LA BUENA NOTICIA DEL DGO. 20º-C

LA COSA ESTÁ QUE ARDE

LA HORA DE LA PALABRA

 He venido a prender fuego en el mundo

Lc 12, 49-53

•49He venido a traer fuego a la tierra y ¡cuánto desearía que ya estuviera ardiendo! 50 Pero también he de recibir un bautismo y ¡qué angustia siento hasta que no se haya cumplido!
51 ¿Creen ustedes que he venido para establecer la paz en la tierra? Les digo que no; más bien he venido a traer división. 52 Pues de ahora en adelante hasta en una casa de cinco personas habrá división: tres contra dos y dos contra tres. 53 El padre estará contra del hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.”

COMENTARIO:

 Resulta extraño escuchar en boca de Jesús dichos que invitan, no al inmovilismo y conservadurismo, sino a la transformación profunda y radical de la sociedad, cuando estamos acostumbrados a identificar el cristianismo como una religión que debe preocuparse de mantener la ley y el orden establecido.

Jesús es consciente de la lucha que lleva consigo la realización del Reino de Dios en esta tierra. El habla paradógicamente de conflictos y luchas, de división y de fuego que ya está ardiendo.

Tal vez hoy sería bueno preguntarnos: ¿Me siento devorado por el fuego de Jesús? ¿A qué sectores de nuestra vida tendríamos que llevar el mensaje de Jesús?

TESTIGOS DE LA PALABRA

En Nigeria, la violencia no cesa. La noche del 1 de agosto de 2019 unos hombres armados, presumiblemente pastores musulmanes de la etnia Fulani, dispararon y asesinaron al sacerdote Paul Offu. Se trata del decimotercer cura que es asesinado en lo que va de año en todo el mundo y el segundo en el país africano.

«Después del terrorismo extremista de Boko Haram», aliado del Estado Islámico, «ahora el mayor temor en Nigeria es el avance de los pastores Fulani, que huyen de la desertificación. Pero para tomar las tierras de los agricultores usan la violencia, dejando muertos y heridos a su paso», explica el misionero salesiano Roberto Castiglione.

«Los Fulani son musulmanes y los agricultores son mayoritariamente cristianos, por lo cual se teme que un conflicto originado por razones económicas y climáticas se transforme en un desencuentro religioso y tribal», alerta Castiglione.

ORAR DESDE LA PALABRA

¿Y QUÉ QUIERO, SINO QUE ARDA?

Que arda un mundo donde las naciones civilizadas
fabrican y venden armas  a las naciones no civilizadas…    
Donde mientras unos niños van a la escuela,
otros van a la guerra, a la desnutrición y a la agonía…               
Donde mueren  hombres, mujeres y niños, sin haber sabido lo que era vivir…    
Donde la gente trabaja en precario doce horas al día                                                                                  para ganar un poco de dinero  que les permita seguir trabajando…          
Que arda con el fuego purificador de una conciencia universal de hermandad…     
una espiritualidad profunda y encarnada… 
Que arda con el respeto incuestionable de cada persona:
inmigrante, anciano, enfermo, homoseXual, loco, mendigo, poeta…
Que arda y arda sin merma y sin desánimo, de generación en generación…

José Luis Cortés “El ciclo C”

Comentario a las lecturas

Por J.A. Pagola

Por los caminos de Galilea Jesús se esforzaba por contagiar el «fuego» que ardía en su corazón. En la tradición cristiana han quedado huellas diversas de su deseo. Lucas lo recoge así: «He venido a prender fuego en el mundo: ¡y ojalá estuviera ya ardiendo!». Un evangelio apócrifo más tardío recuerda otro dicho que puede provenir de Jesús: «El que está cerca de mí está cerca del fuego. El que está lejos de mí está lejos del reino».

Jesús desea que el fuego que lleva dentro prenda de verdad, que no lo apague nadie, que se extienda por toda la Tierra y que el mundo entero se abrase. Quien se aproxima a Jesús con los ojos abiertos y el corazón despierto va descubriendo que el «fuego» que arde en su interior es la pasión por Dios y la compasión por los que sufren. Esto es lo que le mueve y le hace vivir buscando el reino de Dios y su justicia hasta la muerte.La pasión por Dios y por los pobres viene de Jesús, y solo se enciende en sus seguidores al contacto de su Evangelio y de su espíritu renovador. Va más allá de lo convencional. Poco tiene que ver con la rutina del buen orden y la frialdad de lo normativo. Sin este fuego, la vida cristiana termina extinguiéndose.

El gran pecado de los cristianos será siempre dejar que este fuego de Jesús se vaya apagando. ¿Para qué sirve una Iglesia de cristianos instalados cómodamente en la vida, sin pasión alguna por Dios y sin compasión por los que sufren? ¿Para qué se necesitan en el mundo cristianos incapaces de atraer, dar luz u ofrecer calor?

Las palabras de Jesús nos invitan a dejarnos encender por su Espíritu sin perdernos en cuestiones secundarias o marginales. Quien no se ha dejado quemar por Jesús no conoce todavía el poder transformador que quiso introducir él en la Tierra. Puede practicar correctamente la religión cristiana, pero no ha descubierto todavía lo más apasionante del Evangelio.

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