El octavo consistorio del Papa Francisco

Seguir a Jesús «en el camino de su misión», invitación del Papa a los nuevos cardenales

Hoy, ser cardenal es algo que escapa a todo tipo de quiniela, cualquiera puede serlo, incluso un dalit, un intocable en el sistema de castas de la India, un obispo con poco más de mil católicos en su diócesis, que aún dice no haber asimilado lo que representa su nueva misión, o alguien que vive en medio de la selva amazónica, y siente su llamada como un elemento que impulsa la nueva tarea que le ha encargado el Papa

Ser cristiano, también ser cardenal, es asumir la «carrera misionera» presente en el apóstol Pablo, «guiado, siempre impulsado por el Espíritu y la Palabra», un fuego presente en la vida de «tantos misioneros que experimentaron la fatiga y la dulce alegría de evangelizar, y cuya vida misma se convirtió en Evangelio, porque sobre todo fueron testigos»

Poco a poco la universalidad de la Iglesia se está convirtiendo en una realidad explícita en el colegio cardenalicio, cada vez más países tienen un cardenal entre sus ciudadanos. Cardenales que parecen preguntarse por qué Dios, Jesús y el Santo Padre quieren contar con ellos

Por Luis Miguel Modino, corresponsal en Latinoamérica

Seguir a Jesús es la llamada que todo bautizado recibe, una llamada que con el paso de los años se va concretando de diferentes maneras, hasta llegar a asumir cargos, servicios, también en la Iglesia, que a menudo muestran que los caminos de Dios siempre nos sorprenden.

Ser cardenal se ha convertido en algo diferente, una afirmación que este 27 de agosto se ha vuelto a confirmar. Desde hace muchos años, las sedes cardenalicias se habían convertido en una costumbre en la vida de la Iglesia. Hoy, ser cardenal es algo que escapa a todo tipo de quiniela, cualquiera puede serlo, incluso un dalit, un intocable en el sistema de castas de la India, un obispo con poco más de mil católicos en su diócesis, que aún dice no haber asimilado lo que representa su nueva misión, o alguien que vive en medio de la selva amazónica, y siente su llamada como un elemento que impulsa la nueva tarea que le ha encargado el Papa.

Son las sorpresas de un Papa que en sus primeras palabras como Pontífice dijo que había llegado desde el fin del mundo, algo que ha marcado su vida, en su forma de vivir y actuar, dejándose guiar por los sueños que nacen de Dios y se concretan en formas nuevas para una Iglesia llamada a responder a los designios del Espíritu.

Lo importante es asumir que «el Señor nos llama de nuevo a ponernos detrás de él, a seguirle en el camino de su misión«, como recordó el Papa Francisco a los neocardenales. Una misión que es servicio, subrayó el Santo Padre, consecuencia de ser enviado por Jesús, que «quiere comunicarnos su valor apostólico, su celo por la salvación de todo ser humano, sin excluir a nadie». Siguiendo la imagen del fuego, el Papa Francisco afirmó que en Jesús «arde la misericordia del Padre en su corazón».

Ser cristiano, también ser cardenal, es asumir la «carrera misionera» presente en el apóstol Pablo, «guiado, siempre impulsado por el Espíritu y la Palabra», un fuego presente en la vida de «tantos misioneros que experimentaron la fatiga y la dulce alegría de evangelizar, y cuya vida misma se convirtió en Evangelio, porque sobre todo fueron testigos», subrayó el Obispo de Roma.

El Papa Francisco continuó relatando cómo el fuego, que se hace presente en las brasas, acompaña la vida del pueblo de Dios, un Dios que es «mansedumbre, fidelidad, cercanía y ternura». Un fuego de brasas que se hizo presente en la vida de los santos, poniendo como ejemplo a San Carlos de Foucauld, pero también en tantos santos que son presencia de Dios «en el trabajo, en las relaciones interpersonales, en las reuniones de las pequeñas fraternidades», pero también en la vida sacerdotal «entre la gente de la parroquia», en la vida matrimonial, en su vida como ancianos.

El Papa citó el ejemplo de los cardenales Casaroli y Van Thuân, ejemplos de amor en las cosas grandes y pequeñas, afirmando que «este es el corazón de un sacerdote, el corazón de un cardenal». A los nuevos cardenales, el Papa Francisco les pidió que volvieran su mirada a Jesús, pues quiere encender el fuego «de nuevo en los márgenes de nuestras historias cotidianas». Es él quien llama a cada uno por su nombre y pregunta: «¿puedo contar contigo?«.

Poco a poco la universalidad de la Iglesia se está convirtiendo en una realidad explícita en el colegio cardenalicio, cada vez más países tienen un cardenal entre sus ciudadanos. Cardenales que parecen preguntarse por qué Dios, Jesús y el Santo Padre quieren contar con ellos. Las respuestas irán apareciendo poco a poco, en la sencillez presente en quienes no tienen problema en ensuciarse las manos para servir a ese pueblo sencillo que muchos de ellos pastorean, superando dificultades que no impiden sino que animan a ir más allá, siendo firmes en la misión de una Iglesia que sigue llamando por los caminos de Dios, alguien siempre sorprendente.

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