Haití sumido en una grave crisis

Haití se enfrenta al Covid-19 y a otras formas de pandemia

Por Launay Saturne

Haití, al igual que otros países del mundo, está experimentando graves consecuencias relacionadas con el Covid-19. Además de este, el país está marcado por otras formas de pandemia, algunas de las cuales son fuente de miedo, angustia y muerte. El país se enfrenta a actos de seguridad y secuestros que traumatizan a toda la población. Nadie está a salvo, ni el rico ni el pobre, ni el fuerte ni el débil. El asesinato del presidente Jovenel Moïse, en su residencia privada, el 7 de julio de 2021, da cuenta de ello.

También es necesario subrayar el fenómeno de la “gangterización” que impone su ley en algunas ciudades del país, como en Puerto Príncipe. Esto da lugar a una fuga masiva de cerebros; a un aumento de los precios de los productos de primera necesidad; a una elevada tasa de desempleo; a una inestabilidad política crónica que ha provocado el mal funcionamiento de varias instituciones estatales, entre ellas el Parlamento y el Poder Judicial; a una agitación social esporádica, y a un aumento de la corrupción.

Estas otras formas de pandemia han conducido a la impunidad y la injusticia en casi todas las esferas de la sociedad. A pesar de todo, el pueblo no se rinde. Siguen trabajando, soñando y creyendo en un mañana mejor. Ante la magnitud de esta catástrofe, la Conferencia de Obispos de Haití no ha permanecido indiferente; ha recordado en repetidas ocasiones a las autoridades estatales la urgencia de asumir sus responsabilidades para garantizar la seguridad de vidas y bienes.

La Conferencia de Obispos de Haití no ha dejado de despertar la conciencia colectiva y patriótica de los haitianos para que se comprometan a encontrar una solución nacional a la crisis. También sigue mostrando su cercanía como madre y compañera de los más vulnerables en los ámbitos de la caridad, la educación, la salud y la justicia. Aunque todavía tardaremos en ver los frutos, muchos grupos políticos y de la sociedad civil están tratando de encontrar un consenso muy amplio.

Oración, penitencia, perdón y compartir

Seguimos esperando contra viento y marea que la luz de la justicia y la verdad acabe triunfando sobre la oscuridad de la violencia y la impunidad, al igual que la luz de la armonía triunfará sobre el odio. Este es el determinante constitutivo de cualquier condición real que pueda dotar al país de elecciones creíbles y líderes legítimos.

Para lograr tal condición, se requiere la fraternidad universal y la oración de todos. El país no debe quedarse solo en sus “condiciones límite”. Debe ser acompañado en su búsqueda de una solución duradera. ¡Que las cuatro palabras clave de la Cuaresma, a saber: oración, penitencia, perdón y compartir, nos abran más a los gritos de Cristo y del hombre por un mundo más humano y fraterno! 

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