Congreso de Pastoral Urbana

Rogelio Cabrera: “La parroquia es oasis, es hospital y es escuela”

 “El Evangelio es decirle al hermano que Dios le ama tal y como es y tal y como está”

“La ciudad es un espacio adecuado para la proclamación del Evangelio, donde el profeta puede llamar a la conversión”

Federico Altbach: “La Iglesia influye cada vez menos en la historia de las ciudades de Latinoamérica”

Antonio Ernesto Palafox: “Hay que desparroquializar muchos modelos parroquiales actuales. ¿Estamos dispuestos a pagar ese precio?”

 | José Manuel Vidal enviado especial a México

«Dios ama a la ciudad». El arzobispo de Monterrey y presidente del episcopado mexicano, Rogelio Cabrera, intervino en la intorducción a los trabajos del segundo día del Congreso internacional sobre la pastoral urbana, organizado por la archidiócesis de México, con una conferencia muy optimisma, en la que recalcó que «la ciudad sigue siendo un espacio adecuado para la proclamación del Evangelio», donde sus parroquias son «oasis, hospitales y escuelas», para «decirle al hermano que Dios le ama tal y como es y tal y como está”. En cambio, en ponencia sucesivas, el teólogo Altbach sostenía que» “la Iglesia influye cada vez menos en la historia de las ciudades de Latinoamérica” y el pastoralista Palafox invitaba a «pagar el precio de desparroquializar nuchos modelos parroquiales».

En su exposición telemática, el arzobispo de Monterrey comenzó haciendo memoria “del caminar de la Iglesia y de la transformación cultural de nuestros pueblos”. En todos los ámbitos, no en vano monseñor Cabrera explicó que había sido “obispo en una diócesis casi cien por cien rural y, ahora, en esta gran ciudad de Monterrey”.

Apoyado en esa experiencia vital, el prelado invitó a no caer en el pesimismo, porque “la ciudad también es objeto del amor y de la compasión divinas”. Y lo glosó con el testimonio de Jonás, “el profeta de la gran ciudad, que lleva adelante la tarea que le encomienda el Señor, a pesar de sentirse incómodo a la hora de predicar en Nínive, la ciudad enemiga. Y, por eso, duda que haya respuesta del pueblo y se convierta. Pero, al final, Nínive se convierte”.

Para hacer frente a las flaquezas y desánimos pastorales, como los de Jonás en Nínive, monseñor Cabrera invitó a “sentir la alegría de servir” y ser conscientes de que “compartimos la compasión divina y su amor por la gran ciudad. Porque partimos siempre del hecho de que Dios ama a su pueblo y tiene compasión de él”.

 Y, por eso, concluyó en positivo esta primera parte de su intervención: “La ciudad es un espacio adecuado para la proclamación del Evangelio, donde el profeta puede llamar a la conversión”.

A su juicio, en medio de la ciudad, “la parroquia tiene que ser un lugar para encontrarse con el Señor, porque la parroquia es oasis, es hospital y es escuela”.

Congreso-parroquia

Y el presidente de los obispos mexicanos explicó esos tres términos: “Es un oasis, para beber el alimento de la Palabra y compartir la alegría del Evangelio. Pero también es un hospital, un lugar de terapia y de salud, donde encuentran consuelo los heridos. Y, asimismo, es escuela o lugar de aprendizaje, donde todos somos discípulos de Jesús”.

O dicho de otra forma: “Una comunidad en éxodo o en salida, que no queda apresada en su propio espacio, que sabe que tiene que ir a las fronteras; es también una comunidad sinodal, espacio de diálogo y escucha mutua; y una comunidad samaritana, porque encontramos en ella muchas heridas, un hospital de campaña, como dice el Papa”.

El arzobispo de Monterrey quiso terminar su intervención con una tríada de propuestas respecto a la ciudad y a la parroquia urbana: “Jesús camina en la ciudad; Jesús ama a la ciudad, y Jesús llama a la conversión a la ciudad”.

A su juicio, Jesús camina en la ciudad, porque la parroquia y la Iglesia camina en las calles de la ciudad. “La parroquia es la comunidad que camina de un pueblo peregrino que quiere llegar a Dios. No caminamos solos, sino acompañados por Jesús. Caminamos con Él y lo encontramos también en todo ser humano”.

Virgen de Guadalupe

Porque, además, “Jesús ama la ciudad y en ella experimenta el desprecio, la soledad y el descarte. Que alguien te ame es un gran regalo. El Evangelio es decirle al hermano que Dios le ama tal y como es y tal y como está. La gente necesita ser amada de modo personal. Hay que evangelizar sin miedo, sin demora y sin asco, sin despreciar ni mirar a los demás con desprecio. La parroquia es una comunidad abierta: no hay patio de gentiles y de hijos, sino un mismo patio donde todos somos hermanos”.

Y el último elemento de la tríada de monseñor Cabrera es que “Jesús llama a la conversión a la ciudad, porque no todo lo de la ciudad es bueno. Llamar a la conversión no es proclamar un moralismo, sino ayudar a entender que convertirse es aprender a amar. Convertirse no sólo es dejar de hacer el mal y hacer el bien, sino amar”.

