Santarém 2022

Documento Santarém 2022: «Hacer nuestros los sueños del Papa Francisco”

Foto Oficial Santarém 2022
Foto Oficial Santarém 2022

50 años después, los participantes del Encuentro de Santarém 2022 ratificaron las orientaciones y prioridades asumidas hace 50 años, actualizándolas a la luz del reciente Sínodo de la Amazonía, reafirmando la importancia de las dos grandes orientaciones de 1972: encarnación en la realidad y evangelización liberadora

El Documento de 2022 propone nuevos caminos de evangelización, líneas prioritarias, con la intención de «llevar a cabo las propuestas esbozadas y hacer nuestros los sueños del Papa Francisco«

Una formación que en relación con los sacerdotes debe ser un instrumento para superar «la aparición de un clericalismo que no se corresponde con la identidad de nuestras Iglesias«

«Promover una cultura de la comunicación que favorezca el diálogo, la cultura del encuentro y el cuidado de nuestra Casa Común»

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

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Gratitud y profecía son las actitudes que guían el Documento del IV Encuentro de la Iglesia Católica en la Amazonía Legal (lea aquí en portugués), realizado en el Seminario São Pio X de Santarém del 6 al 9 de junio de 2022, recordando lo ocurrido en el mismo lugar hace 50 años, que dio «frutos de fecundidad profética en la evangelización junto a los pueblos de esta inmensa Amazonía».

Es un camino que se ha actualizado en la Iglesia local, pero que también ha inspirado a la «Iglesia de Francisco». 50 años después, los participantes del Encuentro de Santarém 2022 ratificaron las orientaciones y prioridades asumidas hace 50 años, actualizándolas a la luz del reciente Sínodo para la Amazonía, reafirmando la importancia de las dos grandes orientaciones de 1972: encarnación en la realidad y evangelización liberadora.

Encarnación en la realidad «que exige de la Iglesia una total implicación en la realidad», inculturación e interculturalidad, que nos dice el Sínodo para la Amazonía. Una evangelización que libera, que hace que «la Iglesia se implique en todo lo que afecta a la dignidad y a la libertad de la persona humana y de la familia«.

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Con Querida Amazonía, que busca «una relación de cuidado frente a las amenazas cada vez mayores«, el Documento advierte de los errores de los últimos 50 años, desafiando a la Iglesia «a promover una tregua frente a estas agresiones y a lograr la paz en los territorios». Una Iglesia con rostros amazónicos, con una identidad eclesial construida a lo largo del tiempo y concretada en los sueños nacidos de la Querida Amazonía, que dibuja una Iglesia discípula misionera y sinodal (sueño eclesial); Iglesia servidora, profética y defensora de la vida (sueño social); Iglesia testigo del diálogo (sueño cultural); Iglesia hermana y cuidadora de la creación (sueño ecológico); Iglesia de mártires.

Al igual que en 1972, el Documento de 2022 propone nuevos caminos de evangelización, líneas prioritarias, con la intención de «llevar a cabo las propuestas esbozadas y hacer nuestros los sueños del Papa Francisco«. La primera línea prioritaria es el fortalecimiento de las comunidades eclesiales de base, haciendo hincapié en la ministerialidad (ordenación sacerdotal de diáconos permanentes, testigos laicos cualificados del matrimonio, implicación de los sacerdotes que han dejado el ministerio, implantación del ministerio de catequista, ministerio para el cuidado de la Casa Común) y la participación de la mujer (garantizando su dignidad e igualdad y posibilitando su ordenación diaconal).

En relación a la formación de discípulos misioneros en la Amazonía, el Documento insiste en su integralidad y en la articulación de los laicos, buscando «fortalecer y ampliar los espacios de participación de los laicos». Una formación que en relación con los sacerdotes debe ser un instrumento para superar «la aparición de un clericalismo que no se corresponde con la identidad de nuestras Iglesias«, reflexionando sobre el papel de los Institutos de Pastoral y de la educación.

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Tras el Documento de 1972, la defensa de los pueblos de la Amazonía sigue siendo una prioridad, insistiendo en la demarcación de los territorios, en la consulta libre, previa e informada, en la atención a los Pueblos Indígenas Aislados y de reciente contacto, en el reconocimiento de los derechos de la naturaleza, en la protección de los líderes amenazados. La necesaria atención al tema de la migración, la minería y los megaproyectos también aparece en el texto, insistiendo en que «no podemos persistir en el actual modelo de desarrollo«, un modelo etnocida y ecocida. Ante esto, aparecen propuestas alternativas para cada una de las realidades.

El documento aborda la cuestión de la evangelización de los jóvenes, de rostros y realidades diferentes, para quienes «la Iglesia está llamada a ser una presencia profética» de cercanía, acompañamiento y apoyo. También aborda las formas de compartir, dado que «el apoyo a las acciones de evangelización en la Amazonía siempre supera la capacidad de los recursos de las pobres Iglesias particulares de la Amazonía». Junto a ello, se aborda la comunicación, manifestando el deseo de «promover una cultura de la comunicación que favorezca el diálogo, la cultura del encuentro y el cuidado de nuestra Casa Común».

Todo esto se pone bajo la intercesión de «María, Madre de Jesús, Madre nuestra, Madre de la Amazonía», pidiendo «que este IV Encuentro de la Iglesia Católica en la Amazonía produzca muchos frutos, haciéndonos cada vez más una Iglesia con rostro amazónico, en salida misionera, servidora, solidaria, cuidadora de la vida y defensora de la naturaleza, nuestra casa común«

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