Recuperar a Rusia

¿Va por buen camino la guerra de Ucrania?

J.I. González Faus

Rusia no es Putin. Como Alemania no era Hitler y como Israel no es el Likud. Putin es solo algo así como el Likud ruso. Como Netanyahu viene a ser el Putin de Israel: la perversión de una realidad tan grande como el judaísmo

si Putin no es Rusia sino la perversión de lo ruso, es importante para Europa una recuperación de lo ruso, que forma parte de nuestra identidad europea mucho más que Wall Street

Por José Ignacio González Faus

Francisco no se cansa de repetir que la guerra de Ucrania no tiene más salida que sentarsey más fuerte que Ucrania y Occidente se cansará de ir ayudando), lo cual sería desastroso para la misma Ucrania. O bien: una internacionalización de la guerra, lo cual será aún más catastrófico. Y que, además de todos los desastres de rigor, contribuiría a una falsa identificación entre Rusia y Putin.

Y Rusia no es Putin. Como Alemania no era Hitler y como Israel no es el Likud. Putin es solo algo así como el Likud ruso. Como Netanyahu viene a ser el Putin de Israel: la perversión de una realidad tan grande como el judaísmo, al que tanto debe la humanidad, y que en estos momentos está aprovechando el horrible holocausto que sufrió, como título colorado para producir su pequeño holocausto palestino. Y en esto tiene toda la razón Mahmud Abbas, aunque no nos guste reconocerlo, por la mala conciencia latente en Europa por su pasado antisemita.

Se puede objetar a eso que Putin tiene apoyo de la mayoría del pueblo ruso.  Pero este es un dato típico de todas las dictaduras: Hitler tuvo apoyo de la mayoría del pueblo alemán, como lo tiene el Likud del pueblo de Israel y como lo tuvo Franco de la mayoría de los españoles (aunque, en cuanto llegó la transición, resultó que todos eran “demócratas de toda la vida”). ¡Quien lo hubiera dicho antes! Pero ese es un rasgo de la psicología de los pueblos que viene a constituir la “ley de la gravedad” política.

Y volviendo adonde íbamos: si Putin no es Rusia sino la perversión de lo ruso, es importante para Europa una recuperación de lo ruso, que forma parte de nuestra identidad europea, mucho más que Wall Street. Nuestros son, entre otros, Tolstoi y Dostoievski, Boris Pasternak, Rachmaninov y Chaikovski, Alekhine, Navalny (que viene a ser el J. Assange norteamericano), Maria Skobtsov y Svetlana Aleksiévich (al menos por la lengua), Mendelejev y Andréi Sajarov, el autor de esa frase fundamental que no me canso de repetir y que pone en evidencia a Putin: “la intolerancia es la angustia de no tener razón”. Por eso nada hay más intolerante que el talibanismo (que es la perversión de lo religioso) y que El Capital (que es la perversión de lo humano): porque ambos temen o adivinan, allá en el fondo, que no tienen razón.

Rusos son todos esos y otros más. Por eso, lamento decirlo pero yo me siento mucho más ruso que norteamericano. Por eso me duele tanto la actitud ciega del patriarca Kirill que ha confundido la defensa de Rusia con la defensa de lo peor de lo ruso, mostrando una vez más lo ciegos que pueden llegar a ser los nacionalismos absolutizados.

Ya es un poco tarde pero, al menos, miremos de actuar antes de que sea demasiado tarde

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