La cuestión ecológica

Ferran Lluch: «Los curas tienen que aprender de los laicos a no ser meros espectadores ante la emergencia climática»

Ferran Lluch, sacerdote y biólogo Manos

«Los que formamos la Iglesia debemos creer realmente que la cuestión ecológica es una cuestión de fe, que esto no es una de las ‘ocurrencias del Papa Francisco’, porque ya lo decía por activa y por pasiva San Juan Pablo II»

«En cuanto a concienciación, está claro que nos falta muchísimo, y no creo equivocarme  si digo que, entre los laicos, independientemente de su rango de formación, se da en  mayor medida que entre el clero»

«La Iglesia, siendo coherente con el Evangelio, ha sido pionera en tantos aspectos sociales… no deberíamos ir a la zaga en la cuestión ecológica»

«Las medidas de ahorro energético, en general, nunca serán populares ni siquiera a nivel individual, porque nuestra cultura tiende al hedonismo»

Por José Lorenzo

Pionero en la pastoral del medioambiente en la Iglesia española, el sacerdote y biólogo Ferran Lluch dirige el Secretariado de Ecología Humana del Arzobispado de Valencia. La primera vez que contacté con él no había prácticamente rastro en la pastoral de la Iglesia española (y poco en la universal) de un mínimo interés por la cuestión ecológica, a pesar de tener al patrón de los ecologistas, San Francisco de Asís, en «nómina». 

Hoy, con una encíclica programática como Laudato si‘ que muchos dentro de la Iglesia siguen mirando por encima del lomo, este profundo creyente en la comunión con la Creación, repasa en esta entrevista los pasos dados en la concienciación ecológica en la Iglesia en Espaa así como las medidas para el ahorro energético puestas en marcha la pasada semana por el Gobierno central. 

La de Valencia fue en su día una diocesis pionera en la pastoral del medioambiente.  ¿Qué actividades ha llevado a cabo hasta ahora? 

La Comisión surgió hace más de una década, cuando el tema producía ciertas sonrisas y  se miraba apenas con seriedad. Se ha viajado mucho (pero no bastante) por toda la  Diócesis sensibilizando y formando en muchas parroquias (pero no suficiente). Se han  elaborado materiales para educar y celebrar en nuestras escuelas, asumiendo aquello  del evangelio: lo nuestro es sembrar, recoger… es otra cosa. Se han enviado durante años  subsidios litúrgicos a las parroquias para que, con ocasión de la Feria de las Témporas,  tuviese un cariz de responsabilidad y agradecimiento por la Creación; con la institución  en la Iglesia Católica del Tiempo de la Creación, se ha cambiado el “chip” y se trabaja en  materiales para este Tiempo. Empiezan a surgir algunos Círculos Laudato si’, Quizá el  desafío ahora sea caminar juntos y no perder el norte.  

Cambio climático

¿Se ha notado en estos años entre los fieles esa sensibilización? ¿Hasta qué punto ha  influido Laudato si’?  

Sinceramente, creo que entre nuestros fieles (hablo en general) esta sensibilización está  siendo más una consecuencia de los medios de comunicación, o de la formación en  escuelas, entre niños y jóvenes, que algo consecuente de la encíclica.  

Ahora bien, en aquellas personas que ya tenían una especial sensibilidad ecológica, han  encontrado en la Pastoral ecológica en general, y en Laudato si’ especialmente, el nexo  de unión entre su fe y la responsabilidad con la Casa Común, con la Creación, nexo que  parecía faltarles, a pesar de que el magisterio de la Iglesia ya hacía años que caminaba  en este sentido. Esta conciencia sí está desencadenando movimientos, círculos, de  reflexión, oración y acción, algo que, aunque incipiente, es muy positivo  

En líneas generales, ¿está la Iglesia en España concienciada sobre el cuidado de la  Creación y su deber de tomar medidas ante el cambio climático?

En cuanto a concienciación, está claro que nos falta muchísimo, y no creo equivocarme  si digo que, entre los laicos, independientemente de su rango de formación, se da en  mayor medida que entre el clero. La sinodalidad, ese reunirnos y caminar juntos,  escuchándonos unos a otros, debería contribuir a que, los que somos clero, aprendamos de los laicos, que ven con más facilidad muchas cosas que a nosotros nos cuesta ver,  como que en la Iglesia no podamos ser meros espectadores de una Casa Común  maltratada ni de una emergencia climática que mata.  

Refugiados Climáticos

Las diócesis alemanas han empezado a elaborar pautas de actuación para ahorrar  energía. ¿Acabaremos también en España apagando la iluminación nocturna de las catedrales? ¿Qué le parece esa medida, adoptada ya en varias catedrales alemanas?  ¿Tendría que proponerlo quizás la propia CEE antes de que se lo acabe reclamando la Administración? 