Para el prelado, “las ciudades están hoy llenas de violencia, de agresión y de pobreza, acentuadas por la pandemia. Estamos llamados a la conversión pastoral, la de los pastores, pero también a la conversión del pueblo”.

De cara a esta conversión, el arzobispo señaló que “los mexicanos tenemos una dicha muy grande: estamos acompañados por la Virgen de Guadalupe, que nos enseñó que la dulzura es más importante que la amargura, que nuestra palabra debe dejar de ser un reproche y ser una palabra de ánimo. El moralismo es siempre despreciable, porque es no entender qué pasa en el corazón de la persona y olvidar el objetivo mismo de la vida: amar”.

Y monseñor Cabrera concluyó con esta vibrante proclama: “El Señor va a tener compasión de nuestras grandes ciudades, porque en ellas viven tantas personas que Cristo ama. Llevémosles el amor de Dios tanto a los pobres como a los habitantes de los grandes condominios. Jesús quiere que toda la ciudad se convierta”.

A continuación intervino el padre Federico Altbach, teólogo y ex rector de la Universidad Lumen Gentium, con una conferencia sobre “la fragmentación de las grandes ciudades, de sus habitantes y de las parroquias”.

A su juicio, en la época de la fragmentación, “la fuerza de la parroquia ha decaído abruptamente y hay riesgo de que la parroquia se esclerotice”. Por eso y “dado que la Iglesia no es una institución rígida, debe transformarse continuamente, al estilo de la Iglesia accidentada y manchada del Papa Francisco”.

Para el teólogo, en medio de una pastoral urbana fragmentada, hay que buscar “momentos de evangelización puntuales, dispersos y ocasionales. Lo importante es que la celebración ocasional sea un evento y marque la memoria y la vida de una persona. Porque muchas personas solo están dispuestas a participar en ofertas puntuales, fragmentadas y discontinuas”.

El ponente invitó, asimismo, a promover “la pastoral del encuentro, no para hacer proselitismo, sino encuentros a la luz de la fe” y cuidar, asimismo, la “microhistoria”, dado que “la Iglesia influye cada vez menos en la historia de las ciudades de Latinoamérica”.

La tercera ponencia, titulada ‘Sobre el significado y la pertinencia de la parroquia en la urbe (¿desparroquializar?)’ corrió a cargo del teólogo pastoralista y profesor de la Pontificia de México, Antonio Ernesto Palafox, que comenzó señalando el contexto actual de “crisis o ‘policrisis’ y de cambios acelerados y globalizados”. Con todo, “la crisis encierra riesgos, pero también oportunidades. Las crisis forman parte de la existencia humana”.

Y el pastoralista abordó el análisis de la cuádruple crisis de la parroquia: “Crisis de identidad, de representatividad, de significatividad y de credibilidad en el ámbito público”.

En efecto, la parroquia está sufriendo una “crisis de identidad como centro de administración de sacramento y centrada en el párroco.Para muchos, la parroquia no representa ya el cristianismo”.

Por otra parte, la parroquia está sufriendo, según el teólogo, “crisis institucional de representatividad. ¿Los cristianos se sienten representados por la parroquia? A muchos laicos los representa más su movimiento que la parroquia”.

En cuanto a la “crisis cultural de significatividad”, se refiere a la crisis en la que está inmersa la parroquia, porque ya no es más el principal regulador de la vida local”.

Y, por último, “la crisis social de credibilidad”, porque “la credibilidad de la Iglesia se juega desde la calidad de la parroquia, y a la inversa”. De hecho, según las encuestas, la parroquia ocupa en México “el tercer lugar de credibilidad, después de la Marina y del Ejército”.

Por último, el profesor Palafox, abordó “las condiciones de posibilidad para la pertinencia de la parroquia. Primera condición: “encaminarse a una mayor comprensión teológica del territorio”. Segunda condición: “considerar la parroquia un espacio activo que visibiliza el cristianismo en un lugar determinado”.

La tercera condición sería “desmarcarse radicalmente de la llamada civilización parroquial, anclada en la imagen de cristiandad, que está centrada en el clericalismo y en el sistema clerical. Por eso, los sociólogos hablan del finde la civilización parroquial. Pero, desde la parroquia se puede ensayar otra forma de ser Iglesia”.

Cuarta condición es “renunciar a la pretensión pastoral de todo fundarlo y todo abarcarlo. No a la ‘parroquia ‘omnívora’. Relativizar la parroquia. Más modestia pastoral ante los actuales desafíos urbanos”

Quinta condición: “movilizar la parroquia desde la práctica sinodal”. Y Sexta condición: “Ensayar desde lo pequeño un nuevo estilo de socialización cristiana”

Y el padre Palafox concluyó, apoyándose en el teólogo Juan Luis Segundo, “que plantea la necesidad de una pastoral evolutiva: Nada se construye sin pagar el precio de una destrucción equivalente. Es decir, habrá que desparroquializar muchos modelos parroquiales actuales. ¿Pero estamos dispuestos a pagar ese precio?

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