras ellas, se ponen en marcha hacia la tumba de Jesús la primera madrugada “posible” tras su muerte de Jesús (el sábado nadie podía moverse fuera de Jerusalén, ni realizar trabajos), llevando en su luto y su dolor todo el misterio de la historia humana. Son discípulas auténticas, aunque todavía equivocadas: mantienen la vocación de Jesús, continúan buscando su camino, pero no pueden guiarse tras su muerte, de manera que parecen movidas por un deseo imposible: Quieren ungir a Jesús, vienen con perfumes; pero saben que son incapaces de mover la piedra, pues no tienen fuerza para ello.

− Y mirando vieron que la piedra se había sido corrida, aunque era inmensamente grande (16, 4)El texto no habla de un sepulcro “vacío”, sino más bien abierto. Esta referencia a la piedra “muy grande” (megas sphodra) tiene un sentido claramente simbólico. Antes, en el momento de cerrar la tumba, se decía que el mismo José de Arimatea (¡el solo!) la había corrido, haciéndola rodar, como si no hubiera tenido dificultades para ello (15, 46).

Es evidente que si un solo hombre había podido rodarla en el entierro más fácilmente podrán rodarla ahora tres mujeres. Pero no es lo mismo “cerrar” una tumba (algo que se sitúa en un nivel humano), que abrirla, superando así la muerte (cosa que sólo Dios puede hacer), de manera que la piedra del sepulcro resulta diferente, en un caso y en otro. Por eso, en un sentido profundo, cuando las mujeres preguntan (16, 3) “quién podrá descorrer la piedra” están pensando que es preciso un “poder divino” para ello. Eso es lo que aparece ahora, cuando se afirma que “vieron que la piedra había sido corrida” (en pasivo divino), pues no se trata de una simple rueda-puerta de sepulcro, sino de la piedra-rueda de la muerte.

  − Y entrando en el sepulcro, vieron a un joven, sentado a la derecha, vestido con una túnica blanca (16, 5)… Un joven que les dice:

No temáis: buscáis a Jesús el nazareno, el crucificado (16, 6). El texto no ha dicho que tuvieran miedo al entrar, y, sin embargo, ahora que están dentro, el joven les dice que no se tiemblen, que no teman (mê ekthambeisthe). Están en una tumba vacía de cadáver, pero llena de otra presencia, de una luz que se refleja en la túnica blanca del joven, que les comienza recordando lo que quieren; ungir un cadáver, venerar una tumba, perpetuar una historia que siempre termina en la muerte.

  Ellas han venido a despedir a un muerto, pero Jesús, enterrado aquí (como ellas saben, porque han visto dónde lo ponían: 15,47) no está, pues él ha roto el peso de la muerte, y Dios ha descorrido sobre él la losa de la piedra de la muerte. Por eso, el joven (que es la presencia de Dios en la tumba llena de pascua) les muestra el lugar donde había estado el Nazareno (es decir, de Nazaret: cf. 1, 9; 6, 1-6b), cuya historia de enviado mesiánico de Dios ha desembocado aquí. Pues bien, el joven define a Jesús simplemente como “el crucificado” (no como el Hijo de Dios, ni como el Señor o el Hijo del Hombre), sino como aquel cuya vida ha terminado en la cruz, en nazareno crucificado.

 ¡Ha resucitado! No está aquí, mirad el lugar donde lo habían puesto (16, 6). La presencia de un cadáver puede dar seguridad a los amigos: es memoria tangible del muerto, recuerdo que dura, haciéndoles capaces de transformar su memoria y de pacificarla. En esa línea, muchos grandes edificios sagrados, incluso cristianos (en contra de lo que este pasaje supone, en referencia a Jesús), se alzan sobre enterramientos, para mantener la memoria de los muertos memorables. Pues bien, Jesús no ha dejado ni siquiera un cuerpo.

