Pastoral urbana

Nuevos Sujetos de la Pastoral Parroquial Urbana

gente Ciudad de México

por José Francisco Gómez Hinojosa 

  

Participé, el pasado miércoles, en el Congreso Internacional de Pastoral Urbana, organizado por la Arquidiócesis de México. Compartí el panel con la doctora Tricia Colleen Bruce (EUA) y la maestra Veronika Eufinger (Alemania). Además de presentar mi propuesta sobre las nuevas estructuras pastorales de la parroquia urbana en el futuro, ofrecí los que, en mi opinión, serán los nuevos sujetos de esas parroquias: niños y jóvenes, mujeres, minorías y laicos.


La pandemia encontró a la Iglesia Católica en una de sus peores crisis, debida a los escándalos por el abuso de menores, a cargo de prominentes jerarcas. Los jóvenes, por su parte, no encuentran en nuestras predicaciones y celebraciones la respuesta a sus inquietudes. Necesitamos hacer de la parroquia urbana del futuro un espacio seguro para los niños, y un lugar en el que los jóvenes no sólo se puedan reunir -cosa que extrañaron mucho durante la pandemia-, sino incrementar su compromiso evangelizador.

Las mujeres son otro protagonista indispensable en las parroquias urbanas del futuro, pero no sólo para coordinar las fiestas patronales, o para encargarse de las tareas más pesadas en la catequesis, la pastoral social y la liturgia, como lo han hecho hasta ahora. Si ya nuestras parroquias urbanas cuentan con las mujeres en términos cuantitativos, ahora necesitarán de ellas de manera cualitativa, aportando su experiencia de Dios, su sensibilidad, su fortaleza, su teología, de las que podemos aprender mucho.

Un tercer sujeto emergente en las parroquias urbanas postpandemia lo constituirán las minorías que hemos excluido. Y van desde los migrantes, a quienes unas cuantas comunidades los reciben, dando la impresión de que tal acogida es un carisma particular del párroco y no una obligación de quien quiere ser discípulo de Jesús, hasta divorciados vueltos a casar y personas homosexuales, a quienes se les niega el acceso a los sacramentos para no “abaratar” los mismos. No incluir a estas “minorías” significa privarnos de la riqueza que pueden aportar.

Por último, nuestras parroquias urbanas tendrán que ser cada vez más laicas. Y es que detrás, por ejemplo, de los escándalos provocados por la pederastia en la Iglesia Católica, no estaba ni el celibato obligatorio ni la homosexualidad de algunos jerarcas, sino el clericalismo. Esta lacra eclesiástica ha hecho que los párrocos, por ejemplo, se sientan dueños de “su” parroquia, en lo administrativo y en lo pastoral, y que tanto los vicarios como los laicos sean ayudantes de segundo nivel, quedando a su discrecionalidad las tareas que se les pueden asignar.

Si seguimos haciendo lo mismo en nuestras parroquias urbanas, obtendremos los mismos resultados de siempre. Necesitamos incorporar a estos sujetos para que las comunidades cristianas sean verdaderos espacios del seguimiento de Jesús.

Pro-vocación

No existe en español palabra más bella, fonética y significativamente, que “gracias”. El evangelio de este domingo nos invita a repetirla hasta la saciedad. Que nunca nos cansemos de agradecer a Dios sus bendiciones, pero también a quienes tantos favores y servicios nos prodigan.

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