Cuando Dios crea, salva. El primer acto

Cuestiones importantes

La lectura a fondo de este evangelio plantea cuestiones muy importantes para el ser humano, porque la salvación es el “único” problema serio en la vida, ya que somos mortales y pecadores.

Sin embargo las preguntas importantes del momento   actual no son, seguramente, ni la salvación, ni la muerte, ni el pecado (el mal).

La preocupación por la salvación definitiva, por lo que pudiera venir después de la muerte era importante en el tiempo de Jesús y en los cristianos, al menos hasta nuestros días; pero hoy en día, no lo es. Vivimos acelerados, preocupados por muchas cosas y quizá lo que interese sea solamente tratar de vivir bien.

Quizás el problema actual entre nosotros no es que no se crea en una religión, sino que no se cree en ninguna ni en nada. O de otra manera, hay muchas cuestiones importantes que nos resbalan: la ética, el bien y el mal, qué es la libertad, que es la persona, qué sentido tiene la vida, qué nos cabe esperar, etc.

Sin embargo, -y aunque pueda resultar fuerte- tampoco tiene mucha gracia pasar de manos de la comadrona a manos del enterrador sin enterarnos y con unos euros y un móvil, que es lo que tenemos hoy en día.

¿Y qué es la salvación?

No es fácil describir qué pueda ser la salvación.

Quizás podamos acercarnos a lo que sea la salvación desde los problemas que vivimos. Los grandes problemas que hemos de afrontar el ser humano son la ley, el pecado-culpabilidad, la muerte.

Quizás la salvación sea vernos liberados del peso de la ley, de la culpabilidad del pecado y de la muerte.

¿Cómo, cuándo y dónde acontecer esta realidad salvífica? No lo sabemos: permanezcamos en una docta ignorantia, en una sabia confianza en Dios.

Esperanza en la vida (y en la muerte).

El primer acto salvífico de Dios es la creación. Cuando Dios crea, salva. No es que Dios cree y luego veremos a ver qué pasa, y según pase, veré cómo os trato, porque tengo preparado un infierno espléndido.

Dios nos hace para la vida (salvación). Dios quiere que todos los hombres se salven (vivan) y lleguen a vivir en verdad. (1Tim 2,4-5).

La afirmación bíblica es de grueso calado:

o Dios quiere que vivamos (que nos salvemos). Es decir: Dios crea y quiere la vida. Nuestro Dios es un Dios de vivos y no de muertos, (Lc 20,38). El Dios de JesuCristo es de vida y salvación, no de muerte y condenación.

o Dios quiere que vivamos todos. Es decir, la voluntad de Dios no es que unos se salven y otros no, que un pueblo (Israel) se salve y otro, no. Ni tan siquiera pone condiciones morales: los buenos viven, los pecadores, no.

La mesa, el banquete está abierto a todos: salid a los caminos e invitad a todos. Dios nos quiere a todos.

JesuCristo es vida y salvación.

    Ningún ser humano tiene fuerza ni capacidad para salvarse a sí mismo. JesuCristo es la puerta de salvación, la amplia puerta de la misericordia.

    La puerta estrecha es una metáfora popular, no un peaje. En todo caso la puerta es JesuCristo y JesuCristo es misericordia.

    En la reciente biografía (2021) de José M Guibert sobre S Fco Javier recuerda el autor cómo en tiempos de Javier, (s XVI) no se había llegado a que la salvación se acerca al ser humano dentro y fuera de la Iglesia, en el cristianismo y en otras religiones. Tendrán que pasar algunos siglos para que lleguemos a pesar en los “cristianos anónimos” (K Rahner), a pensar que los seres humanos llegamos a la salvación no por nuestros méritos, sino por los de Cristo y para toda la humanidad. Dios puede salvar a todos los seres de modos y maneras que a nosotros se nos escapan.

    Nuestro futuro está en manos de Dios y Dios es más grande y mejor que todo el entramado eclesiástico. Tengamos cuidado no sea que lo que salva el evangelio lo condena la moral.

¿Cómo vivir y cómo morir?

Respecto al “más allá”, vivamos tres breves pero decisivas anotaciones-actitudes:

Todos -todos- vivimos y morimos en la misericordia de Dios, (absténganse eclesiásticos terminales de hacer interpretaciones ultramontanas).

Quedémonos en la esperanza de los salmos místicos y la Sabiduría:

Salmo 16 No abandonará mi vida en el sheol (muerte), no dejarás a tu fiel amigo conocer la fosa (corrupción / muerte).

Salmo 49 Dios rescatará mi vida (me llevará consigo) de las garras del sheol (abismo) y me llevará consigo.

Sabiduría 3,1    Nuestra vida está en manos del Señor

Que nuestra actitud final en este tramo de la vida sea como la de Cristo: en tus manos, Padre, encomiendo mi vida, (Lc 23,46).

Pensemos que todos, absolutamente todos morimos en la misericordia de Dios.

El que escribió el salmo 50, era muy consciente de las situaciones de muerte, de tristeza y abatimiento. Por eso pide al Señor:

Devuélveme la alegría de la salvación y de la vida.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s