− Pero id (salid) y decid a sus discípulos y a Pedro: ¡Os precede a Galilea! (16, 7)La ausencia del cadáver se convierte en signo de identidad más honda, esto es, en Presencia suprema de Dios que se introduce en la vida de estas mujeres y les manda a Galilea: Ellas tienen que contar lo que han visto, reunir y convencer a los discípulos de Jesús y volver con ellos a la tierra del mensaje de Jesús, para verle allí y para retomar su camino (cf. 14, 28).

           De esa forma reciben el encargo supremo de fundar la “verdadera” iglesia, reuniendo a los discípulos y a Pedro, de manera que todos puedan encontrar a Jesús en Galilea (a diferencia de la comunidad de Jerusalén, que ha seguido centrada en una tumba, entre ritos de muerte, vinculada a la pureza de un judaísmo particular). En el centro del mensaje están ellas, las mujeres (las verdaderas seguidoras de Jesús), que deben decir a los mathêtai (los discípulos, en plural), que ellos deben “aprender” (discípulos son los que aprenden…) de otra manera, pues el primer aprendizaje ha culminado en la traición y el abandono de Jesús. Por eso deben volver a Galilea, no quedarse en la tumba de Jerusalén.

 − Allí le veréis como os dijo(16, 7). Los que han matado a Jesús no han silenciado su voz, no han cegado la fuente de su vida: el camino de solidaridad universal de la iglesia mesiánica se inicia en Galilea, para abrirse desde allí a todos los pueblos (cf. 13, 10; 14, 9). Han matado a Jesús, pero su mensaje y presencia ha de expandirse a través de las mujeres que lo asumen y propagan, convenciendo a los discípulos, de modo que así todos vayan a encontrarle en Galilea, para retomar con él el camino. Se dice que allí le verán o, mejor dicho, le veréis (opsesthe), con el mismo verbo activo que Pablo emplea (en pasivo divino) para hablar de las revelaciones de Jesús (ôphthê, 1 Cor 15, 5-8). Eso significa que Marcos sabe que puede haber (que habrá) apariciones (revelaciones) del Jesús pascual, pero no las cita o, mejor dicho, no puede citarlas, porque a su juicio la revelación pascual de Cristo es el mismo evangelio.

Esta es la palabra y la esperanza clave:

  • Tenemos que ir a Galilea para ver a Jesús. Pero cómo podemos hacerlo. ¿Cómo podemos lograr que nos vea y le veamos…?
  • ¿Qué signfica ir a Galilea para ver a Jesüs..? ¿cómo salir de una iglesia sepulcro en que parece que esamos…?.
  • ¿Cómo seguir la tarea de aquellas mujeres a las que el `ángel les dijo que salieran,que fueran a Galilea?

         Eas mujeres fueron portadorras del gran mensaje de la Visión de Jesús en Galilea, mensaje esencial que Teresa de Jesús escuchó en Ávila. Éste es el primer tema del pequeño curso que impartiré en el Cites de Cites de Avila, en memoria de mi amigo Dr. Mogrovejo.

             Que los hombres y mujeres podamos “ver” a Jesús en Galilea, verle en el camino de la vida, vivir iluminados por su presencia pascual. Éste es el primer tema del curso que proponto. Me hubiera gustado compartirlo con el Dr. Mogrovejo, que sigue ofreciéndome un camino de luz en el despliegue de la vida, aunque un día, hace uno 40 años, no dejara otras cosas y creara con él una casa de experiencia pascual en un lugar del Ecuador que era, según él, la Nueva Galilea. No creamos entonces esa escuela que él quería… Pero hemos seguido apasionadamente aquel camino de fondo que el me proponía, con él ángel de la Pascua: Ir a Galilea, para ver a Jesús.

(Éste es el primer tema de mi próximo curso en el Cites. Mañana ampliaré el abanico de temas sobre la visión de Jesús y el renacimiento de la Igleia)

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