La Inmaculada, mujer mujer

Una reserva natural protegida

Por Alejandro Fernández Barrajón

La Inmaculada Concepción es el título por el cual reconocemos que la Virgen María, por Gracia especial de Dios, fue exenta del pecado original. A veces confundimos esta cualidad de María con su virginidad, pero son dos realidades distintas en María.

 Hablar de María, como mujer inmaculada, es acercarnos a su transparencia y a su limpieza interior. Dios sabía muy bien cómo sería aquella mujer, cómo iba a ser, cómo se podría contar con ella. Y por eso la preserva de todo mal para que su hijo nazca en una morada llena de gracia. No es sólo un privilegio; es también un reconocimiento previo por parte de Dios a la que sería la opción libre y meditada de María: ser una mujer de Dios. Una vez más Dios se anticipa  a nuestros cálculos.

  Las autoridades reservan muchas veces un espacio de tierra, como reserva natural protegida, para mantenerlo libre de la especulación y de la contaminación humana. Así tenemos parques naturales y zonas vírgenes que podemos disfrutar. María ha sido una mujer que se ha reservado por entero. Ella es un espacio natural y protegido para Dios. Esa tierra virgen, interior, de María es su limpieza inmaculada. Por eso la llamamos Inmaculada y la Iglesia así lo ha proclamado solemnemente.

 El dogma de la Inmaculada no está expresamente recogido en la Sagrada Escritura.

Ha sido una conquista lenta y larga del pueblo de Dios. Podíamos decir que María ha llegado a ser declarada como Inmaculada por aclamación popular.

En el año 431 en el concilio de Éfeso ya se produce la primera manifestación con antorchas en favor de la Madre de Dios.

Los primeros padres no lo tienen claro; algunos afirman que sólo Jesús estaba libre de pecado; otros ya van señalando la inmaculada concepción de María.

La primera referencia a la Inmaculada aparece en el siglo V con San Sabas.

En el siglo VII: San Ildefonso de Toledo declara fiesta en España el día 18 de diciembre.

A partir del siglo X se dedican a la Virgen, bajo la advocación de la Antigua, iglesias, capillas y oratorios. San Bernardo y Santo Tomás se muestran contrarios.

Dominicos y mercedarios se enfrentan en la universidad de Salamanca. Aquellos en contra de la condición inmaculada de María; los mercedarios a favor; no en vano la Orden de la Merced lleva el nombre de María desde su fundación en el siglo XIII y es la primera Orden religiosa en la Iglesia con el nombre oficial de la Virgen María. “Nada haya en tu corazón, en tu mente y en tus labios que no profese un tierno amor a la virgen María”, recogen las constituciones mercedarias desde hace muchos siglos.

El franciscano Duns Scotto llega a decir: Dios pudo hacerlo, lo quiso, por tanto lo hizo.

Carlos III la declara patrona de España y de todas sus posesiones y, definitivamente, Pío IX definió solemnemente el dogma de la Inmaculada el día 8 de diciembre de 1854 en la bula Ineffabilis Deus.

«Declaramos, pronunciamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Santísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fue por singular gracia y privilegio de Dios omnipotente en previsión de los méritos de Cristo Jesús, Salvador del género humano, preservada inmune de toda mancha de culpa original, ha sido revelada por Dios, por tanto, debe ser firme y constantemente creída por todos los fieles.»

Lo verdaderamente importante ahora es cómo nos situamos, nosotros, los creyentes del siglo XXI, ante esta realidad inmaculada de María.

¿Cómo ha de ser nuestra devoción mariana para que sea cada día más auténtica?

Más importante que sus privilegios (que no se niegan) son sus virtudes, sus propias decisiones y elecciones desde la escucha de la Palabra.

Creyente: “Dichosa tú que has creído porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”

 Escucha y medita la Palabra. “María guardaba todo esto y lo meditaba en su interior”

 Discípula fiel de su Hijo. “De pie, junto a la cruz, estaba María, su madre·”

 Presente en la primera comunidad cristiana. “Los apóstoles permanecían en oración con María la Madre de Jesús”

Podemos decir que con María, Dios culmina la obra que ha empezado en nosotros.

Juan Pablo II, en la “Redentoris Mater” nos hace un nuevo retrato de María

-Fuente: El Evangelio.

-Destaca sus actitudes por encima de sus privilegios.

-La centralidad de su figura se apoya en Cristo y en el Espíritu Santo.

-Destaca su pertenencia a la Iglesia. Es figura e imagen de la Iglesia. Como ella nos regala al Salvador, la Iglesia hoy debe ser también mediación de Cristo para el mundo y no siempre lo es.

-Su condición humana y su cercanía al hombre de hoy.

Si tuviéramos que hacer un retrato de María, no podían faltar los siguientes colores:

-Abierta a Dios. Creyente, orante y oferente.

-Abierta a los demás: Isabel, Caná, Comunidad, Magníficat.

-Mujer fuerte y fiel: sencilla y probada. Peregrina de la fe. Su sí a Dios.

 La Sagrada Escritura nos hace un hermoso paralelismo para hablar de las dos mujeres a través de las cuales nos vienen el pecado y la gracia. Eva representa la libertad humana que no sabe escoger bien y opta por el mal. Es la lejanía de Dios, la apuesta por lo caduco, la vergüenza interior que nos sitúa ante Dios llenos de culpabilidad.

María es la nueva Eva, a través de la cual nos viene la gracia y la salvación en su Hijo Jesucristo. María ha sido también una mujer libre, pero lo ha sido para escoger el bien, para ser virgen prudente y fiel, para abandonarse plenamente en los brazos de Dios.

 Y ahí está nuestra libertad queriendo también escoger la mejor parte y dejarse llevar por caminos de transparencia y de luz como María. Pero no acabamos de levantar el vuelo enredados en mil pequeñeces, en torpes racanerías y en una actitud tantas veces interesada y egoísta.

Que esta fiesta pueda ser una oportunidad para cuestionarnos y acercarnos a Ella, para imitarla y amarla un poco más y, sobre todo, para vivir como ella en la fe más auténtica y gratuita.

AVE MARIA (Victor Manuel Arbeloa)

Dios te salve María,

Por la luz de la luz transfigurada.

Dios te llena y te guía Y el fruto

de tu vientre en tu mirada.

Dios te salvó, María.

Te llenó de su fuerza complaciente,

como el fuego del sol llena la aurora,

como el agua  la fuente.

Maduró con su luz y su ternura

El fruto de tu amor y de tu vientre.

Santa María, hija del pueblo,

madre paciente,

fiel, generosa, pobre y rebelde…

Míranos peregrinos, vacilantes,

cultivando este viejo paraíso,

caminando hacia tu cielo lentamente.

No queremos cansarnos de este mundo,

ni buscamos un refugio celeste.

Pero tú no te canses de mostrarnos

la meta, los caminos, ahora y siempre.

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