Algunas medidas “vistosas” son necesarias para llamar la atención y contribuir a la  sensibilización. Pero para dar un testimonio de nuestra responsabilidad con la creación, y  no quedarnos sólo en medidas “cosméticas”, hay que profundizar. San Juan Pablo II  empleaba la expresión “conversión ecológica” para ir más allá de los hechos puntuales.

El cambio de estilo de vida que implica la conversión apunta a que los cambios en la forma de  hacer las cosas, para salvaguardar la Creación, deberían ser por convicción y anteriores a las imposiciones administrativas. La Iglesia, siendo coherente con el Evangelio, ha sido pionera en tantos aspectos sociales… no deberíamos ir a la zaga. Y no es un concurso por ver quién es el primero, pero proteger nuestra Casa Común urge.  

El Gobierno ha aprobado un paquete de medidas de ahorro energético. ¿Qué le  parece a usted? ¿Se queda corto, como dicen algunos, o está exagerando en las  propuestas?

¿Implementar medidas de ahorro es positivo? Cierto, la austeridad también en el ámbito  energético es un valor común, tanto para ecologistas no creyentes como para creyentes no ecologistas, así como para cualquiera a quien su sentido común le indique que los recursos de la Tierra son finitos, aun sin guerras ni crisis energéticas por medio.

¿Quizá “las medidas” deberían ser más ambiciosas? Cierto, porque en el enfoque todavía pesa más la visión economicista y de inmediatez que la visión amplia, holista, del cuidado de la Casa Común que es la Tierra. Podemos discutir sobre los grados óptimos para el aire acondicionado, por ejemplo, pero no focalizar en ello el tema y provocar el estancamiento. Las medidas de ahorro energético, en general, nunca serán populares ni siquiera a nivel individual, porque nuestra cultura tiende al hedonismo. 

¿No habría que sacar el debate sobre el clima, el cambio climático, el cuidado del  planeta, del debate político?

Imposible. El problema no es “lo político”, sino la manera de des-hacer política con una  crispación sistemática y premeditada, electoralista y cortoplacista, y que a veces se pierde  en la discusión de si son galgos o podencos.

El Estado tiene el deber de buscar el Bien Común, y la emergencia climática afecta al bienestar de todos los ciudadanos. Por eso es necesario el debate en forma de diálogo, pero de todas las fuerzas políticas y los distintos sectores de la sociedad: desde la ciencia, desde la filosofía y la ética, el derecho, desde la  economía, la fe… El problema es complejo y global, necesita soluciones dialogadas para que el desarrollo del ser humano sea integral.  

¿Qué más puede hacer la Iglesia en la promoción del cuidado de la tierra y sus  criaturas?  

– Primero, que los que formamos la Iglesia creamos realmente que la cuestión ecológica es una cuestión de fe, y esto no es una de las “ocurrencias del Papa Francisco”, lo decía por activa y por pasiva San Juan Pablo II, y bien que lo subrayó Benedicto XVI. Es una cuestión de fe y ligado directamente con la paz y la pobreza. Todo está conectado.  

– Promocionar aun más los principios de la Doctrina Social de la Iglesia en los que las grandes líneas de actuación, en la cuestión ecológica, están bastante claras. Y no en detrimento de otros temas importantes, pero… el día tiene 24 horas, y hay que hacer espacio a temas no menos importantes porque afectan directa y profundamente a la vida del ser humano.  

– Que promueva el diálogo entre las distintas fuerzas sociales. Es tan necesario que la Iglesia mueva… ya no hilos, sino cuerdas, para que las posiciones polarizadas se allanen… Es la única forma de crear procesos, continuidad. Y sin los procesos, con mentalidades  cortoplacistas, fuera o dentro de la Iglesia, es imposible cuidar la creación.  

– Incorporar a nuestro estilo de vida esa conversión ecológica para huir de acciones que  miran más el aspecto económico que la custodia de la Creación, y no caer en medidas  cosmética de las que hablábamos. 

– Que los cristianos, desde sus posiciones en la sociedad, en la educación, en los medios de  comunicación, en la política… actúen más desde la Doctrina Social de la Iglesia (esa gran desconocida) que desde los colores partidistas.  

Podemos seguir…  

El Tiempo de la Creación

¿Acabaremos viendo más abanicos que aire acondicionado en las parroquias valencianas, como antaño? 

Sobre todo en los dos tercios meridionales de la península, y debido a las condiciones  climáticas de las zonas próximas al mar, la humedad crea un ambiente sofocante en verano, y un frío que en invierno cala hasta los huesos (el otoño y la primavera ya hace unos años que  brillan por su ausencia).

Sería bueno reflexionar, más que sobre abanicos o aires acondicionados, que también, sobre la forma en que se han construido los templos en las últimas épocas. En su inmensa mayoría no están pensados para “convivir con el clima” y menos con este cambio climático. Que en las últimas décadas se hayan construido templos y otros edificios… sin pensar en una eficiencia climática y energética… tiene delito (o pecado). De una manera u otra, esto es también extensible a otras muchas zonas del interior. Lo que está hecho tiene difícil remedio, pero lo que está por hacer…

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