Santos Judas Tadeo y Simón el Zelote

(Los apóstoles que soñaron con la liberación violenta de Israel)

Por Ángel Gutiérrez Sanz

Vivimos el momento en que el Imperio Romano en todo su esplendor se ha hecho dueño absoluto del territorio de Palestina, respeta su religión, pero el que domina y administra sus territorios es el Cesar, con el disgusto consiguiente de los zelotes que se resisten a pasar por el aro y tratan de presentarle cara o por lo menos poner las cosas difíciles al emperador.

En tiempos de Jesús existía una marcada conciencia mesiánica en la población judía. Las gentes esperaban la venida del libertador de Israel que rompiera en mil pedazos las cadenas del yugo romano. Entre los apóstoles de Jesús existía también ese sentimiento, incluso en alguno de ellos como en el caso de Simón el Zelote, este sentimiento era muy fuerte y también en Judas Tadeo, ambos fueron los más judaizantes del grupo de «los Doce». Su celo habría de ser una característica que les definía y les distinguían entre los demás. Llevaban la lealtad a su pueblo en su corazón, valientes y orgullosos de que entre su familia hubiera surgido el enviado de Dios, para redimir a su pueblo, precisamente valiente es lo que significa Tadeo

Desconocemos en qué momento, tanto Judas como Simón se le unieron a Jesús, para ser miembros de los 12 apóstoles que habrían de acompañarle en su sagrado ministerio, incorporación que debió ser de forma simultánea, porque sus vidas discurrieron paralelas y según las noticias de que disponemos les vemos siempre de la mano.  La suerte del uno fue la del otro. Es de suponer que todo sucediera de forma natural, pues su trato con Jesús era habitual y entrañable, ya que habían crecido en la misma comarca y pertenecían a la misma familia.  Tadeo descendía igual que Jesús de la estirpe de David.  Cleofás, el padre de Judas era hermano de José el carpintero de Nazaret y María la de Cleofás era prima hermana de la Virgen María, por lo tanto, por partida doble Judas era un familiar allegado a Jesús.  En el caso de Simón denominado el cananeo, se cree que era oriundo de Cana y que también estaba emparentado con el Maestro.  Conviene aclarar que no hay que confundirle, (cosa que a veces sucede) con Simón Pedro, considerado el príncipe de los apóstoles, hijo de Jonás y hermano menor de Andrés.   

Seguramente Simón el Zelote es el menos conocido de todo el grupo de los apóstoles. Con este nombre aparece en Lucas 6 y con el nombre de Simón el Cananeo aparece en Mateo 10 y Marcos 3. De pasada, vuelve a ser citado en el momento de la ascensión de Jesús a los cielos y no hay más menciones. Es lógico suponer que, siendo tan celosos los dos y  cumplidores de sus obligaciones, seguirían al maestro con entrega y fidelidad plena, estando presentes en los acontecimientos señalados que jalonan la vida de Jesús, participando  como todos los demás en aquellos menesteres a ellos encomendados  y haciendo uso de todas las prerrogativas concedidas al grupo apostólico.  Seguramente, a medida que iban pasando los días, sus ansias de ver al maestro convertido en el gran caudillo de Israel se irían disipando, aunque tanto El Cananeo como su valedor Tadeo permanecieron fieles a su integrismo judaizante. Dato más que probable es que ninguno de los dos dieran muestra alguna de indisciplina o rebeldía, sino por el contrario debieron de estar integrados al grupo y ser leales al maestro, pues de otra forma se hubiera dado a conocer, como sucediera en el caso de Pedro el testarudo. Lo que sí aparece reseñado en el evangelio es aquella escena que se produjo en la última cena en la cual Tadeo pregunta al maestro:“¿Por qué, Señor, te has de manifestar a nosotros y no al mundo?” La pregunta tiene toda la intencionalidad de quien arde en deseos de hacer partícipes a los demás de los secretos que el Maestro les iba revelando y es de suponer que su corazón saltaría de gozo al oírle decir: “Os he escogido a vosotros para que vayáis por todo el mundo a predicar el evangelio”. Su celo apostólico le habría de llevar a las más lejanas tierras.  Penetraría en Egipto, llegaría hasta Siria, Mesopotamia, recorrería las riberas del Tigris y Eúfrates, hasta alcanzar los territorios de Persia, para según sus propias palabras: “Reprender a unos, después de convencerlos, salvar a otros, arrancándolos del fuego , tener piedad de todos en el temor, aborreciendo siempre la túnica de la carne que está manchada”.

  Del mismo modo, cuando hacen su aparición los errores y falsas interpretaciones del evangelio, Judas Tadeo saca a relucir su celo y se siente en la necesidad de dar la voz de alarma y prevenir a los seguidores de Cristo que no se dejen seducir; a ellos les escribe esta carta exhortándoles a “luchar valientemente por la fe que ha sido dada a los santos. Porque algunos en el secreto de su corazón son… hombres impíos, que convierten la gracia de nuestro Señor Dios en ocasión de riña y niegan al único soberano regulador, nuestro Señor Jesucristo…  Sea gloria eterna a Nuestro Señor Jesucristo, que es capaz de conservarnos libres de pecados, y sin mancha en el alma y con gran alegría».

De regreso a Persia se reunió con Simón su compañero inseparable y ambos se dedicaron a evangelizar juntos por estas tierras. Quienes habían compartido el mismo sueño en la instauración del reino de Israel y después de haber dedicado sus mejores años en seguir al Maestro y aprender de Él sus divinas enseñanzas, tenían ahora la oportunidad de trabajar juntos por instaurar el reino de Jesucristo donde la paz, la justicia, mansedumbre y el amor  habrían de ser sus ingredientes principales, más aún Dios les iba a conceder la gracia de compartir juntos la corona del martirio. Habiendo llegado a la ciudad de Suamyr se alojaron en casa de Semme, un discípulo suyo, pero al día siguiente se vieron rodeados por un grupo de fanáticos que amenazaron a su dueño con quemar la casa por lo que no tuvieron otra salida que entregarse. Viendo Judas que su fin estaba cerca dijo a Simón «Hermano, es Ntro. Señor Jesucristo que nos llama».  Al poco tiempo la cabeza del valiente apóstol de Cristo rodaba por el suelo a golpe de hacha, mientras que su hermano en Cristo era aserrado vivo. Sería hacia el año 70.

Reflexión desde el contexto actual: 

De estos dos apóstoles nos llega el testimonio de cómo se puede servir a Cristo desde el anonimato, sin hacerse apenas notar. A Judas Tadeo se le venera también como el “Santo de los imposibles”, tal como fue revelado a Sta. Brígida y hay tantas cosas que parecen imposibles en nuestro mundo… pero lo cierto es que Dios todo lo puede, por eso no podemos nunca desesperar, mucho más teniendo como intercesor a uno de sus apóstoles que vivió junto a Él y que, al igual que nosotros, sabe lo difícil que es a veces poder sobrellevar la aventura humana

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